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Menos poder adquisitivo

Los sueldos tienen más peso en el PIB que los beneficios, pero su parte ha ido menguando en los últimos años

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Un argumento que esgrimen algunos economistas y muchos dirigentes empresariales es el notable peso de los salarios en sus costes y, en segunda derivada, en la inflación, lo que vendría a suponer un lastre para la competitividad. Pero durante los últimos años, y sobre todo con la crisis económica, los incrementos salariales vienen mostrando un comportamiento contenido.

En lo que va de año, los salarios han subido un 1,73%, si tomamos como referencia los convenios colectivos nuevos que se han firmado hasta el mes de octubre (pocos, sin embargo, respecto a lo que suele ser normal, dado el atasco en la negociación entre sindicatos y empresarios, que sólo hace pocas semanas se ha conseguido desbloquear). Si añadimos los convenios con cláusulas de revisión, el alza salarial alcanza el 2,6%. Si lo comparamos con la inflación, las ganancias de los trabajadores, en ambos casos, pierden capacidad de compra: el IPC anual quedó en octubre en el 3%.

El coste salarial medio creció en 2010 un 0,9%, la mitad que la tasa del IPC, que alcanzó un 1,8%

En realidad, el crecimiento de los sueldos, especialmente en lo que se refiere a los convenios nuevos, se está comportando dentro de lo previsto en el acuerdo que firmaron en febrero del año pasado UGT y CCOO con la CEOE para la negociación colectiva durante tres años. Para 2011, el acuerdo estipulaba un incremento salarial de entre el 1% y el 2%, y así está marchando. Lo que no ha ido tan ágil ha sido la firma de nuevos convenios. Hasta octubre, los que se han registrado en el Ministerio de Trabajo afectan a 5,5 millones de trabajadores, prácticamente la mitad de lo que suele ser habitual en un año completo. La negociación de la reforma laboral y de la regulación de la negociación colectiva, y la discusión sobre la prolongación del acuerdo salarial entre sindicatos y empresarios hasta 2014, han hecho que los convenios se retrasen y que unos cinco millones de trabajadores sigan pendientes de que se firme el suyo.

Algunos analistas cuestionan que los datos que ofrecen los convenios sean completamente relevantes para el conjunto de los trabajadores. Los afectados por convenios rondan los 11 millones, frente a los 15 millones que recoge la Encuesta de Población Activa, o los 17 millones afiliados de la Seguridad Social (la mayor diferencia se debe a los trabajadores que, por normas legales o por otras razones, no están afectados, como los funcionarios o los empleados del hogar, por ejemplo). Pero hay otros indicadores que muestran, igualmente, el moderado comportamiento de los salarios.

Los trabajadores han renunciado a más salario a cambio de mantener el empleo La Encuesta Trimestral de Costes Laborales que realiza el Instituto Nacional de Estadística muestra que en el segundo trimestre del año (último dato conocido) el coste salarial total por trabajador para un empresario (que incluye no sólo el neto que el empleado se lleva a su casa, sino también otros conceptos, como las cotizaciones sociales, los pluses o los extras) estaba en los 1.938 euros mensuales. Es una cifra superior en sólo un 0,6% a la registrada en el mismo trimestre de un año antes, frente a una tasa anual de inflación promedio del 3,1% entre abril y junio. En 2010, el coste salarial medio creció un 0,9%, la mitad que la tasa de IPC (1,8% de media anual).

Los datos de convenios y del INE revelan que en esos últimos años de crisis los trabajadores han aceptado contener el crecimiento de sus retribuciones a favor del mantenimiento del empleo. En el largo y medio plazo, los sueldos han evolucionado por encima de la inflación. Según el INE, entre 2000 y 2010 el IPC creció un 36%; en ese periodo, el coste salarial por trabajador subió un 53%.

Los sindicatos rechazan que la presión de los salarios sea uno de los elementos que pese en la inflación y apuntan a la necesidad de contener los márgenes empresariales. Ciertamente, aunque los salarios han mejorado, pese a todo, su capacidad de compra, los beneficios empresariales han evolucionado notablemente hasta robarle a las retribuciones de los trabajadores un apreciable trozo en el pastel de la riqueza nacional.

Los beneficios han robado a las retribuciones un gran trozo de pastel de la riqueza nacional

Los salarios tienen más peso en el PIB que los beneficios. Pero su parte ha ido menguando en los últimos años. En 2000, las retribuciones de los asalariados representaban casi la mitad de la riqueza nacional (concretamente, era el 49,5%), frente al 40,5% del excedente empresarial. Diez años después, la brecha se ha estrechado: el 47,9% para los salarios, frente al 43,4 de los beneficios. Durante los primeros años del siglo, los márgenes empresariales han ido creciendo algo más que las retribuciones de los trabajadores (esto es, la expansión se notaba más en los beneficios que en los sueldos); y luego, con la llegada de la crisis, los salarios han caído más que el excedente empresarial.