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Un Nobel para el legado de Vicente Ferrer

Una plataforma lanza la candidatura del misionero fallecido

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'Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando'. La cita del poeta bengalí Rabindranath Tagore sirve para describir el legado que Vicente Ferrer ha dejado a India, a España y al mundo a través de la fundación que lleva su nombre. Ferrer, que entonces era jesuita, llegó a Bombay en la víspera del Día de los Enamorados de 1952. En 57 años, el misionero construyó uno de los referentes de cooperación internacional más importantes entre Occidente y Oriente.

La Fundación Vicente Ferrer, creada formalmente en 1996, aunque sus cimientos se empezaron a construir tras la llegada del barcelonés a India, cuenta en la actualidad con más de 180.000 colaboradores que suman su granito de arena para que, por ejemplo, 144.000 alumnos reciban educación primaria y secundaria en más de 1.690 escuelas. La fundación administra además tres hospitales generales, 14 clínicas rurales y un centro de planificación familiar. Todo ello, en una de las regiones más áridas y pobres del mundo: el distrito de Anantapur, en el estado indio de Andhra Pradesh, al sureste del país.

La obra de Vicente Ferrer nació en 1952, cuando llegó a Bombay

Estos datos avalan la petición que una plataforma ciudadana independiente formalizará mañana en Oslo (Noruega): la candidatura de la fundación que creó Vicente Ferrer al premio Nobel de la Paz 2010.

La muerte del misionero el verano pasado no ha frenado el trabajo de quienes sostienen el proyecto. Pero sí ha evidenciado la necesidad de reivindicar el valor de un proyecto que continúa funcionando a velocidad de crucero para rescatar de la pobreza a miles de personas necesitadas.

Trabajan casi 1.900 cooperantes para 2,5 millones de necesitados

En la Fundación trabaja un equipo de casi 1.900 personas (el 99% son naturales de la región), localizados en 2.313 pueblos. Su labor beneficia a más de 2,5 millones de personas, en su mayoría pertenecientes a las castas más bajas del país, incluidos los llamados intocables, a quienes la estructura social en la que viven excluye del sistema.

Aunque la Fundación Vicente Ferrer sea una institución consolidada, no ha perdido con los años el espíritu de sus orígenes, en los que Ferrer hizo crecer la región concediendo pequeñas ayudas económicas. Los microcréditos fueron una medida pionera que ya en la década de 1950 ayudó a innumerables campesinos a llevar agua a sus cultivos, en una zona, la de Anantapur, que es la segunda más árida de todo el país. Aun así, allí vive de la agricultura el 80% de la población.

Revolucionar la región supuso que Ferrer ganase enemigos: a finales de la década de 1960 fue expulsado de India y de la Compañía de Jesús, a la que pertenecía cuando llegó a Bombay.

La iniciativa de promover la candidatura a los Nobel surgió al calor de la red social Facebook donde cuenta con casi 63.000 adhesiones, e inmediatamente dio el salto a la calle. El modelo de cooperación de la Fundación Vicente Ferrer ha logrado que se sumen a la petición del Nobel de la Paz personalidades de importante relevancia y de todo signo y filiación política, que destacan que la Fundación es ejemplo de buenas prácticas y de una gestión transparente.

Todos los grupos políticos del Congreso, incluido su presidente, José Bono, respaldan la iniciativa. Los presidentes de 11 autonomías, los alcaldes de las principales ciudades, los rectores de las universidades más reconocidas y personas relevantes como Javier Solana, Felipe González o el ex presidente chileno Ricardo Lagos también apoyan la petición ante el comité Nobel de la Paz.