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Paloma ya tiene flores

La familia de la joven madrileña que desapareció en 2007 pudo, por fin, localizar la tumba anónima en la que ha estado su cadáver más de tres años

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Durante más de tres años la tumba de Paloma ha sido una anónima lápida en el Cementerio Sur de Madrid. Sólo un número, el 19, la diferenciaba de los otros nichos vecinos que, como el suyo, acogen cadáveres de personas sin identificar. Sin embargo, el suyo dejó de serlo poco después de las dos de la tarde. Su familia pudo por fin localizarlo y escribir con un rotulador su nombre y un sencillo epitafio: 'Te queremos'. Unas flores amarillas y blancas sirvieron de colofón a la búsqueda que su familia inició en julio de 2007, cuando Paloma, de 25 años, salió de su casa en Móstoles (Madrid) y nunca más volvieron a saber de ella.

El epílogo de esta historia comenzó a escribirse la pasada semana, cuando agentes del Grupo de Desaparecidos de la Comisaría General de la Policía Judicial, encargados de rastrear el paradero de aquellas personas de las que sus familiares dejan de tener noticias, resolvió un enigma que duraba ya tres años. Paloma Cerdán López, la joven auxiliar de enfermería que había caído en el mundo de la droga y cuya desaparición había sido denunciada por su madre el 5 de julio de 2007 en la comisaría de Móstoles (Madrid), no estaba en paradero desconocido, sino que llevaba en realidad más de tres años en un nicho de un cementerio de Madrid como un cadáver sin identificar.

Lo primero que hizo la familia fue escribir con un rotulador su nombre

Horas después del descubrimiento, una llamada desde el centro policial dio la noticia a su madre, María Sierra López. Se iniciaba así el doloroso tramo final de una búsqueda que había llevado a su familia durante los últimos tres años por los bajos fondos de una ciudad, Madrid, repleta de ellos. Ahora saben que buscaban sólo a un fantasma y que Paloma había muerto por consumo de drogas horas antes incluso de que ellos presentaran la denuncia. 'Preguntábamos a los toxicómanos de todas las barriadas marginales por si la habían visto. Tantas veces fuimos que algunos terminaron siendo amigos nuestros', recordaba un familiar a este diario.

María Sierra acudió la noche en el que le comunicaron que su hija estaba muerta a la misma comisaría donde había presentado la denuncia por desaparición. Quería saber dónde se encontraba su cuerpo. Sin embargo, sólo pudieron decirle que Paloma estaba enterrada en una tumba anónima, pero que para saber exactamente en cuál y recuperar su cadáver tendría que acudir al Juzgado de Instrucción número 7 de la capital, encargado de instruir el sumario por su lejana muerte.

La autopsia reveló que murió por un 'edema' tras consumir cocaína

María Sierra recordaba a Público que al día siguiente, el pasado jueves, acudió a los juzgados de Plaza Castilla, pero allí le dijeron que tendría que esperar 'tres o cuatro días' hasta que pudieran localizar esa información y facilitársela. Como le había dicho tres años antes un policía cuando denunció la desaparición, también la despidieron con un 'ya le avisaremos'. Sin embargo, este martes María Sierra no pudo aguantar más y decidió ir de nuevo al juzgado. La acompañaban su hermana, su otra hija y su compañero sentimental. Nerviosa, subió a la tercera planta del edificio de los juzgados y volvió a preguntar por su hija. 'No podemos darle aún toda la documentación para que pueda recuperar el cadáver , pero al menos le diremos dónde está exactamente', le soltó una funcionaria.

Minutos después, María Sierra salía del juzgado y rompía a llorar en los pasillos del edificio judicial. 'Me han dicho que no murió en la calle, que se encontró con un hombre al que le pidió que le ayudará porque se encontraba muy mal. Él se la llevó a su casa y la metió en la cama, antes de llamar a los servicios de emergencia. Cuando llegaron los médicos, ya estaba muerta', relataba la mujer con la voz entrecortada.

La causa de la muerte edema pulmonar agudo o que todo hubiera sido por culpa de la cocaína era ya lo de menos para ella. 'Al menos sé que alguien intentó ayudarla', repetía una y otra vez, intentando consolarse antes de asegurar que tenía que localizar a aquel hombre que recogió a su hija para darle las gracias 'porque no dejó que muriera en la calle como un perro'.

Su madre quiere dar gracias al hombre que la recogió en la calle antes de morir

Minutos después, María Sierra y su familia cruzaban Madrid a bordo de un taxi. Iban al Cementerio Sur con un escrito judicial en el que se detallaba una fría dirección fúnebre: 'Zona C. Sección 22D. Número 19'. Su única obsesión era estar un rato junto a la tumba de su hija después de tres años de búsqueda. 'Cuando pueda, incineraré su cuerpo y me llevaré sus cenizas a casa', aseguraba mientras recorría aturdida el laberinto de tumbas del enorme camposanto madrileño en busca de la tumba.

Finalmente, localizó el nicho 19 en lo alto de un muro repleto de tumbas sin nombre. Y María Sierra se derrumbó. 'Ya estamos todos juntos. Te hemos estado buscando tanto tiempo', repetía mientras su otra hija, Marta, y otros familiares la abrazaban. La historia de Paloma Cerdán, la joven auxiliar de enfermería que había desaparecido en julio de 2007, ya tenía, por fin, epílogo. Y su tumba, un nombre y flores