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"Es un primor de hombre, lo que dicen de él es mentira"

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Cuando a las puertas de la Parroquia de la Inmaculada de Mengíbar (Jaén) se preguntaba ayer por el sacerdote Luis José Beltrán se hace el silencio y hay recelo en las miradas. Sólo cuando se insiste, algunos feligreses, que esperan para asistir a los oficios, empiezan a reconocer que, efectivamente, su paisano Luis Beltrán suele oficiar la misa en esta parroquia.

Hay quien va más allá, como María, una señora mayor que está esperando para entrar a la parroquia, quien afirma que Beltrán es un sacerdote muy conocido en el pueblo porque él y su familia son del lugar (es hijo de un anterior farmacéutico, ya jubilado).

Ahora ha vuelto a su casa familiar, los vecinos dicen verlo por las calles del municipio desde hace tiempo, 'a menudo da misa y es un primor de hombre', lo defiende María, 'lo que le pasó es que levantaron falsos testimonios. Lo que dicen de él es mentira'. María incluso reconoce que Beltrán les impartió 'unas clases parroquiales, que fueron una maravilla'. Insiste en su inocencia y en que la familia del monaguillo de Alcalá la Real, que le acusó de abuso sexual, quería sacar dinero. Según María, últimamente se ve menos a Luís Beltrán: 'Ahora está estudiando porque se está preparando unos cursos o algo así'.

Menos benevolente con el sacerdote condenado es Manuel, que también está esperando para entrar a la misa de las ocho de la tarde. Reconoce que 'en el pueblo se comentó mucho el asunto y si lo condenaron, se supone que será verdad. Al principio de venir había recelo, ya sabe en los pueblos lo que pasa, pero eso ya pasó y ahora es como otro más'. Manuel asegura que desde hace más de un año Luis José Beltrán oficia misa de vez en cuando, y dice que 'viene mucho con su madre, que está muy vieja y la trae él'.

Si los feligreses no tienen dudas de que es un sacerdote más que oficia misa cuando corresponde, tampoco las tiene en afirmar lo contrario el párroco, José Antonio Sánchez. Llega con la hora justa para atender su oficio; sonriente y amable desmiente lo que aseguran los vecinos: 'Sólo asiste a la misa, pero no la da', y ahí se queda su testimonio. A pesar de la insistencia, el titular de la Iglesia de la Inmaculada se limita a repetir que tiene 'órdenes del obispo de no hablar' del asunto de Luis José Beltrán.

Se excusa alegando que ese tema sólo lo trata el obispo personalmente, se remite al secretario del obispo e informa del número de teléfono del Obispado.

La búsqueda del domicilio familiar es relativamente fácil, la mayoría de los vecinos mayores conocen a Beltrán y saben que vive con su madre y un hermano. El propietario de una ferretería cercana a la casa cree que 'todo fue un montaje'. Conoce al sacerdote y ha asistido a alguna misa, y lo considera 'un buen hombre y no creo lo que dicen que hizo'. Incluso lo considera el chivo expiatorio de una campaña contra los curas. 'Si a mí me acusan de pederasta, no dicen mi oficio, no dicen: Es un ferretero pederasta', sin embargo, en estos casos se insiste en decir queson sacerdotes'.

La casa familiar de Luis Beltrán es un edificio de dos plantas que delata que por él han pasado los años sin reforma alguna. La puerta muestra signos de estar cerrada desde hace tiempo. Las insistentes llamadas al timbre no sirven de nada. Allí no parece habitar nadie. La persona que atiende la droguería de enfrente lo confirma: 'Me parece que Luis y su madre se han ido a vivir a otro edificio nuevo'. Ayer, al menos, a Beltrán no se le vió ni por su domicilio ni por la parroquia de La Inmaculada.