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"La sentencia ha dado una lección a los racistas"

Miwa celebra la condena de diez años de prisión a su agresor

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Miwa y Mirella desayunaban ayer con los ojos empañados por lágrimas antagónicas de alegría e impotencia. Las primeras llegaron tras conocer la condena de diez años de prisión que la Audiencia Provincial de Madrid falló contra Roberto Alonso de la Varga, el racista que dejó tetrapléjico a Miwa, congoleño de 45 años y 1,95 metros de altura. El ataque ocurrió en febrero de 2007 en Alcalá de Henares. Además, el juez condenó al agresor a indemnizar a la víctima con 1,5 millones de euros, pero el condenado se declaró insolvente y se prevé que no pague la multa íntegra.

Las segundas lágrimas, las de la impotencia, se debían a las dificultades que atraviesa el matrimonio, tres años y medio después del ataque, para mantener a la familia. Tienen dos hijos, de 13 y 15 años.

'No tengo ánimos ni fuerzas para trabajar, llevar a la familia y hacer todas las tareas', lamentaba ayer Mirella que tuvo que someterse recientemente a una operación complicada en la Fundación de Lesionados Medulares. Miwa vive en este centro desde 2007. Desde la cafetería de la residencia, aún se aprecian los restos de las pintadas xenófobas que aparecieron en los edificios anexos tras el ingreso del congoleño.

Miwa, sonriente, sacaba ayer pecho del hito alcanzado: 'Esta sentencia ha dado una lección a los racistas. Debe ser una lección para que no se repita lo que me hicieron'. El presidente de Movimiento Contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, tildó el fallo judicial de 'pedagógico' y destacó la jurisprudencia que sienta.

La sentencia contempla el delito de lesiones con el agravante de racismo y alevosía. Es una de las pocas ocasiones en las que un juez ha colgado el cartel de 'racista' a un agresor. Desde 1995, este agravante apenas se ha aplicado a 'una decena de delitos', criticó Ibarra. El dictamen indica que Alonso de la Varga arremetió contra Miwa únicamente porque era 'una persona de raza negra africana y emigrante'. Sin embargo, el condenado no reconoció ante el juez esta motivación.

'No tengo odio a mi agresor ni tampoco lo tienen mi familia y mis hermanos'

'No tengo odio a mi agresor ni tampoco lo tienen mi familia y mis hermanos. Él seguirá su vida en la cárcel y yo en una silla de ruedas', reflexionó Miwa.

Superado el trámite judicial, 'ahora toca ir a por la salud', avanzó la víctima, con la mente puesta en un tratamiento hormonal experimental que podría reparar su médula dañada. Miwa confía en recuperar parte de su autonomía y movilidad. Además, empezará en los próximos meses a impartir conferencias de sensibilización contra la intolerancia y ya prepara un libro sobre la experiencia de estos tres años.

En este sentido, Ibarra destacó el cambio que han experimentado Miwa y su mujer. Los primeros meses que pasaron en el Hospital de Parapléjicos de Toledo repetían una y otra vez que querían morir. Ahora, luchan por 'un proyecto de futuro'.