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Tráfico El ‘nietísimo’ de Franco vuelve al banquillo de los acusados

Francis Franco Martínez-Bordiú se enfrenta desde este lunes en Teruel a peticiones de condena de hasta seis años de cárcel por conducción temeraria, atentado a la Guardia Civil y daños

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Francis Franco se enfrenta a peticiones de condena de hasta seis años de prisión en el juicio que comienza este lunes en Teruel. EFE

El Juzgado de lo Penal de Teruel acogerá este lunes una imagen histórica: Francis Franco Martínez-Bordiú, el ‘nietísimo’ del dictador y actual número dos de la familia por detrás de su hermana Carmen, se sentará en el banquillo de los acusados, acompañado por Silviu Nicolae E., para afrontar peticiones de condena de hasta seis años de prisión, 26.500 euros de multa y un sexenio sin carnet de conducir como presunto autor del ataque que sufrió el 30 de abril de 2012 una patrulla de la Guardia Civil.

El Patrol de los agentes fue embestido en una pista de Collados por un todoterreno Toyota Hilux propiedad (en rénting) de una empresa de la familia Franco cuyos dos ocupantes, tras una temeraria fuga de decenas de kilómetros por carreteras y caminos antes y después del ataque, abandonaron en la pequeña población de Bea.

No es la primera vez que Francis Franco se sienta en el banquillo. Será, al menos, la tercera. El juez de Tortosa le condenó en 1978 a mes y medio de arresto mayor, más dos años de retirada de la licencia de armas, por caza furtiva : huyó a pie y campo a través de los guardas de la reserva de Beceite, que habían llegado a disparar, para interceptarlo, a las ruedas del coche en el que el ‘nietísimo’ estaba batiendo el monte con otras dos personas. Tres décadas más tarde, en 2010, un juzgado de Zaragoza le absolvía de las injurias que le imputaban varios empleados del AVE con los que tuvo un incidente en la estación de la capital aragonesa.

La vista oral, pendiente de un interrogatorio

Ahora, acusado de daños, conducción temeraria y atentado a la autoridad, y con una fianza de responsabilidad civil de 4.200 euros para cubrir posibles responsabilidades económicas (1.500 euros por las lesiones de uno de los guardias y 2.720 por los destrozos en el coche), defiende su inocencia, asegura que esa madrugada estaba en Madrid y mantiene que todo responde a un montaje basado en unos “hechos creados ad-hoc” por los investigadores de la Guardia Civil, cuerpo al que achaca actuar “como parte implicada y acusadora”.

Sin embargo, tanto el juez de Calamocha como la Audiencia de Teruel consideran que hay caso, motivo por el que el primero decretó la apertura del juicio oral y la segunda ratificó esa decisión.

La celebración de la vista, señalada del lunes al miércoles, está pendiente, no obstante, de la confirmación de un interrogatorio por videoconferencia a un testigo localizado en Rumanía que ha solicitado una de las acusaciones.

Un juicio con siete pruebas clave

El auto por el que el juez cerró la investigación señala a Francis Franco y a Silviu Nicolae R., empleado de una empresa de la familia en esas fechas, como el conductor y el copiloto (“resultarían ser”, dice) del Toyota Hílux que acabó embistiendo al Patrol tras haberse dado a la fuga “a gran velocidad” y causando “peligro” para otros conductores después de haber sido sorprendido cuando circulaba de madrugada y sin luces por la N-234.

El acometimiento, que desplazó varios metros el coche de los agentes, que tuvieron que saltar para evitar daños mayores, y que precedió a una nueva fuga a “gran velocidad”, se produjo mientras uno de los guardias, parapetado tras la puerta del copiloto, apuntaba con su pistola reglamentaria al Toyota y conminaba a sus ocupantes a entregarse. Poco antes, el copiloto les había mostrado por la ventanilla la funda de un arma larga, tipo rifle o escopeta, en ademán amenazante.
Un dispositivo de la Guardia Civil halló a media mañana de ese día el todoterreno abandonado en Bea, a once kilómetros de la zona en la que tuvo lugar el atentado, con las puertas cerradas y sin llaves.

El dictador Francisco Franco, rodeado de sus nietos en un encuentro familiar.

El juicio tiene seis claves a las que acaba de sumarse el interrogatorio del testigo rumano, un exempleado de los Franco que conducía de manera habitual el todoterreno pero que esa madrugada, según el propio Silviu Nicolae, no lo hizo.

“Numerosos indicios” y algunas contradicciones

Esas seis pruebas incriminatorias clave, tal y como el juez especificó “a los efectos de despejar cualquier duda” al confirmar el cierre de la instrucción, son el reconocimiento de Francis Franco por uno de los guardias civiles como el conductor del Toyota, el hecho de que un testigo reconociera que la mañana del 30 de abril de 2012 recogió a los dos acusados en el lugar en el que fue abandonado el Toyota, un informe que sitúa un móvil que habitualmente utilizaba el ‘nietísimo’ en la ruta de regreso que describe ese testigo, otro que sitúa en 29 repetidores distintos un teléfono que el acusado aseguró haberse dejado en Calatayud, varias contradicciones de su compañero de banquillo y el testimonio de una persona sobre quién entregó a quién la tarde anterior las llaves del vehículo.

No obstante, los mismos autos que dictaminan que hay caso señalan que los acusados tienen defensa: el reconocimiento del guardia no fue “al 100%”, aunque la prueba definitiva se dará en la sala de vistas; el testigo que admitió haberlos recogido en Bea se desdijo poco después, aunque por escrito, y varios testigos de la defensa, entre ellos su propio hijo, un socio suyo y otro de este, aseguran que el ‘nietísimo’ estaba ese día Madrid. En cuanto a los teléfonos, la defensa sostiene que los informes no son válidos por cuestiones formales.

La Audiencia de Teruel apreció la existencia tanto de “numerosos indicios de la participación de ambos encausados en la ejecución de los hechos” como de las contradicciones, aunque considera “evidente” que “deberán resolverse en el acto del juicio con la aplicación rigurosa del principio de inmediación”.