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Una trinchera en cada casa

Tres afectados por los desalojos resisten a los desahucios en sus hogares gracias al apoyo del Movimiento 15-M y otras plataformas

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Anuar Khalil, 55 años, libanés. Desde 2010, vive en España con su mujer, Tatiana Koleva, y su hija, Marian, de 17 años. Abrió un par de panaderías, una en Leganés y otra en Alcobendas. En aquel momento decidió comprar un piso de 55 metros cuadrados en el barrio de Tetuán que, en lo más alto de la burbuja inmobiliaria, tasaron en 269.000 euros. Aunque era autónomo y no pudo presentar una nómina ante el banco, el BBVA le concedió un préstamo que posteriormente amplió.

Pero, con el estallido de la crisis, Anuar no pudo hacer frente a los plazos de la hipoteca y los intereses se fueron acumulando. Su deuda ascendía a 270.000 euros y el banco no quería negociar una solución alternativa. El juzgado puso fecha a su lanzamiento: el 15 de junio de 2011 deberían abandonar su hogar y aún le quedarían muchos miles de euros por pagar.

 Clara teme que 'en cualquier momento' vuelvan a intentar su desalojo

Sin embargo, esta familia decidió no rendirse. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Madrid, con el inestimable apoyo del 15-M, logró evitar finalmente su desalojo y con ello hacer más visible una situación que, según sus cálculos, deja en la calle a 30 personas cada día sólo en la Comunidad de Madrid.

'Desde el principio tenemos todo empaquetado. No sabemos si cualquier madrugada pueden venir y sacarnos de nuestra casa', relata Anuar. 'Si nos echan de aquí no tenemos dónde ir', confiesa. Todos vivieron con angustia las horas previas al de-

sahucio. 'Teníamos mucho miedo, no sabíamos qué iba a pasar', dice Anuar. Sin embargo, desde muy temprano, los indignados comenzaron a llegar a su casa. 'Había personas por todas partes, en las escaleras, en la azotea y en nuestro portal. Nos sentimos muy arropados y perdimos el miedo', relata Tatiana.

Medio millar de indignados ayudaron a esta familia a evitar su desahucio. 'Fue un gran alivio', dice tímidamente Anuar. En cambio, su mujer lo narra con más intensidad. 'Es un sentimiento de gratitud que no se puede explicar, hay que vivirlo. Recibir ese apoyo incondicional de gente desconocida es algo increíble', recuerda con emoción Tatiana .

A pesar de las adversidades, Anuar no pierde la esperanza de que llegue una solución para tantas familias que, como la suya, se encuentran entre la espada y la pared. 'Vivía con la ilusión de tener una casa y un trabajo en España; durante un tiempo fue así, pero la crisis nos lo arrebató todo', recuerda con amargura. Por el momento, esta familia siguen en casa, aunque nadie sabe por cuánto tiempo. Anuar sigue negociando con los bancos una salida a su situación, aunque sabe que no va a ser fácil. 'Seguimos tratando de negociar, pero ellos no van a ceder. Hemos solicitado por escrito la dación en pago, pero la ley les otorga mucha ventaja', reconoce.

Otra gran victoria de la PAH en Madrid, en estrecha colaboración con el 15-M, tuvo lugar el 16 de junio. En esta ocasión el que se encontraba bajo la espada de Damocles era Luis Domínguez Quintana, de 75 años. En 1994, un camión arrolló su coche y le encadenó a unas muletas para el resto de su vida. Sufre una minusvalía del 69% y no tiene ningún tipo de ingresos. Desde hace dos años, sobrevive gracias a la ayuda de su hermana, que le entrega 280 euros cada mes de los 580 que recibe como pensión. El juez aún no ha fijado una nueva fecha de desahucio para él, pero su casa en Parla ya figura a nombre de la entidad bancaria que le concedió un préstamo, Caja Madrid, hoy Bankia. Su deuda asciende a 111.000 euros.

'Lo tenemos todo empaquetado. No sabemos cuándo vendrán', confiesa Anuar

La noche previa a su desahucio Luis no pudo conciliar el sueño. 'Va a venir la Policía y me van a sacar de casa, se van a llevar todas mis cosas y yo, en mis circunstancias, no puedo encontrar otro lugar donde vivir', cuenta Luis cuando recuerda sus pensamientos de aquel día. 'No sabía qué hacer. Me fui a Sol y en una asamblea expliqué mi situación', relata. A primera hora de la mañana del día señalado su casa estaba llena de gente. 'De repente, la angustia se me quitó. Me salvaron la vida', asegura Luis conmovido.

Desde aquel día, Luis nunca falla a la cita con la PAH. 'Después de que paralizaran mi desahucio, me uní a ellos, como agradecimiento por lo que han hecho conmigo y porque me gustaría ayudar a otras personas en mi misma situación', explica. Además, reconoce que el proyecto de los indignados le ha de vuelto la esperanza. 'El 15-M y la PAH son proyectos ilusionantes, recuperan la solidaridad humana y eso es muy importante en la sociedad actual', destaca Luis.

Clara Martínez también resiste. Ella se imaginó en la calle después de seis años de pleitos contra la inmobiliaria que se niega a renovarle su contrato de alquiler. El pasado 22 de junio estaba previsto su desahucio, pero los indignados de Granada lo evitaron gracias a sus movilizaciones. Hicieron tanto ruido que el día señalado nadie se personó para ejecutarlo. 'No han vuelto a intentarlo, pero me temo que lo harán en cualquier momento', confiesa Clara.

'Me fui a Sol y expliqué mi situación. De repente la angustia se me quitó', relata Luis

Ella sigue en el que ha sido su hogar desde hace 22 años. Vive en la Casa del Aire, un edificio catalogado del histórico barrio granadino del Albaicín y que sus propietarios han hecho inhabitable. 'Nos han hecho la vida imposible, han cortado la luz de la escalera y nos pasan los recibos, han abierto ventanas, bloqueado puertas, han llenado de escombros el inmueble para acelerar el deterioro del edificio', explica. Esta es la estrategia elegida por los que tacha de acosadores inmobiliarios que han campado a sus anchas durante el boom del ladrillo para desprenderse de inquilinos de renta antigua, como en el caso de Clara. Su edificio es uno de los pocos que han sobrevivido a la especulación en el barrio nazarí, pero ahora está desvencijado.

El desahucio de Clara está en suspenso, de momento, pero el 15-M sigue luchando por el derecho a una vivienda digna. 'Hemos constatado la victoria de un movimiento que demuestra cuáles son sus caballos de batalla y la voluntad de apoyar causas tan sencillas y grandes a la vez', subraya.