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Expo 92 "Yo vi en la Expo de Sevilla películas en 3D y los primeros autobuses ecológicos"

¿Qué fue de aquella Expo del 92, veinticinco años después de su nacimiento?”. Vecinos de barrios periféricos, trabajadores de la Exposición Universal que llegó a contratar a casi veinte mil personas y actuales impulsores de su legado cuentan a 'Público' la increíble revolución que experimentó la ciudad andaluza a principios de los años noventa.

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Los pabellones de la Expo 92. /ASOCIACIÓN LEGADO EXPO

“La Expo era y fue para todos los vecinos de Sevilla un cuento mágico que reconstruyó la ciudad de arriba abajo. Aún nos cuesta a muchos hablar de la emoción que producía aquel espectáculo en el nueva orilla del río que nacía en Sevilla”. Antonio Zamorano era forastero en la Sevilla del 92. Tenía 34 años cuando fue trasladado desde Madrid a la capital andaluza como nuevo delegado de su empresa de construcción. Cuando visualiza desde su móvil la cantidad de imágenes imborrables de aquella Sevilla, que parecía primitiva y que trajo un auténtico cambio territorial y cultural no puede evitar emocionarse. “Yo vi en Sevilla las primeras películas en 3D, los autobuses ecológicos que iban con gas, colas interminables para un espacio que era todo novedad”.

"La Expo era y fue para todos los vecinos de Sevilla un cuento mágico que reconstruyó la ciudad de arriba abajo"

Su primer domicilio al llegar a la ciudad en 1985 fue la zona del centro, cercana a la Plaza del Duque y próxima a la Alameda de Hércules que en aquellos años no tenía acceso al río Guadalquivir. “La construcción de la calle Torneo, los puentes de la Barqueta, el Alamillo, un puente como el Quinto Centenario que cruzaban literalmente los barcos por debajo de su elevada altura. Fue algo increíble”. Antonio también rememora sus últimos viajes al norte de España cuando estaba aún en funcionamiento la antigua Estación de Plaza de Armas, que fue convertida en aquellos años en un moderno centro comercial.

La Exposición Universal de Sevilla convirtió durante unos meses la capital andaluza en el centro del mundo con una inversión de infraestructura que rondaría los 800.000 millones de pesetas.

Una Sevilla donde se veía el Río Guadalquivir

Rodolfo Pérez tenía su tienda de ultramarinos en la calle Santa Clara. “El Rodi”. Así lo conocían los vecinos. “No ha cambiado nada esto. No puedo ya ni acordarme de las vías del tren pegadas al río. Tenía 20 años y en cuestión de un suspiro Sevilla cambió del todo”. Una carretera y una vía de tren separaban su Sevilla de la infancia y la juventud del Guadalquivir. Gracias a la labor del alcalde Manuel del Valle se comenzó a derruir aquel muro que dividía por completo a la ciudad. La fecha queda nítida en la memoria de Rodolfo, vecino del barrio de la Alameda, 27 de mayo de 1990.

Aquel cambio urbanístico dio paso a las primeras visiones de las obras de la Expo que en menos de dos años echaría a andar. “Tenías que ir hasta el Muelle de la Sal, cerca de la Maestranza, para acceder a aquella isla que estaba llena de jaramagos y tierra y que solo divisaba un antiguo convento de monjes cartujanos (hoy convertido en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y sede de la Universidad Internacional de Andalucía)”. Pérez afirma a sus casi 46 años que aquella “isla estaba prácticamente vacía y que poco a poco iban acaparando las excavadoras”, apunta. A partir del año 92 montaría un puesto en la nueva calle Torneo la cervecería Barqueta que llenaría aquella zona de nuevas viviendas a precios muy elevados por las vistas que ofrecía de la nueva Sevilla.

Y es que el paso de estos 25 años, desde la inauguración de la Expo 92 ,no ha quitado del recuerdo las miles de anécdotas que muchos trabajadores vivieron en sus instalaciones. Cecilio Giraldo destaca a 'Público' “su etapa como chófer en el pabellón de Túnez”, a partir de aquel mágico mes de abril. A sus entonces 40 años, acompañaba a la directora del pabellón que tenía como principal encargo la promoción de la cultura y el turismo de su país. “Allí iba yo con gorra a cada una de las visitas institucionales, en la que se prometía que el pabellón quedaría en pie, sin saber después el resultado de que la mitad de aquellos centros desaparecería”.

Cecilio apunta que “las promesas de aquella expo cayeron en papel mojado” por culpa de la compleja crisis que vino después en el 93 y que tardó muchos años en levantar el actual Parque Tecnológico de la Cartuja. “Parece que estoy viendo a los representantes de Túnez que tanto lucharon al final de la Expo por no tirar sus muros y crear un centro intercultural que aquí ni entendían. Creían que los de Túnez querían traer solo inmigrantes”. Aquel espacio que aún no parecía tener público en la ciudad fue finalmente cedido al país marroquí que llevó a cabo la construcción de actual Fundación Tres Culturas del Mediterráneo.

La Expo de antes y su legado

La profunda huella que dejó aquel evento internacional en la ciudad de Sevilla permitió hace siete años poner en marcha la asociación Legado expo que permite hoy proteger el recuerdo en torno a todo lo que fue aquella etapa dorada de la ciudad.

Inicio de las construcciones de la Expo. /ASOCIACIÓN LEGADO EXPO

Ángel Aramburu, presidente de esta asociación sostenida por donaciones, afirma a 'Público' “el antes y el después de una ciudad, con bastante retraso de modernidad al inicio de los 90”. Aramburu señala que “en aquel año 92 todos los ciudadanos vivimos muy intensamente la Expo, pero nos costó mucho trabajo creernos que no iba a ser para siempre”. El desplome que sufrió la Cartuja tras el final de la muestra internacional fue una etapa muy difícil para la ciudad y sus administraciones. “Durante seis meses fue un espacio vivo, lleno de turistas, empresas, entidades pero cuando acabó se quedó como un desierto”. Hoy el espacio de la Isla de la Cartuja ha sabido remontar en pleno siglo XXI con la construcción de un importante Parque Tecnológico que reúne a 426 empresas.

El desplome que sufrió la Cartuja tras el final de la muestra internacional fue una etapa muy difícil para la ciudad y sus administraciones

Sin embargo, desde la asociación legado su presidente afirma que aún hay una barrera importante que hay que eliminar. “Muchos turistas no se acercan a la Cartuja por la falta de acceso y barreras de muchas zonas del Parque Tecnológico. Aún hay que cambiar mucho para que sea una zona más abierta de Sevilla”.

La muestra del XXV aniversario de la Expo en el Pabellón de la Navegación propone muchas actividades como visitas guiadas que recorrerán los pabellones que quedan aún en pleno funcionamiento. De los 120 pabellones que componían la Expo, 33 de ellos se quedaron de forma permanente en la Cartuja para el futuro de este espacio.

Entre los más destacados se encuentra el Pabellón de Marruecos, actual sede de la Fundación Tres Culturas, el Pabellón del Futuro, Archivo General de Andalucía, el Pabellón de Hungría o Pabellón de la Energía Viva o el Pabellón de América, hoy sede de la Escuela Superior de Ingenieros de Sevilla.

La muestra que se inaugura a partir de mañana, comisariada por Julio Cuesta repasará las actuaciones urbanísticas que la ciudad ha tenido en este cuarto de siglo. Además de realizar múltiples actividades con la mítica mascota de la Expo, Curro. El ayuntamiento socialista de Espadas inaugurará para esta fecha unos nuevos jardines que se conocerán como los jardines de Magallanes con motivo del XXV aniversario. “Fue un reto enorme para el territorio y dejó un legado urbanístico tan importante que lo tenemos que recordar siempre”, afirma el comisario Cuesta.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el mes de octubre, finalizará con un encuentro internacional de los 127 países participantes.