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Víctimas y verdugos

El compromiso de los partidos con los no violentos

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Era el 26 de septiembre de 2008. En Gandía recorría las calles el Correllengua: reivindicación cultural y lingüística organizada por la Fundació Casal Jaume I, que reúne diversos colectivos y entidades ciudadanas. Todo estaba tranquilo. La calle Sant Francesc de Borja es una vía céntrica. Por allí discurría la fiesta, sin alteraciones de ninguna clase.

De repente, esa tranquilidad se rompe: empiezan a salir proyectiles de un callejón. Piedras, ladrillos, restos endurecidos de materiales para la construcción. Desde el callejón un grupo vocifera contra los manifestantes. El GAV: Grup d'Acció Valencianista. La violencia blavera rompiendo la celebración. El azul de sus herencias fachas. Su consigna es el grito de guerra contra todo aquello que suene a catalán en el País Valencià.

Lara Ramírez, exdirigente del GAV, aparece en las listas del PP

La Transición sufrió aquí sus agresiones, las agresiones de ese grupo de descerebrados que han hecho de la batalla lingüística entre el catalán y el valenciano (para esos ignorantes, dos lenguas distintas, enemigas) su razón de existir, su manera populachera de ser fascistas. Uno de aquellos proyectiles impactó en la cabeza de Maite Peiró, concejala del BLOC en el Ayuntamiento de L' Alqueria de la Comtessa. La Policía denunció a diez o doce de los del grupo: no eran muchos más, a lo mejor les venía justo para llegar a esa cifra. La distancia entre la realidad numérica y el volumen de su agresividad traducida abruptamente desde el odio a quien piensa diferente. La multa que pagaron los denunciados: 300 euros.

Más exactamente: 301 euros, según los papeles de la época. Entre aquella turbamulta con caras desencajadas, un personaje principal: Lara Ramírez. En aquellos momentos, presidenta del GAV. No se aclaró quién lanzó el proyectil. Nadie había visto nada. Todos vieron la sangre en la cabeza abierta de Maite Peiró. Han pasado casi tres años desde entonces. Ahora llegan las elecciones y Lara Ramírez aparece en las listas del PP de Gandía. No sé cómo ha podido hacer eso Arturo Torró, cabeza de la candidatura. Conozco a Torró. Tengo con él una relación cordial. Pero eso no puede impedir que diga lo que pienso: cobijar a los violentos resta méritos democráticos a una candidatura. En la rueda de prensa de presentación de la lista, dijeron los dos que ahora la mujer ya no es presidenta del GAV, que aquel episodio ya está olvidado. No saben que el derecho al olvido pertenece sólo a las víctimas. Nunca a los verdugos. Nunca.