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Las voces que reclaman cambio

Intelectuales, artistas, científicos y líderes de la sociedad civil apuestan por actualizar, matizar o modificar radicalmente la Constitución española

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La Constitución es como el amor. Para ser verdadero no tiene que ser eterno'. Le escritora Rosa Regàs lo tiene claro: la Carta Magna no es una Biblia sagrada. Apenas una herramienta que sirvió para salir de la dictadura. Como ella, las personalidades más visibles de la sociedad civil intelectuales, investigadores, artistas, ecologistas, activistas abogan por el cambio. Reciclarse o morir. Retoque, maquillaje o pinceladas. Cambio ligero o radical. Pero cambio. Incluso algunos como Ricardo Iniesta galardonado el viernes con el premio Nacional de Teatro apuestan por redactar una nueva Constitución: 'No representa a todos, está trasnochada y es más conservadora que la Pepa de 1812'.

¿Tiene vigencia una Constitución redactada en 1978? ¿Se adapta a la sociedad española del siglo XXI? La unanimidad es casi total. Y la mayoría de los consultados por Público destacan el espectacular cambio del país como principal argumento del cambio. Jesús Herrero, del movimiento vasco Gesto por la Paz, considera que la Constitución tiene 'que adaptarse al momento' y que 'nunca debería ser un punto final'. Para el actor Alberto San Juan el texto debería sufrir 'muchos cambios para representar a la España contemporánea'. Y el escritor Harkaiz Cano, una de las promesas de las letras vascas , considera imprescindible darle un 'buen meneo' a la Carta Magna. Felipe Benítez Reyes, uno de los poetas más consagrados del país, afirma sin titubeos que el cambio es necesario porque 'la España del 2008 es muy diferente a la de finales de los años setenta'. El músico Luis Eduardo Aute no duda al pedir 'las reformas oportunas, porque la Constitución no es inamovible'.

Los más jóvenes, como Raquel Vázquez investigadora del Institut Mediterrani d`Estudis Avançats de Mallorca sienten incluso que la constitución 'está absolutamente obsoleta'. ¿La lista de déficits? 'Larguísima. Cambiaría casi todo, la verdad', matiza Raquel Vázquez. Y es que a bote pronto, acorralados por un 'qué cambiarías', la primera respuesta es casi uniforme: cambiar algo. Mucho o poco. Pero avanzar hacia un texto consensuado que se adapte a los tiempos. ' Es la Constitución de nuestros padres, no nos representa', matiza esta joven nacida en 1979.

Moderación, pacto, equilibro. Las voces/rostros que empujan apuestan por el cambio sin complejos. Pero muchos insisten en la palabra 'consenso'. Reformas concretas, sí. Pero apoyadas en mayorías. María Matinón-Torres, la paleontóloga de Atapuerca que descubrió el Homo georgicus, afirma que es imprescindible 'un acuerdo que represente a todos para cambiar la Constitución'. Soraya Rodríguez, secretaria de Estado de Cooperación Internacional, reconoce que el texto 'no es intocable' pero es categórica al afirmar que tiene que haber 'un acuerdo de alto nivel'.

Raquel Montón, responsable de la campaña de Cambio Climático de Greenpeace, reconoce que cambiaría muchas cosas 'siempre que hubiese pacto político'. Y es que la estabilidad que la Carta Magna trajo a la democracia española es algo que pocos discuten. 'Fueron unas excelentes reglas de juego para la época en la que fue redacta', según el director de teatro Alex Rigola. Incluso hay quien la tilda, como Pablo García Casado (director de la Filmoteca de Andalucía) de visionaria: 'Se adelantó a su tiempo y propició el milagro de la convivencia'. Isacio Siguero, presidente del Consejo General de los Colegios Generales de Médicos, reconoce 'el papel fundamental de la Constitución'. Sin embargo, los halagos se visten de críticas con facilidad. ¿Constitución como autovía de la transición? Sí. Pero no como 'un dogma divino', en palabras de Rosa Regàs.

El escritor Andrés Neuman argentino nacionalizado español critica a quienes defienden el status quo de la Constitución. 'La derecha no quiere cambiarla por respeto, sino por miedo. Llevan décadas de atraso con respecto a la sociedad', matiza el autor del aclamado Una vez Argentina. 'No podemos enquistarnos en el pasado y tenemos que aproximarnos a democracias más sólidas. Sólo cambiando la Constitución lo haremos', matiza Alex Rigola.

El gallego Hernán Migoya escritor, cineasta y editor que salto a la fama tras su polémico Todas putase_SEnD es más radical todavía. 'La sociedad involuciona y se queda con la idea de que la Constitución es una Biblia sagrada', confiesa. Pero todo cae, insiste, por su propio peso.

La 'aconfesionalidad' del Estado español (artículo 16.3) es uno de los puntos que más escuecen a los defensores del laicismo. Paco Delgado, presidente de Europa Laica, exige una 'corrección literal' de dicho artículo. 'Lo más grave, afirma, 'es que la Constitución justifica las relaciones de cooperación con la Iglesia Católica'. Paco Miñarro, coordinador de la Federación Internacional de Ateos (Fida) reivindica la inclusión de la palabra 'laicismo' en la Carta Magna. Para otros, como Juanjo González, coordinador de Alternativa Laica, la aconfesionalidad del Estado 'debería ser suficiente'. Sin embargo, todos a una, denuncian que no lo es. 'Tenemos una iglesia tramontana que impide cualquier cambio y que siente cualquier retoque de la Carta Magna como un ataque', matiza Juanjo.

Lo peor ahora habla Paco Miñarro, es que cambiar el Estado aconfesional por el laico radicalizaría aún más a Rouco Varela, el 'Torquemada del inmovilismo constitucional'. Lo peor de la aconfesionalidad light de la Carta Magna, en palabras de Juanjo González y de su Alternativa Laica, es que 'la religión se cuela en la educación'. Sin laicidad teórica no hay aconfesionalidad práctica. Y eso, para Ricardo Iniesta, Premio Nacional de Teatro, es 'algo inconcebible'.

El matrimonio heterosexual reconocido por la Constitución es otra de las patatas calientes. Un cambio simbólico (porque el código civil sí fue reformado) que complacería a muchos. Desde Alex Rigola a Alberto San Juan, pasando por Hernán Migoya, muchos son los que maquillarían/retocarían la Carta Magna.

Los colectivos de homosexuales reclaman no sólo la eliminación de las palabras 'hombre' y 'mujer' del texto. Algunos, como Toni Poveda, de la Federación Estatal de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, solicitan la inclusión explícita de un artículo 'que garantice la orientación e identidad sexual'. Miguel Ángel González, portavoz del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid considera imprescindible la reforma: 'Necesitamos un cambio radical, no puede ser inconstitucional casarse con alguien del mismo sexo'.

Un estado federal. O un país con las competencias autonómicas más desarrolladas. Incluso una gran nación de naciones reconocida sin traumas. '¿Por qué seguir utilizando el eufemismo de nacionalidad en la España plural del siglo XXI?', se pregunta Rafael Jorba, miembro del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC). Y por qué insiste 'no se dice que Estados Unidos, un país federal, se rompe y España sí?'.

Desde Aragón, la escritora Cristina Grande considera que habría que matizar claramente la Constitución para impulsar la descentralización: 'Con la definición de Comunidades Autónomas, Aragón ha salido perdiendo'. El escritor vasco Harkaiz Cano va un poco más allá y cuestiona la potestad que la Constitución otorga al ejército para garantizar la unidad de España. 'Ya es hora de remover estas manzanas podridas del árbol constitucional', matiza. Por su parte, la escritora Mercedes Abad forzaría el 'reconocimiento del Estado Federal en la Constitución'.

Amparo Rubiales, histórica abogada y política anti franquista, recalca la necesidad de matizar algunos artículos en pro de 'la defensa de la igualdad de géneros'. Soraya Rodríguez, secretaria de Estado de Cooperación Internacional, cambiaría sin dudarlo el capítulo 'referente a la Corona', para que una mujer pudiese ser la cabeza del Estado. El escritor Antonio Onetti, que define la Constitución como 'un pacto de caballeros', también se solidariza con el género femenino a la hora de cambiar/matizar artículos.

El artículo 13.2, que establece que sólo los españoles tienen derecho al sufragio (salvo en casos de reciprocidad) encabeza el top cambios. Manuel Martínez, cantante del grupo de Medina Azahara, afirma categóricamente que los 'inmigrantes deberían tener derecho a voto'. Y el escritor Hernán Migoya considera ridículo el hecho de que 'no puedan votar'.

¿Conclusiones? Cambio, actualización, matices, renovación. Reciclaje. Pinceladas. Modernidad. Mucha practicidad. Y un jaque colectivo a la Constitución-ladrillo de artículos inmutables y/o ambiguos que apenas votó la generación de la transición. El músico Sabino Méndez, con jocosidad rockera , reivindica una Carta Magna más corta y cómoda: 'Es políticamente incorrecto decirlo, pero lingüísticamente hablando necesitamos una Constitución como la estadounidense'.

El dramaturgo Juan Mayorga

La Corona de España (artículo 57.1) es hereditaria en los sucesores de Su Majestad Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La Constitución, en este aspecto, no deja pie a la ambigüedad. Y quizá por eso, la modificación de los artículos 56 al 65 (referentes a la Corona) están en el centro de la diana del cambio. El guionista y escritor andaluz Antonio Onetti confiesa que preferiría una “constitución que establezca una República como sistema de Gobierno”. Por su parte, Ricardo Iniesta, premio Nacional de Teatro, sueña con una “España republicana”. Ricardo afirma que ya se opuso a la Constitución en 1978, principalmente, “por su carácter monárquico”.

El dramaturgo Juan Mayorga es otro de los que piensa que “hay que desacralizar la Constitución” para llegar a la Tercera República. Juanjo González, de Alternativa Laica, aboga por una Constitución que prescinda de los reyes. Paco Miñarro, de la Federación Internacional de Ateos, apostaría por redactar de nuevo el texto constitucional para que nos acerquemos a una Carta Magna republicana. Y es que, como matiza la escritora Mercedes Abad, la República sería un sistema de gobierno mucho más acorde con la modernidad y con la “España plural”.