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Zapatero resiste aferrándose a las reformas

Rajoy limita su alternativa a insistir en el adelanto electoral y exhibir las carátulas de tres propuestas

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Ganó el contexto (de fin de ciclo). Ni José Luis Rodríguez Zapatero ni Mariano Rajoy pudieron o quisieron sustraerse al medioambiente preelectoral. A un lado del hemiciclo, un presidente del Gobierno que pretende apurar su mandato democrático contra viento y marea, propósito en el que se ratificó de modo solemne; y al otro, un candidato que ya se siente presidente, pero al que no importaría esperar unos meses más tras haberlo hecho durante siete años largos, si no fuera porque la expectativa de una mayoría absoluta se podría esfumar.

El duelo a garrotazos era, pues, inevitable. Y el debate, imposible. Al aspirante, aunque terminó postulándose como 'la esperanza' para dirigir lo que él mismo calificó de 'obra titánica', le pudo el deseo de llegar al Gobierno sin atarse en el contenido de lo que llamó 'reformas de verdad'. El presidente, aunque defendió con uñas y dientes su legado de políticas sociales y su condición de promotor de las reformas económicas, se topó una vez más con las cifras de una crisis que, según reconoció, amaina pero no escampa. Y, para mayor dificultad, guiado por la voluntad de facilitar el camino de la sucesión a Alfredo Pérez Rubalcaba, Zapatero omitió de su discurso el relato de medidas que podrían contribuir a reconciliar al PSOE con su electorado, como la Ley de Muerte Digna o la inclusión del personal doméstico en el Régimen General de la Seguridad Social.

Para ayudar a esa reconciliación ensayó un tenue giro a la izquierda con el anuncio de nuevas medidas de protecciónpara quienes no pueden atender al pago de sus hipotecas inmobiliarias, elevando de 641 a 961 euros mensuales los ingresos inembargables (1.150 para quienes tengan a su cargo a dos miembros del núcleo familiar sin recursos propios regulares). El paso, que conecta con una de las banderas del Movimiento 15-M, aunque en la práctica viene a descartar la posibilidad de saldar la deuda entregando la vivienda, fue de lo más aplaudido de su discurso entre los suyos. El otro momento entusiasta tuvo la misma melodía, aunque se quedó en un enunciado de principios: 'Todas las reformas necesarias, sí; pero no a costa de romper los equilibrios sociales básicos de nuestro mercado de trabajo o de quebrar nuestro modelo social y constitucional. A costa de eso, no'.

Zapatero habló con un ojo mirando a la recuperación de espacios ideológicos para que el PSOE pueda disputar la batalla electoral de 2012 y no sólo comparecer. Pero lo hizo sin perder en ningún momento de vista los mercados. 'En el mundo en el que vivimos, sólo merecen confianza las economías fiscalmente estables y sólo en ellas cabe concebir un crecimiento sostenible', proclamó como verdad irrefutable. En este juicio hay que enmarcar el segundo anuncio: la propuesta que llevará en julio al Consejo de Política Fiscal para aprobar una regla de techo de gasto en las comunidades autónomas similar a la que se va aprobar para el Estado y los ayuntamientos.

Si estos fueron, aferrándose a la tabla de las reformas, los renglones añadidos por Zapatero a su programa para 'llegar hasta el final' (más una nueva línea de crédito para aliviar los impagos de los ayuntamientos a los proveedores), Rajoy volvió a resumir el suyo en la petición de elecciones anticipadas para abrir 'un tiempo nuevo'. Su esbozo lo suplió con la exhibición de la carátula de tres iniciativas ya presentadas por su partido: plan de ayuda a los emprendedores, regulación por ley del déficit cero y proposición de ley sobre transparencia.

El estado de la nación, a juicio del líder de la oposición, 'es el mismo que hace un año, pero peor', así que, según enfatizó, sólo cabe una pregunta: '¿Hasta cuándo se propone imponer a los españoles este calvario estéril y esta lenta agonía?'.

Rajoy acusó a Zapatero de haber 'despilfarrado la mejor herencia económica que haya tenido ningún Gobierno de España ' y de dejar 'la peor'. Llegados a este punto, el presidente levantó el pie del freno. Recordó que de esa herencia formaba parte también 'una muy baja productividad y mucho ladrillo' y, entonando el mea culpa, dijo: 'Si me arrepiento de algo es de no haber intentando pinchar antes la burbuja inmobiliaria'.

Pero fue más allá. Irritado por que durante el fin de semana algunos dirigentes del PP alimentaron la idea de que España puede tener 'un déficit oculto', algo que 'quita credibilidad internacional', acusó al líder de la oposición de 'mentir a sabiendas'. 'Yo le acuso de dar cifras que no se corresponden con la realidad', se revolvió el presidente. 'No me gustaría pensar que en lo único en que nos pareciéramos a Grecia fuera en la oposición', apostilló.

Lo que para Zapatero ha sido durante sus dos mandatos 'política con mayúsculas' incremento del 60% en los recursos para protección social, protección por desempleo para 2,8 millones de parados, incremento en más de un 50% de las pensiones mínimas, creación de un sistema de atención a la dependencia.... para Rajoy no pasan de ser 'atenuantes' para 'escamotear sus propias responsabilidades'.

El diálogo de sordos fue más estridente cuando el presidente del PP hizo caso omiso del llamamiento de Zapatero para renovar de una vez el Tribunal Constitucional. El temor a la desafección hacia la política y las instituciones democráticas estuvo también presente en el discurso de otros portavoces, como el catalán Duran i Lleida. En concreto, Zapatero se mostró abierto a los planteamientos del Movimiento 15-M, pero sin falsos halagos. 'Forman parte de la fisiología y no de la patología de nuestro modelo de convivencia. Y reivindican el valor de la política. Podemos discrepar, y yo lo hago, con no pocas de sus propuestas. Pero deben ser objeto de respeto y son de interés indudable para los gobernantes democráticos', sostuvo.

En lo que hace al modelo vigente de democracia parlamentaria, quedó claro que la llave de la legislatura sigue en poder del PNV. Su portavoz, Josu Erkoreka, lo dijo en castellano antiguo: 'Para nosotros, lo acordado es ley. No nos sentaremos a hablar en serio de los Presupuestos de 2012 hasta que se cumpla íntegramente lo pactado para 2011'.

El portavoz de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, se alineó con Rajoy en la defensa de que las elecciones anticipadas son la mejor solución y anticipó que, como en los años anteriores, el PSOE no contará con su apoyo para los Presupuestos. Pero tampoco ocultó su 'inquietud' ante una posible mayoría absoluta de 'un partido que admite pocos consensos'. Como alternativa, Gaspar Llamazares (IU) propuso que el Gobierno se someta a una moción de confianza 'en defensa de un programa de izquierdas'.

La unanimidad sólo llegó en la expresión de 'los mejores deseos para su futuro personal y familiar' que de todos los portavoces, con Rajoy a la cabeza, recibió Zapatero en su último Debate sobre el Estado de la Nación. Al borde estuvo el presidente de que se le quebrara la voz cuando improvisó su despedida con una declaración de 'respeto a España' y 'gratitud' a todos los que le han apoyado. Puesto que de los parabienes quedó exenta la faceta política, Zapatero formuló su deseo: '¡Vamos a ver si es a usted [Rajoy] al que eligen!'.