Posos de anarquía

El teatro de Altsasu llega a los escenarios

Representación de la obra Altsasu. – La Dramática Errante
Representación de la obra Altsasu. – La Dramática Errante

La libertad de expresión requiere hoy por hoy de mucho coraje. En su discurso del anuncio de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2023, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, la quiso poner en valor. No es para menos, porque lo cierto es que está más amenazada que nunca. Este es el motivo por el que la dramaturga vasca María Goiricelaya merece mi aplauso; con su obra Altsasu, basada en la pelea de bar que tuvo lugar en la localidad navarra del mismo nombre, no se arruga ante presiones y descalificaciones de partidos como Vox. 

Para quienes consideramos que el caso Altsasu es una vergüenza y uno de los grandes patinazos de nuestra Justicia, ver cómo llega ahora al teatro es gratificante. No sucede lo mismo para quienes viven instalados en ese espíritu revanchista y vengativo que les lleva, incluso, a querer censurar la cultura. Aquel proceso, en el que la Fiscalía pretendió juzgar por terrorismo –con penas de hasta 375 años de prisión para los acusados- a unos jóvenes  que se enzarzaron en una pelea de bar con dos guardia civiles de paisano, fue un auténtico despropósito. 

Aquella causa tuvo mucha sobreactuación, comenzando por los más de 500 días de misión preventiva que sufrieron los jóvenes antes de ser juzgados, a la desproporción de las penas, incluso, después de la rebaja del Tribunal Supremo –entre un año y medio y nueve años y medio años-, pasando por la elección de la jueza, Concepción Espejel, cuyo marido es guardia civil. Como ya indiqué en su día, introducir el terrorismo en esta causa generó más problemas que soluciones y no respondió a criterios judiciales, sino políticos. 

Sin embargo, el propósito de esta columna no es revisar este episodio oscuro de nuestra democracia, sino felicitarnos porque ahora llegue Altsasu a los escenarios. Confieso que siento envidia por mis paisanos de Madrid, que del 18 al 28 de enero tendrán oportunidad de disfrutar en el teatro de La Abadía de la obra de Goiricelaya, nominada en los Premios Max en las categorías de Mejor Autoría y Mejor Espectáculo.  


Para ello, ha tenido que sortear los intentos de censura de Vox, que la han acusado de justificar las agresiones a los guardias civiles en aquel bar Koxka de la localidad navarra. Sorprendentemente, en esta ocasión el gobierno de la Comunidad de Madrid no ha bailado el agua a la extrema derecha, aunque no podemos olvidar cómo junto a Ciudadanos, el PP intentó censurar la miniserie de cuatro capítulos sobre el caso que estrenó ETB1 en 2020 

Por lo excesivo y sobreactuado que tuvo aquel esperpéntico juicio, podría decirse que asistimos a una suerte de metateatro, de teatro sobre teatro, pero no por ello ha de exigirse a Goiricelaya nada y mucho menos etiquetarla. Altsasu es una ficción basada en hechos reales y, como en toda obra teatral, es goce y responsabilidad del público espectador sacar conclusiones, sentir emociones. No han de ser partidos políticos de ninguna ideología quienes arrebaten a la autora su libertad de expresarse y le hurten al público su derecho a disfrutarlo.  

Decía ayer el ministro Urtasun que "estas medallas son una garantía de que la libertad de expresión y de creación deben presidir todos y cada uno de nuestros gestos de defensa de la cultura que es, a su vez, la defensa de nuestra democracia". Y tenía toda la razón. Este es el motivo por el que tampoco Goiricelaya ha de rendir cuentas sobre un proceso judicial que lleva a la ficción y con el que crea un espacio para la reflexión. ¿Cómo negar esa invitación? ¿Cómo no traspasar ese umbral de la puerta que nos abre? Goiricelaya nos brinda la oportunidad de ver la realidad con otros ojos, de sentirla desde otro prisma. Sintámonos afortunados y afortunadas por ello y quien no lo haga que se dedique a otros menesteres, sin traspasar el límite de nuestra libertad. 

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