Dominio público

El PSOE, del "guiso" al hecho

Ana Pardo de Vera

La derrota del PSdeG-PSOE en Galicia sigue coleando: el presidente del Gobierno cree que hay un problema de liderazgos autonómicos en el partido que lidera cuando pierden el poder; es cierto, y como se le advirtió desde su propio partido, empeñarse en hacer de José Ramón Gómez Besteiro el candidato a la Presidencia de la Xunta pocos meses antes de las elecciones del 18-F era asumir un riesgo grande, teniendo en cuenta, sobre todo, que en 15 años de mayorías absolutas del PP, el PSdeG lleva cuatro candidatos.

En Galicia, los socialistas gobiernan A Coruña, Lugo y Vigo; el BNG, Pontevedra y Santiago de Compostela. Ourense está en manos de Democracia Ourensana (DO), el PP no gobierna ninguna capital de provincia ni las dos principales ciudades. Las alcadesas y alcaldes socialistas son líderes municipales consolidados, en mayor o menor medida. En Lugo, Lara Méndez fue sustituida en la alcaldía por Paula Alvarellos para que Méndez fuera de número 2 de Besteiro por Lugo. El líder del PSdeG fue presidente de la Diputación de Lugo, es decir: hay liderazgo municipal, pero los resultados de los socialistas en esta provincia han sido nefastos, muy por detrás del PP y el BNG. Otro ejemplo: en Vigo, donde el liderazgo de Abel Caballero es como un percebe a una roca, ganó el Bloque.

Efectivamente, hay un problema de liderazgos autonómicos en el PSOE y en Galicia tiene mucho que ver con las peleas internas; cuatro líderes en 13 años de mayoría absoluta en la Xunta de Alberto Núñez Feijóo -y dos años de Alfonso Rueda, que emerge ahora como líder legitimado por la mayoría absoluta-: Pachi Vázquez, Besteiro durante tres años -el propio Pedro Sánchez le obligó a dimitir cuando fue imputado-, Gonzalo Caballero y Besteiro de nuevo -recuperado por Sánchez tras cerrarse su causa judicial-.  Ana Pontón lleva desde 2016 liderando un BNG sin fisuras que obtuvo ese año 6 escaños en las elecciones autonómicas; hoy tiene 25.

Emiliano García-Page gobierna Castilla-La Mancha desde 2015, cuando accedió gracias a un pacto con un Podemos inexistente ya que le permitió presidir la Junta pese a la victoria de Dolores de Cospedal (PP), que solo gobernó una legislatura. Page lleva más tiempo que Pontón siendo líder indiscutible e indiscutido del PSOE castellano-manchego y en CLM, los socialistas no tienen competencia a la izquierda, aunque el PP sí comparte la (ultra)derecha con un Vox con cuatro escaños. Desde que CLM es una Autonomía (1982), el PP solo ha gobernado cuatro años, tres menos que el PSdeG en Galicia, aunque la comparación entre una comunidad y otra ni se sostiene (o sí).


García-Page se ha alegrado de que Besteiro no cogobierne siquiera en Galicia con el BNG -un partido que, según el presidente de CLM, "odia" a España-, algo que le han afeado sus compañeros del PSOE, empezando por la vicepresidenta y número dos del partido María Jesús Montero. Según Page, la derrota en Galicia debe de hacer reflexionar al PSOE sobre su relación con los independentistas, que, por otro lado, permiten a Pedro Sánchez tener el Poder Ejecutivo. "No vamos a engañarnos, la realidad es que el producto era regional, pero el guiso era nacional", metaforizó el líder castellano-manchego.

La reflexión de Page, que el PP ha cogido al vuelo para su durísima oposición al Gobierno PSOE-Sumar y aunque dé la impresión de que Feijóo empieza a recular en su veto histérico al nacionalismo, es compartida, no obstante, por otros socialistas, así como por analistas políticos de distintas medios progresistas a los que hemos podido leer o escuchar estos días: la relación pactista del PSOE con los nacionalismos, independentistas o no, le estaría haciendo perder terreno autonómico. El caso gallego es un ejemplo de manual, concluyen las argumentaciones sin llegar al rechazo explícito de García-Page de preferir que se pierda Galicia a pactar con el BNG.

El caso es que los críticos señalan a Sánchez por pactar con Bildu, PNV, ERC, Junts y BNG para ser investido presidente y lo culpan de perder votos que pasan a los nacionalistas por sus cesiones, cuando el problema de Sánchez y Ferraz es empeñarse en digitalizar los liderazgos autonómicos, ni más ni menos. ¡Claro que Feijóo nombró a Rueda a dedo, pero es que Feijóo gobernó Galicia 13 años! Dicen los críticos que es el PSOE el que ha cambiado radicalizándose en su plurinacionalidad y eso está pasando factura al partido en los territorios, como si los socialistas -y el PP- no hubieran negociado y pactado nunca con los partidos soberanistas a lo largo de la democracia postfranquista. Page -y quienes piensan como él- aprovechan la debacle gallega del PSdeG con un candidato apadrinado por Sánchez directamente (uno más) para cargar contra los partidos nacionalistas, pese a que gracias a ellos, el PSOE gobierna España y cogobierna Navarra y Euskadi, como en su día cogobernó Catalunya, el País Valencià y hasta la propia Galicia.


El PSOE se habría radicalizado, advierten esos críticos internos, y en el partido cunde la preocupación y se le hacen los coros a la (ultra)derecha atacando a Puigdemont, primero, y a todos los demás nacionalistas después, así como a Sánchez por pactar con ellos. Nadie se plantea la cuestión inversa, que viene avalada además, por el liderazgo actual del PSC en Catalunya, aunque no gobierne la Generalitat, y por los resultados en las generales, tanto en la citada Catalunya, como en Galicia o Euskadi. ¿Y si son los nacionalismos vascos de PNV y Bildu, el gallego de BNG o incluso, los catalanes de Junts y ERC los que han ido cambiando y entrando en el terreno más federalista del PSOE en la práctica, particularmente los de izquierdas, porque les es más rentable en votos, y a los últimos resultados electorales me refiero? ¿Cuántas veces han oído hablar a Pontón de la independencia en Galicia durante la última campaña para el 18-F? ¿Y cuántas creen que la oirán mencionar a Bildu en Euskadi?

Precisamente, donde los nacionalismos son abiertamente independentistas y piden un referéndum de autodeterminación una y otra vez, aunque cada vez menos; donde iniciaron un procés de independencia hoy finiquitado y al que el PSOE trata de dar un carpetazo más democrático que el que le dio el PP -con el apoyo del mismo PSOE-, a golpe de estopa y togas ... Precisamente en Catalunya es donde los socialistas lideran y tienen más posibilidades de obtener la Presidencia en los dos comicios autonómicos que quedan en un año, los vascos (¿21 de abril?) y los catalanes.

El PSOE tiene un problema de liderazgos autonómicos, agotados el valenciano de Ximo Puig, el andaluz del chavismo (de Manuel Chaves) o el extremeño de Guillermo Fernández Vara. Pero ni Galicia ni Castilla-La Mancha resisten la comparación con esos territorios ni ninguno entre sí, sino que es el partido en cada Comunidad Autónoma (no en Ferraz) donde debe analizar, por un lado y sin-fi-su-ras, el relevo de estos líderes y, por otro, la diferenciación con los programas nacionalistas de izquierda, sobre todo, porque si se analizan bien (un decir siempre), ya son bastantes y de fondo. Y aquí sí entraría Ferraz con su proyecto de país, que se dice socialdemócrata y federal, plurinacional y diverso, europeísta, y donde la gestión de la diversidad estatal y las diferencias e, incluso, de las contradicciones entre territorios, así como de éstos con el Gobierno de España, impida a la (ultra)derecha y a algunos de sus coros socialistas identificar la pérdida de elecciones autonómicas con las necesarias negociaciones y el respeto democrático al nacionalismo/independentismo, ése al que hasta hace unas horas, el PP y Vox querían ilegalizar. Ahora solo quiere Vox, y no por casualidad tras una quinta mayoría absoluta de Feijóo y Rueda en Galicia. Verán.


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