Publicado: 06.03.2016 18:43 |Actualizado: 06.03.2016 18:43

Adiós a Berta Cáceres, la ambientalista que hablaba con los ríos

La líder hondureña asesinada amplificó la voz de los indígenas lencas. "Me siguen, me amenazan con matarme, con secuestrarme. Amenazan a mi familia. Esto es a lo que nos enfrentamos", había denunciado

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Imagen del sepelio  de la dirigente indigenista asesinada Berta Cáceres en La Esperanza (Honduras), su ciudad natal EFE/STR

Imagen del sepelio de la dirigente indigenista asesinada Berta Cáceres en La Esperanza (Honduras), su ciudad natal EFE/STR

TEGUCIGALPA.- Las calles de La Esperanza, en el occidente de Honduras, se convirtieron en un río de gente para despedir este sábado a Berta Cáceres, una mujer valiente, asesinada el 3 de marzo, quien decía que a través de su madre aprendió a conocer los ríos de su región, con los que hablaba.

En su lucha en defensa de los ríos y demás recursos naturales, fue terca y valiente más que todos los de su etnia lenca juntos, por la que también comenzó a luchar desde que era una adolescente.

A sus honras fúnebres asistieron miles de hondureños, incluso muchos que no le conocieron y que hasta ahora, cuando desde todas partes del mundo se ha expresado repudio por su asesinato, se han enterado de que fue una figura conocida internacionalmente.

No supieron muchos que ella comenzó en su adolescencia a tener una mayor conciencia sobre la importancia de los bosques y los ríos, y que defenderlos era defender la vida de su pueblo.

Antes de que con un grupo de jóvenes de su edad, entre ellos su exmarido, Salvador Zúniga, fundaran en 1993 el Comité de Pueblos Indígenas de Intibucá (COPIN), Cáceres ya tenía conciencia social y crítica, y había definido cuál sería su lucha, con su palabra como única arma, para denunciar la destrucción de los recursos naturales.

Fotografía cedida por Amnistía  Internacional de la líder indígena Berta Cáceres, asesinada el jueves en Honduras. EFE

Algunos hondureños comenzaron entonces a conocer a Berta Cáceres, aunque la figura más visible al frente del COPIN era Salvador Zúniga, de quien en una ocasión comentó que "a veces es muy emotivo" en la lucha de la etnia lenca que vive en el occidente de Honduras, una de las zonas más pobres del país centroamericano.

Berta Cáceres en su movimiento COPIN, que después pasó a ser el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), era más pensamiento y acción, haciendo un trabajo de obrera con lo que contribuyó a que los lencas fueran conocidos por sus compatriotas no solamente en los textos de estudio en las aulas.

Quizá nadie como ella, que era la coordinadora del COPINH, hizo trascender tanto a nivel nacional e internacional la situación de pobreza, falta de tierras y marginalidad en que durante muchos años han vivido los lencas.

El propio Salvador Zúniga, con quien procreó cuatro hijos, en las honras fúnebres le pidió perdón a su otrora "Bertita" por no haber podido comprender su "grandeza".

La violencia criminal en Honduras, que en promedio deja unos 13 muertos diarios, ha puesto fin a la existencia de la Berta Cáceres, que encabezó las primeras peregrinaciones indígenas del pueblo lenca a Tegucigalpa para exigir al Legislativo y el Ejecutivo conquistas sociales y respeto a todos sus derechos.

Amplificó las voces de los indígenas

El director de la Agencia Audiovisuales y Análisis de Prensa (AAP), Manuel Torres, indicó que Berta Cáceres "fue una dirigente que amplificó las voces de los indígenas lencas".

Agregó que la dirigente ambiental e indígena "también contribuyó a rescatar a ese pueblo de una especie de prehistoria en la que estaba sumido por intereses que les niegan la condición de sujetos y los reducen a objetos de manipulación y experimentación".

Berta Cáceres, quien fue asesinada en su casa, en la ciudad de La Esperanza, departamento de Intibucá, un día antes de que cumpliera 45 años, también llevó su voz a varios países de América y Europa.

Por su lucha a favor de la naturaleza recibió reconocimientos internacionales como el Premio Goldman de Medio Ambiente, el 20 de abril de 2015, en Estados Unidos.

Gustavo Cáceres llora sobre el féretro de su hermana la la defensora de derechos humanos y del ambiente Berta Cáceres durante su sepelio en la ciudad de La Esperanza (Honduras), donde ella nació e inició su lucha por la defensa de los recursos naturales.

Gustavo Cáceres llora sobre el féretro de su hermana la la defensora de derechos humanos y del ambiente Berta Cáceres durante su sepelio en la ciudad de La Esperanza (Honduras), donde ella nació e inició su lucha por la defensa de los recursos naturales. EFE/STR

Torres también recordó que "Berta, con su carácter solidario y entusiasta de las marchas indígenas a Tegucigalpa, reveló para el resto de la sociedad el dolor de los lencas y ese estado de emergencia permanente en que aún se encuentran".

La familia señala a una multinacional

Hasta ahora no se han esclarecido las causas de su muerte, aunque la familia la atribuye a una empresa extranjera que ha venido promoviendo un proyecto hidroeléctrico, a lo que siempre se opuso Berta Cáceres, quien en varias ocasiones denunció que ella y algunos miembros de su familia eran amenazados de muerte.

"Me siguen, me amenazan con matarme, con secuestrarme. Amenazan a mi familia. Esto es a lo que nos enfrentamos", indicó Cáceres para un informe de "Global Witness".

Berta Cáceres fue asesinada pese a que tenía medidas cautelares y hasta ahora se desconoce a los autores del crimen que ha conmocionado a los hondureños y la comunidad internacional.

La violencia en Honduras ha silenciado la voz de aquella veinteañera de piel color canela, rebelde y valiente que surgió en los años 90 del siglo pasado y que hablaba con los ríos.

Al recibir en 2015 el Premio Goldman de Medio Ambiente, expresó que "en nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz".

"De los ríos somos custodios ancestrales, el pueblo lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta", subrayó entonces Cáceres.

Decía además que "nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal".

"El Río Gualcarque -que cruza por su región- nos ha llamado, así como los demás que están seriamente amenazados. Debemos acudir", enfatizó la dirigente ambientalista por quien cantarán siempre los ríos de Honduras que defendió con su sangre.