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Apuesta brasileña por África

Entre 2000 y 2009 el comercio pasó de 3.000 a 26.500 millones de dólares

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Diez viajes en ocho años, 18 nuevas embajadas abiertas y el comercio entre Brasil y África cuadruplicado durante sus dos mandatos. Luiz Inácio Lula da Silva ha puesto a África en el centro de su política exterior como ningún otro líder lo ha hecho. Ha estado en nada menos que 25 de los 53 países africanos.

Al igual que China e India -compañeros en el grupo de países emergentes-, Brasil ha desembarcado en África en busca de materias primas y de inversiones atractivas.

El gigante minero brasileño Vale ha comenzado a operar en Mozambique y en Zambia. Vale quiere expandirse a la República Democrática de Congo y Namibia. La estatal brasileña Odebrecht se ha convertido en el mayor empleador privado en Angola. Sudán ha abierto su primera planta para fabricar etanol. La tecnología: brasileña. En 2000, el comercio entre Brasil y África fue de 3.000 millones de dólares. En 2008 ya alcanzaba los 23.000 millones y en 2009 supuso 26.500 millones de dólares.

'Brasil, no sólo yo, tomó la decisión de hacer realidad un reencuentro con el continente africano', dijo Lula durante uno de sus viajes. 'Brasil no sería lo que es hoy sin la participación de millones de africanos que ayudaron a construir nuestro país. Nunca podremos pagar nuestra deuda con África', añadió, en referencia a los 4,8 millones de esclavos que recibió Brasil. La influencia africana en el país más grande de América Latina está por todos lados: en la música, en la comida, en su sociedad multiétnica y en la diversidad de sus ritos religiosos. Pero no fueron sólo los lazos históricos lo que atrajeron a Brasil hacia África. 'Antes de que estallara la crisis, Brasil vio que la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio no avanzaba, el acuerdo de la Unión Europea con Mercosur estaba atascado y el Área de Libre Comercio de las Américas murió. Había que buscar otras alternativas', señala la investigadora de FRIDE Susanne Gratius.'Ha habido un compromiso personal de Lula, pero el interés en África va más allá de él. Hay áreas estratégicas en juego', explica Anthony Pereira, director del Instituto de Brasil en el King's College. 'Brasil está interesado en la seguridad del Atlántico, y en que el acceso al petróleo sea seguro. Eso concierne a la costa oeste africana'. Además, Pereira destaca el potencial de exportar la tecnología del etanol, en la que Brasil es experta, y su know-how en materia agrícola. 'Son intereses a largo plazo'.

Hay parte de la visión política actual brasileña, de su búsqueda de un nuevo orden mundial y de un mundo multipolar, destaca Pereira. 'Pero quien crea que la cooperación Sur-Sur de Lula trata de una panda de izquierdistas de los sesenta haciendo alianzas con los países del sur en lugar de con los poderes establecidos por razones ideológicas, se equivoca. El comercio ha crecido. Hay motivos materiales. Sus compañías se globalizan y están invirtiendo fuera'.

El dinero mueve a los brasileños, sí, pero su forma de acercarse al continente ha sido muy diferente al de otras potencias emergentes como China. Lula se cuidó mucho de destacarlo en sus visitas. 'China trae a trabajadores chinos. Brasil emplea a gente del país donde invierte', dijo. Brasil ha tenido un rol importante en temas vitales para los problemas africanos. Fue uno de los promotores de los medicamentos genéricos para luchar contra el sida, y su batalla en la OMC contra los subsidios de Estados Unidos al algodón dio de paso voz a los agricultores africanos afectados por el mismo problema.

'En África, Brasil es visto como un aliado, no como un explotador, que es como se ve a China', subraya José Julio Martín Sacristán, director de la Fundación Sur. La Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) ha confirmado que, en 2008, el total del comercio de África con los países en vías de desarrollo excedió por primera vez el comercio con la Unión Europea, tradicionalmente su principal socio comercial. Sin embargo, Unctad advierte que África debe tomar medidas para asegurarse de que 'sus relaciones comerciales con países emergentes resultan en una diversificación de su economía y no en la simple venta de materias primas, el patrón tradicional que ha tenido con el Norte'.

No es lo que está ocurriendo. Hasta ahora, África exporta a los llamados BRIC (Brasil, Rusia, India y China) minerales y petróleo, e importa bienes acabados. Una repetición del patrón no va a ayudar a África a reducir su dependencia de las exportaciones de materias primas', dice Unctad en su Informe sobre el Desarrollo Africano 2010. El objetivo debería ser construir capacidad productiva para que África pueda fabricar bienes sofisticados y de más valor añadido. Eso implica que sus socios vayan más allá y promuevan la transferencia tecnológica y de capacidades. Lula prometió que lo hará y deja encaminado su plan para una universidad que ofrecerá plazas a 5.000 africanos. 'Quienquiera que venga después de mí -ha dicho- tiene la obligación moral, política y ética de hacer mucho más'.