Publicado: 26.07.2014 17:56 |Actualizado: 26.07.2014 17:56

La breve tregua de Israel saca de entre los escombros el horror de 19 días de bombardeos

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Las breves horas sin bombardeos contra Gaza ha dado cierto respiro a la población de la Franja, pero también ha dejado al descubierto una cruel realidad: barrios y localidades completamente arrasadas y decenas de cadáveres bajo los escombros. A una hora del fin del plazo pactado, el número de cadáveres desenterrados bajo miles de kilogramos de cascotes superaba los 130 y hacía que la cifra total de palestinos muertos en estos 19 días de ofensiva israelí superara ya el millar.

Tras dos horas de tregua, el Gobierno israelí decidió prolongar el alto el fuego cuatro horas más. Finalmente, y tras una petición de la ONU, Israel ha aceptado dar 24 horas más a la tregua. Por su parte, Hamás ha rechazado la prórroga inicial y su brazo armado, las Brigadas Azadím al Kasem, ha asumido la responsabilidad del disparo de siete cohetes contra Israel. Ninguno de los proyectiles ha causado víctimas o daños.

La tregua entró en vigor a las 8.00 de la mañana locales (5.00 GMT) y debía terminar a las 20.00 horas (17.00 GMT), período en el que la población de Gaza ha podido salir a las calles para aprovisionarse. La comunidad internacional, encabezada por el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, y por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, había pedido a las partes una prórroga de doce horas, aunque Israel había considerado que aceptarla supondría un obstáculo a sus actividades militares en la franja para debilitar a Hamás y destruir los túneles que ha descubierto hasta ahora.

En los frentes de batalla de Beit Lahia, Beit Janún, Shahaiye, Al Juza o Rafah, y a todo lo largo de la Franja, hombres, mujeres y niños se apresuraban con un frenesí inusual en una mañana de Ramadán para conocer cómo estaban sus casas o huir por fin de "un infierno en la tierra". "Nos vamos, nos vamos, no sabemos donde pero ya no podemos resistir más. Aunque tengamos que dormir en la calle o la playa, siempre será mejor", explicaba Jaled al Sahrawi, en una de las atestadas carreteras que unen Beit Janún y Gaza ciudad.

Desoladas otros días, sometidas al agrio sonido de las bombas y los fusiles, las calles de esta población de más de 50.000 habitantes a solo seis kilómetros de la ciudad israelí de Sderot, eran este sábado un continuo ir y venir de gente. Camiones, taxis, coches desvencijados, motocarros, precarios carros tirados por burros famélicos y ambulancias convertidas en improvisados autobuses, todo vehículo con ruedas era útil para entrar y salir de un paisaje desolador.

Una infinita hilera de casas devastadas y esqueletos de hormigón —más de 1.800 inmuebles han sido destruidos por las bombas y más de 20.000 viviendas han sido dañadas por disparos según estadísticas palestinas— en los que cientos de personas se afanaban por salvar las pocas pertenencias que les quedaban. "Me costó años y miles de shekels levantar esta casa para mi familia. Todos nos ganábamos la vida en este taller", explicó por su parte Maher, junto a las máquinas con las que él y sus cinco hijos sacaban adelante a una familia de veinte miembros cortando bloques de piedra.

Algunos kilómetros más allá, en el centro de Beit Janun, la foto se tornaba en un gris plomizo que reencarnaba con escalofriante realidad aquellas fotografías que aún nos recuerdan la Europa arrasada de la Segunda Guerra Mundial. Una instantánea que a media mañana olía al pútrido aroma de las decenas de animales —en su mayoría burros y caballos— muertos en aceras y carreteras y al acre de los cuerpos en descomposición tras días y días bajo los escombros.

"¿A quién le importan los pobres? ¿A quién le importan los palestinos? Tenemos la desgracia de ser pobres y palestinos, y a nadie le preocupa que nos maten", gritaba a las cámaras Hatem, un joven desempleado de apenas 24 años. Espigado, moreno y con la barba tupida, extendía su ira más allá de la propia Franja y colocaba al presidente de Egipto, Abel Fatah al Sisi, en los primeros puestos de su lista de culpables de la actual masacre. "No solo Israel y Hamás. También el resto de países y Egipto, que permiten que estemos aquí, encerrados en esta cárcel desde hace siete años, sin un lugar al que huir", afirmó.

Según cifras del ministerio gazatí de Salud, al menos 1.050 palestinos han muerto —en su gran mayoría civiles— y más de 6.000 han resultado heridos en ataques israelíes desde que el pasado 8 de julio el gobierno del primer ministro, Benjamin Netanyahu, ordenara una ofensiva contra Gaza. Cerca de 800 de ellos —incluidos más de 150 niños— han perecido durante la actual incursión terrestre, iniciada hace nueve días, en la que también han perdido la vida en combate 40 soldados del Ejército de Israel.