Publicado: 15.10.2016 08:52 |Actualizado: 15.10.2016 08:52

Colombia sigue cosiendo la paz desde las calles

Tras la Marcha del Silencio el pasado 5 de octubre, la ciudadanía vuelve a organizarse y convoca protestas en varios puntos del país para que el resultado del plebiscito no bloquee el camino a la resolución del conflicto armado. Mientras, el presidente Juan Manuel Santos anuncia una prórroga del cese del fuego bilateral hasta el 31 de diciembre.

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Los ciudadanos piden paz en la calle en la Plaza de Bolívar, Bogotá / Twitter #PAZalacalle

 Plaza de Bolívar, Bogotá / Twitter #PAZalacalle

CARTAGENA DE INDIAS (COLOMBIA).- Las esclavas africanas de Cartagena de Indias decoraban sus cabellos con semillas de colores bajo la atenta mirada de sus patronos, que las suponían presumidas al intentar imitar una costumbre de las señoras de la casa. Un despiste, un forcejeo, una carrera, y hubo un día que de Las Bodegas de Cartagena -el lugar donde malvivían hacinados como animales los esclavos africanos en la Colombia colonial del siglo XVII- huyeron hacia un lugar remoto y de dificil acceso, en las faldas de los Montes de María. Allí montaron un palenque, una fortificación para protegerse de los patronos. Las mujeres sembraron las semillas que portaban en su pelo y convirtieron ese asentamiento en San Basilio de Palenque: el primer pueblo habitado por esclavos libres de la historia de Latinoamérica.

En la región del Caribe colombiano, a la que pertenece San Basilio, ganó el sí por corta mayoría en el referéndum sobre el proceso de paz para poner fin a más de 52 años de conflicto con las FARC. El último movimiento del presidente Juan Manuel Santos -premiado recientemente con el Nobel de la Paz - es un aplazamiento del alto el fuego hasta el 31 de diciembre porque la fecha inicial del 31 de octubre se les quedaba corta. Santos ha querido dejar claro que “no es un ultimátum ni fecha límite” aunque espera que el acuerdo llegue antes de final de año.



La “campaña de desinformación” y la victoria del ‘no’

La bandera de Colombia con una franja blanca / Nataly Fandiño

La abstención ante la consulta fue clamorosa tanto en esa zona del Caribe colombiano como en el resto del país, que llegó al 63%. Hubo 21 millones de colombianos que decidieron no salir a votar tras unos meses intensos de propaganda vertida de forma paralela al largo proceso negociador que empezó en Cuba, en septiembre de 2012.

“La campaña de desinformación por parte del expresidente Uribe fue la clave de la victoria del no”, asegura Sandra Velasques, profesora de la Universidad Nacional de Colombia. Ella recuerda esa entrevista en la que el gerente de la campaña de Uribe reconocía que la estrategia utilizada fue la de “dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación”. La idea era extender el miedo en todos los rincones a que Colombia se convirtiera en un “país castrochavista”.

La Iglesia, con toda la fortaleza que tiene en el país, jugó a favor del bando ganador y ayudó a propagar temores conservadores como que una mayoria del ‘sí’ en el plebiscito traería desorden y libertinaje. “A los que votaron en contra no les importa el país; es como si no se sintieran colombianos”, lamenta Nataly Fandiño, estudiante de Periodismo y Opinión Pública de Bogotá. “A mí me molesta más que la gente no fuera a votar que el resultado del plebiscito en sí”, añade.

Además de la “campaña de desinformación”, la presión que existe todavía hoy de los grupos armados en pequeños municipios de las zonas costeras, hizo que muchas personas no fuera a votar para no quedar estigmatizadas y también por miedo a posibles represalias. El resultado del referéndum arrojó una paradoja que la profesora Velasques resume en una frase: “Ganó el ‘sí’ en las zonas donde no se lee y hubo guerra; ganó el ‘no’ en las que sí se lee y no conocen lo que es la guerra”. El centro acabó decidiendo por la periferia.

La paz, bloqueada en un limbo jurídico

“Unos pusieron los muertos y otros vieron la guerra desde la televisión”, y curiosamente fueron los segundos los que, fieles a la campaña del expresidente Uribe, salieron a la calle para rechazar los acuerdos de La Habana, dice Paula Coral, funcionaria de la región de Nariño, cerca de la frontera con Ecuador. “Todavía no he encontrado a un votante del ‘no’ que me dé argumentos”, afirma. El actual presidente del país y el expresidente y líder de la oposición encabezaron cada uno un bando antagónico hasta el punto de convertir el proceso de paz en algo parecido a una lucha de egos: “Santos hizo la consulta para quitarle poder a Uribe y no le funcionó”, sentencia Paola. Su región, Nariño, ha sido una de las más golpeadas por la violencia y la guerrilla siempre ha tenido mucha presencia. De hecho, es la dueña de más de 17.000 hectáreas de cultivos ilícitos de coca y plantaciones de amapola, muy cotizada para la elaboración de heroína.

Intervención de Doris en Bogotá / Twitter #PAZalacalle

Intervención de Doris en Bogotá / Twitter #PAZalacalle

En los acuerdos de La Habana se fijaron 23 zonas “veredales” destinadas a los campamentos que acogerán a las personas que pertenecían a las FARC. Dos de ellas, Tumaco y Policarpa, se sitúan precisamente en la región de Nariño. En ambas se votó a favor de los acuerdos de paz, cosa que, de entrada, podría haber llevado a los habitantes de esas localidades a oponerse a los acuerdos. Tras la paradoja inicial, llega la incertidumbre que afecta especialmente a los lugares donde, antes de los acuerdos de paz, morían una media de 6 personas a la semana por el conflicto. “Desde que han quitado el cartel de ‘zona roja’ en algunas partes de Nariño están llegando una media de 12.000 turistas a la semana”, relata Paola. Los acuerdos levantaron las trincheras pero ahora, al perder toda la validez jurídica, todo queda en el aire.

Pero Paola avisa: “La violencia en Colombia no se termina con las FARC”. De momento, Santos va a seguir encabezando otro proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) que arrancará en Quito, Ecuador. En este caso, se tendrá que replantear la forma de refrendar los acuerdos y quizá buscar otro método más allá de la consulta popular como la reforma constitucional o la instauración de un sistema de cabildos abiertos que todavía está por definir.

La calle pide #AcuerdoYA

Intervención de Doris Salcedo en Bogotá / Twitter #PAZalacalle

“Ni un hombre, ni una mujer, ni un peso para la guerra” es el lema de una de las iniciativas ciudadanas que confluyen en las protestas organziadas en varios puntos del país. Son una continuación de los campamentos que han ocupado algunas plazas desde la Marcha por la Paz del pasado 5 de octubre y reiteran una petición clara lanzada en Twitter bajo los hashtags #AcuerdoYA y #PAZalacalle: que la sociedad civil se sume “a la construcción de la paz en esta nueva etapa”.

Además de manifestaciones, hay programadas algunas intervenciones como la que realizó la artista Doris Salcedo en la plaza Bolívar de la capital, Bogotá. Con la ayuda de más de 1.500 personas cosieron 2.300 telas que guardaban, cada una, el nombre de una víctima del conflicto para “reconstruir la memoria colectiva y el tejido social sumando ausencias”.

En Cartagena de Indias, la ciudad que fue escenario el pasado 26 de septiembre de la firma de los acuerdos de Paz entre el Gobierno y la guerrilla, hay convocada una manifestación para este viernes que terminará frente al Parque del Centenario con una invitación a seguir la protesta dentro de las tiendas de campaña que ya ocupan sus plazas.