Publicado: 16.12.2015 21:09 |Actualizado: 17.12.2015 07:00

Cuba-EEUU, el 2016 será un año decisivo

Durante los últimos 12 meses, el turismo de estadounidenses sigue prohibido, el bloqueo económico vigente y el uso del dólar vetado para las transacciones comerciales de la isla

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Marines estadounidenses elevan la bandera americana en la Embajada de EEUU en La Habana. AP/Pablo Martinez Monsivais

Marines estadounidenses elevan la bandera americana en la Embajada de EEUU en La Habana. AP/Pablo Martinez Monsivais

LA HABANA.- El mayor beneficio que podría sacar económicamente Cuba es a través del turismo, pero EEUU mantiene una prohibición que limita el número de viajeros. Crecieron pero aún no llegan a 150 mil, cuando el potencial ronda los 3 millones de turistas estadounidenses. Obama abrió la posibilidad de viajar a la isla prohibida, pero para hacerlo el turista tiene que mentir al gobierno diciendo que viaja por razones académicas, religiosas, informativas, etc..

Sin embargo, este mínimo crecimiento del turismo estadounidense arrastró a visitantes de otras partes del mundo, dando un aumento global del 18% durante este año. Muchos quieren conocer Cuba “antes de que se inunde de americanos”. Ariel Terrero, periodista cubano especializado en temas económicos, asegura que “nunca se había dado una zancada de tal magnitud en tan breve plazo: medio millón de visitantes de crecimiento en un año”.



A pesar de que el Embargo sigue vigente, la situación económica de la isla también mejoró. Los empresarios del resto del mundo perciben que el bloqueo económico es un enfermo terminal, pierden el miedo a las represalias estadounidenses y buscan oportunidades de negocios con La Habana. Inversores de los 5 continentes han visitado la isla durante los últimos 12 meses, mientras países como Corea del Sur o España ofrecen decenas de millones en líneas de crédito.

En los últimos días la agencia Moody’s, reconocida calificadora de riesgos, mejoró la calificación la isla porque está logrando diversificar “con éxito” su economía. Mientras el Club de París llegó a un acuerdo histórico, en el que se condona los intereses de la deuda cubana y se acepta el pago de una parte en inversiones dentro de Cuba

Cuba se mueve pero sin prisa

Sin embargo, “no estamos aprovechando plenamente esta ola inversora, negociamos con demasiada lentitud”, dice un economista cubano a Público y agrega que “debería trabajarse más rápido porque la marea puede descender de un momento a otro y ser otro país el centro de la atención”. Ciertamente se cierran pocos acuerdos respecto del número de ofertas y las negociaciones son bastante largas, tal y como si el país dispusiera de todo el tiempo del mundo.

La Zona Especial de Desarrollo del Mariel, donde el gobierno pretende dirigir la mayor parte de las inversiones, es un buen ejemplo. Tras concluir las obras del puerto de contenedores poco más se ha hecho. Un profesional cubano expresó que “el viernes pasado asistí a una presentación de la ZEDM por un funcionario y lo único que mostró después de 2 años fue movimiento de tierra, no han terminado ni el edificio administrativo”.

Incluso en lo interno se ha producido un estancamiento de las reformas, durante el último año no se aprobó ni una sola cooperativa, el trabajo de los autónomos se mantiene estancado en el medio millón de personas, entre otras cosas porque no se autorizaron nuevos oficios ni se les da facilidades, como mercado mayoristas, uno de sus más antiguos reclamos. Mientras la unificación monetaria duerme en una gaveta sin que nadie sepa cuando se convertirá en realidad el sueño de tener una sola moneda.

En el 2016 se juega todo

Washington tampoco avanza muy rápido. El Embargo Económico solo lo puede eliminar el Congreso pero no es menos cierto que el Ejecutivo tiene facultades que aún no utiliza. Obama podría, por ejemplo, permitir el uso del dólar en las operaciones comerciales de La Habana, autorizar los créditos estadounidenses privados para las transacciones cubanas y eliminar el programa de visas expeditas para los médicos cubanos que cumplen misión en terceros países, mediante el cual buscan restarle a Cuba su principal fuente de ingreso.

El próximo año será determinante para los dos presidentes, Obama debe darle mayor calado a su acercamiento a Cuba para evitar que quien lo sustituya pueda revertir “su legado”. Para avanzar cuenta con el apoyo de la mayoría del electorado, incluso de los cubanoamericanos y también del grueso de los empresarios que ambicionan penetrar un mercado casi virgen. Tan es así que muchos mantienen registradas sus firmas en Cuba, un abogado de McDonald por ejemplo acaba de obligar a cambiar el nombre de una pequeña cafetería privada de la provincia de Camagüey porque utilizaba la misma marca y logo de la empresa de hamburguesas de los EEUU.

La vinculación empresarial sería un lazo difícil de romper para el próximo inquilino de la Casa Blanca. Obama ha intentado entrar con las empresas de internet, Google ofreció crear redes WIFI gratuitas en toda Cuba en un plazo de 3 años pero la Habana rechazó la oferta porque considera el sector de las comunicaciones como estratégico y optó por un desarrollo más lento con un socio chino. Sin embargo, Washington tampoco abre otros sectores, una fábrica de tractores autorizada por Cuba a producir en la Zona de Mariel no termina de obtener el permiso de EEUU para establecerse en la isla.

Cola para la Oficina de Intereses en La Habana. EFE

Cola para la Oficina de Intereses en La Habana. EFE

Para Raúl Castro también el 2016 será un año decisivo, se realizará el Congreso del Partido Comunista y será el último en el que participe porque ya anunció su retiro político para febrero del 2018. Seguramente, junto al Presidente se jubilará el resto de los miembros de la generación histórica, los que tiene más autoridad para cambiar el modelo, por ser los que lo crearon y también porque son los padres fundadores de la Revolución Cubana. Definir en este congreso claramente el modelo, el rumbo y el ritmo de la reforma será clave para facilitar el trabajo de los que vengan detrás.

Si el legado de Barack Obama es dejar restablecidas las relaciones con Cuba tras medio siglo de enfrentamientos, el de Raúl Castro será poner a su nación en la ruta hacia un modelo de desarrollo sustentable y próspero. La diferencia es que si el legado de Obama se frustra no tendrá grandes consecuencias, mientras que si las reformas de Raúl Castro fracasan la Revolución Cubana puede llegar a desaparecer.