Publicado: 27.12.2013 21:27 |Actualizado: 27.12.2013 21:27

Dimiten tres diputados del partido de Erdogan mientras se reavivan las protestas en la calle

La Policía reprime con gases lacrimógenos y cañones de agua a los manifestantes que exigen la renuncia del Gobierno turco por el escándalo de corrupción

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Tres diputados del gobernante partido AKP han abandonado este viernes sus escaños en protesta contra Recep Tayyip Erdogan y su forma de lidiar con el gran escándalo de corrupción que presiona cada vez más al primer ministro de Turquía, en el marco de nuevas manifestaciones que se saldan con la detención de al menos 31 personas en Estambul según el Colegio de Abogados de la ciudad turca.

Mientras el líder islamista arremetía duramente contra la Justicia, la Policía reprimía con cañones de agua, gases lacrimógenos y balas de goma a cientos de manifestantes que pedían la dimisión del Gobierno. Erdogan aseguró que el Consejo del Poder Judicial de Turquía es una "vergüenza" y "criminal" después de los jueces denunciaran los intentos del gobierno de controlar los cuerpos policiales y los fiscales. El Gobierno pretendía obligar a los jefes policiales a informar siempre a sus superiores si la Fiscalía los requería para una detención, algo que ayer supuso el bloqueo de una investigación de corrupción lanzada por un fiscal pero que fue abortada.

El primer ministro acusó al órgano judicial de haberse extralimitado en sus funciones, ya que entre éstas no está la de hacer declaraciones públicas. El Consejo "ha cometido un delito. ¿Quién lo juzgará? Yo lo juzgaría ahora mismo, si tuviera la autoridad. Pero lo juzgará la nación", aseveró un desafiante Erdogan. El Tribunal Constitucional turco anuló el último decreto gubernamental que buscaba controlar a fiscales y comisarios de la policía, en un nuevo revés para el gobierno turco en lo que es ya una guerra abierta entre el Ejecutivo y la Judicatura. Junto con el cese y traslado de cientos de mandos policiales, la medida posibilitó el bloqueo de una segunda oleada de detenciones que iba a afectar no solo a altos cargos de empresas públicas sino potencialmente incluso a un hijo del propio Erdogan.

Por la tarde, la policía turca impidió a la fuerza que miles de manifestantes se reunieran en la céntrica plaza de Taksim para expresar su repudio al Gobierno y exigir su dimisión. Los antidisturbios reprimieron con gases lacrimógenos, cañones de agua a presión e incluso balas de plástico a los manifestantes. Convocados a través de las redes sociales, algunos manifestantes se reunieron en la plaza, ante una fuerte presencia policial, mientras que otros empezaron a levantar barricadas en la adyacente calle Istiklal, arteria comercial de Estambul.

Decenas de manifestantes radicales tiraron grandes piedras y petardos contra los agentes, tratando de impedir el paso de los antidisturbios, que intervinieron con cañones de agua a presión y grandes cantidades de gases lacrimógenos. Las escenas hacían pensar en las protestas sociales del parque Gezi en junio pasado aunque la afluencia de manifestantes era algo menos numerosa. Los manifestantes llevaban pancartas con lemas como "Taksim está en todas partes. Resistencia en todas partes". Otros coreaban "Sobornos en todas partes. Corrupción en todas partes". "El gobierno no dimitirá. Nunca dimite, tampoco lo hizo en verano. Pero nosotros seguiremos en la calle. Esto es lo importante", aseguró una joven activista, que consideraba los enfrentamientos violentos como "inevitables".

Mientras los enfrentamientos se desarrollaban en Istiklal y las calles cercanas, donde ardían pequeñas barricadas y cubos de basura, la policía acordonaba parte de la plaza Taksim y exigía circular a los transeúntes. Una de ellas declaró  que pese su radical desacuerdo con el gobierno no se deseaba unir a la manifestación, a diferencia de lo que hizo en Gezi. Es que esta vez se trataba de un mero enfrentamiento entre el partido gubernamental, el islamista AKP, y la red de su otrora aliado, el predicador Fethullah Gülen, cuyos seguidores parecen tener una gran influencia en la Judicatura. "No quiero apoyar a ninguno de estos dos bandos", manifestó.

Turquía es sacudida desde el 17 de diciembre por un enorme escándalo de corrupción y sobornos, que ha causado una profunda remodelación del gabinete de gobierno, mientras que 24 personas están detenidas, entre ellas dos hijos de ministros. En total, han dimitido ya cuatro ministros por las revelaciones de la Justicia. En el centro del escándalo se encuentra el banco estatal Halkbank, que habría realizado negocios ilegales con petróleo iraní a cambio de oro. Mientras, otras personas cercanas al Gobierno habrían hecho negocios con especulaciones urbanísticas, todo con el supuesto conocimiento del propio Erdogan, según denunció uno de los ministros dimitidos esta semana. En medio de esta crisis, la incertidumbre sobre la permanencia en el poder de Erdogan está causando bajas en la Bolsa y mínimos históricos de la lira turca frente al euro y el dólar.