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El Ejército sirio usa armas pesadas para reprimir la revuelta popular

Más de 57 personas perecen en Siria durante otra jornada de violencia. Los tanques penetran en Deir al Zur

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Siria vivió ayer otra jornada de gran violencia que se saldó con la muerte de decenas de personas en varias localidades del país, especialmente en Deir al Zur, cerca de la frontera con Irak, una ciudad que ha sido testigo de una revuelta casi continuada durante las últimas semanas.

La represión más cruenta, que incluyó el empleo de armas pesadas, se descargó ayer sobre Deir al Zur, la capital de una provincia productora de petróleo, donde por lo menos se registraron 42 muertes a lo largo del día, según el cómputo de activistas sirios.

El nuevo bastión rebelde bajo ataque militar es capital de una zona petrolera

A estos hay añadir por lo menos otros 13 muertos en varios pueblos de la llanura de Hula, que está cerca de la ciudad de Homs, en el centro del país, así como un número indeterminado de fallecidos en otras zonas del país.

En la mañana de ayer, y bajo la protección de fuego de ametralladoras, tanques y excavadoras del Ejército penetraron en Deir al Zur y desmantelaron las barricadas que durante los últimos días habían levantado los residentes. Las mezquitas de la ciudad emitieron continuamente por los altavoces la consigna de 'Dios es grande', que sugiere una vinculación entre los rebeldes y los islamistas.

La población de Deir al Zur es de etnia árabe y muchos ciudadanos han sido armados por el Gobierno de Damasco para hacer frente a los milicianos kurdos que viven en el norte de Siria y con los que la población árabe ha tenido problemas históricamente.

Muchos sublevados son árabes armados por Al Asad para combatir a kurdos

Esta ofensiva de grandes proporciones contra Deir al Zur se inició poco después de que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, lograra comunicarse por teléfono el sábado con el presidente Bashar al Asad y le expresara su inquietud por una situación que se está deteriorando constantemente. Ban Ki-moon había tratado de hablar con Asad en varias ocasiones durante las últimas semanas pero el presidente sirio nunca se había puesto al aparato.

El secretario general de la ONU le expresó su 'granpreocupación' y la de la comunidad internacional por el 'incremento de la violencia' y el elevado número de muertos durante los últimos días. Esta llamada muestra el creciente aislamiento de Siria. Aunque Al Asad dijo, según la agencia oficial SANA, que 'Siria está en el camino de la reforma', estas palabras tienen poca credibilidad para la oposición y la comunidad internacional.

El aislamiento de Damasco crece y sus aliados también ejercen presiones

Hablando con el ministro de Exteriores libanés, Adnan Mansur, Al Asad afirmó que el comportamiento del Ejército es el adecuado para tratar con las 'bandas armadas' que se enfrentan a los militares. 'Combatir a los forajidos que cortan las carreteras, cierran las ciudades y aterrorizan a los ciudadanos es una obligación del Estado, que debe defender la seguridad y proteger la vida de los civiles', dijo Asad.

El aislamiento de Damasco es cada vez más evidente y las relaciones con los pocos países que todavía se consideran aliados del régimen de Al Asad son tensas. Está ocurriendo con Turquía y con Rusia. Desde Ankaray Moscú no dejan de advertir a Al Asad de que ha tomado un camino equivocado, mientras que los occidentales sólo le ofrecen la alternativa de dimitir.

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, quien antes de que se iniciaran las protestas en Siria, a mediados de marzo, mantenía buenas relaciones con Al Asad, ha endurecido su posición y ayer anunció que el martes viajará a Damasco su ministro de Exteriores para transmitir un mensaje claro al presidente sirio.