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Elecciones Generales en Alemania La impronta neonazi de la AfD alemana

El partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD), que en 2013 se quedó a las puertas del Parlamento con un 4,7 % de los votos, ahora será la tercera fuerza más votada, según adelantan las encuestas. A pocos días de las elecciones, el partido ultra no reniega de su influencia nazi, y así lo ha mostrado durante la campaña.

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Simpatizantes de Alternativa para Alemania (AfD) gritan durante un acto de campaña de la canciller alemana Angela Merkel el 6 de septiembre del 2017. REUTERS/ Reinhard Krause

Durante estos últimos días es muy recurrente escuchar, en ambientes jóvenes de Berlín, conversaciones sobre lo que pasará el próximo domingo, fecha de las elecciones a la cancillería. Un grupo de chicas cercanas a los 30 años celebran la vida en un bar queer de uno de los distritos más populares de la capital, el barrio de Neukölln, donde hay una mayoría musulmana reconocible en cada rincón. Es uno de los barrios más multiculturales de la ciudad y donde conviven credos múltiples y los locales más de moda de la ciudad, donde la libertad es casi una obligación moral.

Al ver la última encuesta de intención de voto del barómetro Deutschlandtrend, que ya da a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) un 12% de la intención de voto, se escucha a una de ellas decir: “Es una verdadera tragedia”. Cuando intentan profundizar más en las causas de que la extrema derecha vaya a volver por primera vez desde la caída del nazismo (y, fuertemente, al nuevo Bundestag), zanjan la discusión, realmente abatidas. No quieren hablar más de política. No soportan saber que en pocos días la AfD será una realidad en el parlamento alemán, seguramente como tercera fuerza política.

Hace meses que la AfD ya no se corta en defender posiciones radicales, hasta ahora nunca expresadas por ningún partido con tal tirón electoral y mediático. Entre los ejemplos más notorios, cuando su ahora exlíder Frauke Petry dijo después de la crisis de refugiados de 2015 que “habría que dispararles en las fronteras para evitar que entren a Alemania”. Lejos de desdecirse, Beatrix Von Storch (figura destacada del partido y actual eurodiputada) apoyó estas declaraciones y añadió que también podría cotejarse abrir fuego si fuesen mujeres y niños. Von Storch es nieta del Ministro de Finanzas de Hitler, Lutz Graf Schwerin von Krosigk, quien además también fue el último canciller de la época nazi tras la muerte de Adolf Hitler.

Un poste publicitario en Berlín muestra un cartel de Alternativa por Alemania (AfD) con los rostros pintados de Alexander Gauland y Alice Weidel, los líderes actuales del partido ultraderechista. 14 de septiembre del 2017. REUTERS/ Fabrizio Bensch

De opinión a opinión

Siguiendo con la estela de declaraciones polémicas, una de las más sonadas ha sido la del líder de Alternativa para Alemania en Turingia, Björn Höcke. Dijo que Alemania “es el único país de Europa que tiene en el centro de su capital un monumento a la vergüenza”, en referencia al memorial por las víctimas del holocausto nazi. Tampoco hubo rechazo a estas declaraciones por parte de su partido y uno de sus actuales líderes, Alexander Gauland, rehusó pedir perdón por ellas o expresar una postura contraria, argumentando que “Björn Höcke es una de las almas de nuestro partido”.

Alexander Gauland: “Hay que alabar el papel de los soldados alemanes [ejército nazi] en la IIGM”

Él mismo reconoció que la crisis de los refugiados había sido “un regalo” para su partido. La llegada de solicitantes de asilo es su principal baza electoral, así como los atentados yihadistas, de los que culpabilizan a Angela Merkel y a los propios refugiados. Recientemente compartieron en sus redes sociales una infografía en la que aparecían unas huellas de vehículo sobre el asfalto rodeadas de sangre. En ella se leían dónde habían sido los últimos atentados y cuántas víctimas mortales habían ocasionado, destacando Barcelona porque hubo cuatro víctimas alemanas. Definen a las víctimas como “los muertos de Merkel”, denominación que también ha causado un gran escándalo mediático.

La supremacía racista también es un tema que está entre sus discursos públicos. El año pasado, su actual líder, Alexander Gauland, dijo lo siguiente sobre Jerome Boateng, el jugador de la selección alemana de fútbol de padre ghanés: “La gente lo ve bien como jugador de fútbol, pero nadie querría que fuese su vecino”. Gauland también defendió hace escasos días que “hay que alabar el papel de los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial”, en referencia al ejército nazi.

La "parte noble" de la ultraderecha

Este ala del partido, abiertamente ultraderechista, convive con otra de corte más liberal-conservador, que da una imagen más fresca a la formación política. Su otra líder (tienen doble liderazgo) es Alice Weidel, una exempresaria que trabajó para Goldman Sachs y que vive junto a su mujer, procedente de Sri Lanka, y sus dos hijos en Biel (Suiza). Esta campaña electoral tampoco ha estado exenta de polémica para Weidel, a quien recientemente el periódico alemán Die Zeit sacó los colores, al desvelar que tuvo a una refugiada siria como empleada doméstica en su casa (y a la que pagaba en negro). Inicialmente Weidel respondió que eso eran “fake news” (mentiras falsas) y que tenía a una estudiante como empleada, pero que en Suiza se le puede pagar a las empleadas del hogar en mano si no cobran más de 750 francos al mes.

Alice Weidel: “Los fascistas del ayer son los antifascistas de hoy”

Un par de días después, la candidata de la AfD dijo que su mujer y ella conocieron a una familia siria pero cristiana (lo cual subrayó varias veces y aprovechó para denunciar su “persecución como minoría en Siria y ahora también en Europa”, añadió) y que les ayudaron con los problemas burocráticos iniciales. Esta familia habría contribuido domésticamente en casa de Weidel pero, según la líder de la AfD, no aceptaron cobrar nada. A pesar de que manifestar estas opiniones públicamente no deja mucho lugar a las dudas para situar a Alternativa para Alemania en el lado derecho más marginal del espectro político, se siguen ofendiendo cuando alguien se lo recuerda

Ocurrió recientemente en un debate televisivo, que Alice Weidel abandonó ofendida cuando otro partido le recordó que son ultraderechistas. Ella misma escribió, según el diario Die Welt, un correo racista en 2013 refiriéndose a los miembros del partido de gobierno como “cerdos” y “marionetas de las potencias vencedoras”, nomenclatura que designa a los países aliados que vencieron al III Reich de Hitler tras la Segunda Guerra Mundial. Según dijo Weidel el otro día, “los fascistas del ayer (refiriéndose al nazismo) son los antifascistas de hoy”. Y contra el antifascismo tuvieron en Baviera una campaña llamada “AfD te ayuda a salir de la vida ‘antifa’”, decían en la página web de su partido en el estado sureño.

Carteles de Alternativa por Alemania (AfD) de este periodo de campaña en 2017.

Campaña: Del póster a la net

Su otra gran proclama es detestar el Islam, del que ya se han definido como enemigos. En sus carteles electorales de este año hay consignas como: “¿Burkas? Nosotros preferimos bikinis”, se puede leer sobre una foto de tres chicas jóvenes en bikini; póster que ya ha sido calificado de sexista, además de islamófobo. La identidad también es su leitmotiv. Llegaron a decir que cada familia alemana debía tener “al menos” tres hijos, para preservar la identidad nacional. Y en otro de sus carteles se lee: “¿Una nueva Alemania? La construimos nosotros mismos”, enmarcado en una foto de una embarazada.

Para su campaña electoral, ficharon a Harris Media, la agencia que llevó la campaña electoral de Donald Trump. Y su impacto en las redes sociales es el más alto de todos los partidos que entrarán al nuevo Bundestag. Gracias a estos medios, han conseguido reunir casi un millón de euros en donativos para su campaña; su actividad virtual es frenética. Incluso retransmiten sus mítines en directo vía redes sociales (para los que piden inscripción previa, y, en algunos, abonando entrada en torno a los 15 euros).

Una mujer con un pañuelo en la cabeza camina por delante de uno de los carteles de campaña de Alternativa por Alemania (AfD) en Marxloh, un barrio de Duisburgo conocido por acoger a una mayoría turca entre sus residentes. 13 de septiembre del 2017. REUTERS/ Wolfgang Rattay

Bajo el amparo telemático, difunden consignas abiertamente racistas. La semana pasada, por ejemplo, su exlíder Frauke Petry compartió un cartel en el que se ponía: “No a la reunificación de familias sirias, deben quedarse en su país porque serán necesarios allí para reconstruirlo”. Sus agresivas declaraciones han provocado que sus coches hayan recibido varios ataques. Así, el año pasado incendiaron premeditadamente el vehículo de Frauke Petry en Leipzig, y lo mismo ocurrió con el de Beatrix Von Storch meses atrás en Berlín.

Sobre las 'conexiones nazis' de la AfD, el asesor político Franco delle Donne cuenta que “está claro que existen las conexiones, pero no están blanqueadas. Por ejemplo, en sus inicios, la AfD no afiliaba a su partido a nadie con pasado del NPD (partido neonazi alemán), pero era una mera formalidad que, 'por error' podía evitarse”. Delle Donne ha escrito un libro llamado El retorno de la ultraderecha a Alemania junto a Andreu Jerez. “Existe el ejemplo de la facción que nosotros llamamos ‘etnonacionalista’, donde el discurso de la identidad nacional y los valores patrios está sumamente presente. Pero la AfD ha sido, desde el inicio, mucho más inteligente que el neonazismo”.

El miedo a que lleguen al parlamento se palpa ya en las calles de Berlín. En muchos barrios, con mayoría musulmana, se cuelgan carteles que animan a ir a votar el domingo. “Vota a quien quieras, salvo a Alternativa para Alemania”, rezan las proclamas.