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Se entrega un adepto de la secta que atentó en el metro de Japón

La Verdad Suprema mató a 13 personas e hirió a miles con gas sarín en el metro de Tokio en 1995

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Más de tres lustros después del atentado con gas sarín que provocó la muerte de 13 personas en el metro de Tokio, un exmiembro de la secta acusado de varios crímenes se entregó a los autoridades japonesas. Makoto Hirata era uno de los tres adeptos de la secta de la Verdad Suprema (Aum Shinrikyo) que permanecían en libertad tras la jornada de terror que sumió en el pánico a los usuarios del suburbano tokiota, cuando varios miembros de la organización religiosa llevaron a cabo ataques simultáneos con el gas nervioso en cinco trenes.

Aquel 20 de marzo de 1995, unas 6.000 personas resultaron heridas de diversa consideración, ya que la agresión tuvo lugar en plena hora punta. Las imágenes de multitud de cuerpos caídos en las plataformas y de soldados con máscaras sellando las estaciones de metro resquebrajaron la imagen que tenía Japón de sí misma como paraíso de la seguridad pública, aunque este no fue su único crimen.

Hirata, que estaba en busca y captura desde mayo de 1995, se presentó en una comisaría de Tokio minutos antes del año nuevo. Nada más entregarse, fue detenido como sospechoso de estar implicado en el secuestro del conserje de una notaría de la capital japonesa, que tuvo lugar en el mismo año del atentado con gas sarín. El hermano del raptado, que murió un día después de su desaparición por una obstrucción de traquea tras recibir una inyección, era un adepto que había abandonado la secta un mes antes del atentado.

Las Fuerzas de Seguridad también sospechan que Hirata, que se unió a la secta en torno a 1987, podría estar implicado en el asesinato en 1995 del jefe de la Policía Nacional. El detenido confesó a los agentes que se había entregado porque tenía ganas de poner punto final a una fuga que se prolongó durante más de 16 años.

Más allá de Hirata, el rostro más popular de la secta de la Verdad Suprema es el de su fundador, Shoko Asahara (cuyo nombre real es Chizuo Matsumoto), un santón medio ciego que llegó a captar a unas 10.000 personas en Japón. Condenado a muerte en 2006, el líder espiritual conjugó el budismo, el hinduismo y una visión apocalíptica. Tras el ataque al metro, 13 miembros de la secta, incluido él, fueron condenados a la pena capital. Sus abogados adujeron un presunto desorden mental, pero la Justicia lo condenó a la horca.