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Entrevista a Wadah Khanfar, ex director general de Al Jazeera “El fracaso de la primavera árabe es sólo el primer acto. La democracia triunfará”

El ex director general de Al Jazeera, dimitido en 2011 tras cubrir las primaveras árabes, impulsa foros como el de Oriente, en Ginebra y el de Acción Común en Madrid, contra la islamofobia y por un orden mundial sostenible. "Ningún sirio, iraquí, libio... desearía jugarse la vida en el Mediterráneo para llegar a Europa si pudiera vivir con dignidad en su patria", afirma.

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Wadah Khanfar, ex Director General de Al Jazeera y Presidente del Common Action Forum. /CLARA BELLÉS

Wadah Khanfar fue tres años director gerente y cinco director general (2003-2011), de la cadena referente del mundo árabe, Al Jazeera, -creada por el Emirato de Qatar en 1996 aunque internacionalmente despegó tras el atentado del 11-S 2001 a las Torres Gemelas por Al Qaeda. De esos ocho años con Khanfar al frente, destaca la diversificación con el canal de documentales, el de deportes, noticias 24 h, servicios on-line y móviles, y Al Jazeera en inglés.

El final, agridulce, en un 2011 donde cubrió con entusiasmo la primavera árabe en Túnez, Egipto, Libia, Yemen y Siria, concluyó con su nombramiento como “pensador más influyente del mundo” por la revista Foreign Policy, pero acabó por dimitir. Su renuncia se vinculó a las revelaciones de WikiLeaks, por un cable según el cual accedió ante el embajador de EEUU a eliminar planos de iraquíes heridos en la ocupación, algo que él desmiente.

Desde su reemplazo por Ahmed bin Jassim Al Thani, miembro de la familia real catarí, Wadah Khanfar ha creado el think tank Al Sharq y Common Action Forum, que en noviembre, por tercer año, reunió en Madrid a cincuenta personalidades internacionales para debatir, esta vez, Los límites de la desigualdad: hacia una sociedad sostenible. En la cita se respaldó la renta básica, la expansión de la democracia, la superación del eurocentrismo y la islamofobia -tras la inauguración en que el filósofo Antonio Escohotado imputó a los musulmanes desde el mal trato masivo a las mujeres, incluida la ablación de clítoris, hasta un plan de expansión global connivente con el yihadismo.

"Ningún sirio, iraquí, libio o somalí desearía jugarse la vida en el Mediterráneo para llegar a Europa si pudiera vivir con dignidad en su patria"

Pero donde Wadah Khanfar también mostró inquietud “por retos universales como la preservación de recursos, la inteligencia artificial y la biotecnología”. En la sesión sobre el futuro de los medios de comunicación emergió la faceta de directivo al vaticinar que “sólo los muy especializados, de investigación y que abaraten costes serán competitivos”.

Todo hombre es, en buen grado, lo que dicta su pasado. Y Khanfar nació en la palestina Yenín en 1968, meses después de la Guerra de los Seis Días en que Israel ocupó la ciudad como el resto de Cisjordania -hasta los acuerdos de Oslo de 1996-. Descendiente de yemeníes, se licenció en Ingeniería en la Universidad de Jordania en 1990 para, luego, hacer el doctorado en Filosofía, diplomarse en Estudios Africanos y Relaciones Internacionales en la Universidad de Sudán.

En Al Jazeera empezó como reportero en la Sudáfrica de los 90 que desmantelaba el apartheid rumbo a la democracia, con un Mandela ya libre. Fueron años clave al inaugurar una carrera periodística que seguiría, en 2001 y 2002 en Afganistán e India, y en 2003 en la II Guerra de Irak. Pero también porque, como ha declarado, en Sudáfrica aprendió “de lucha política y reconciliación”.

¿Por qué ha creado el Common Action Forum y ha elegido como sede Madrid?

Es una reunión de profesionales de diversas procedencias políticas y culturales que exploran alternativas a la coyuntura global. Estos foros tradicionalmente han tenido sede en Londres lo que refuerza la visión eurocéntrica. Madrid, en cambio, es una apuesta estratégica por la apertura dada la situación de España, país europeo, puerta a África y Oriente Medio, por su proximidad a Marruecos y a Latino América, por el idioma.

Al Jazeera es epicentro de la tensión entre Arabia y Qatar por el ultimátum saudí, en julio, para cerrar el canal. ¿Cómo está la situación?

Aún no se ha resuelto el bloqueo de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto a Qatar y, aunque no se ha llegado a una escalada militar, continúa la hostilidad verbal que genera una tensión innecesaria en la región. Qatar ha logrado soportar bien el bloqueo, no he visto cambios graves y ha fracasado el intento de imponer condiciones, como el cierre de Al Jazeera. El Emir acaba de afirmar que no aceptará la clausura jamás.

¿Su actividad impulsando estos think tanks es una rama diplomática del canal?

No, yo dejé Al Jazeera hace 5 años y, desde entonces, dedico mi capacidad como periodista, que es como me gusta verme, a laboratorios de ideas geopolíticas como Al Sharq de jóvenes internacionales o CAF. Tengo mi propia empresa de comunicación, pero sigo apreciando y respetando a Al Jazeera por su gran trabajo.

¿Recibió muchas presiones de los dueños de la cadena, el Emirato de Qatar?

¡De presiones tengo historias para empezar y no acabar! No sólo de los dueños, de gobiernos de la región, de los americanos, los occidentales, asiáticos. Formaba parte del trabajo ya que Al Jazeera, al fin, cubría noticias de una región hasta entonces infra-mostrada, con conflictos graves, imágenes de alta violencia. Se requiere gran sensibilidad para abordar esos temas porque muchos actores globales están envueltos en lo que pasa y les incomoda que un medio informativo entre en escena.

Al Jazeera cubrió la primavera árabe con entusiasmo. ¿Cómo analiza su fracaso?

El mundo árabe ha empezado una transformación mayúscula y la primavera árabe fue el arranque. Esos jóvenes protestando pacíficamente contra dictaduras corruptas, sorteando los obstáculos del poder vía redes sociales.

"Periodistas y medios no sólo debemos informar, sino convertir la información en conocimiento"

Desgraciadamente, han sufrido consecuencias terribles por culpa de las fuerzas contra-revolucionarias, las agencias de inteligencia en la zona y la traición de Occidente que no apoyó el florecimiento de la democracia en el mundo árabe. Así que la primavera árabe no ha fructificado, de acuerdo. Pero su fracaso es sólo el primer acto. La historia no ha acabado. Es un proceso y seguirá hasta que la libertad árabe se logre. Pues, como las dictaduras y regímenes militares no van a darnos prosperidad y libertad, la única esperanza de estabilidad en la región, y por tanto mundial, es la democratización. Los árabes no dejamos de soñar con una democracia y un bienestar equivalente a los de las naciones más avanzadas.

¿Ha sido, como se oye en Occidente, peor el remedio que la enfermedad? ¿Entiende a esos exiliados sirios que se declaran usados como peones de ajedrez en manos de los gobiernos locales, internacionales y DAESH?

Tenemos gobiernos criminales en la región. Gobiernos que decidieron que el país podía ser destruido, pieza a pieza, con tal de enrocarse en el poder, como en Siria. La brutalidad contra los civiles ha causado catástrofes humanitarias. Los sirios formaban una de las sociedades más educadas y dinámicas del mundo árabe. Y es triste, humillante para nosotros, verles necesitar la caridad europea, occidental, que se les niegue la acogida, su éxodo dramático. Pero, a decir verdad, creo que esta oscuridad refuerza la convicción, en especial de los jóvenes, de que no podemos resignarnos a dictaduras corruptas. Hoy se imponen por las armas pero fracasarán a la larga.

El CAF 2016 analizó la crisis de refugiados hoy agravada por el incumplimiento de la acogida por la UE, el pacto con Turquía y el aumento de muertes en el Mediterráneo ¿Cómo valora la respuesta europea a un horror que se ve en TV?

Confieso que hay momentos en que me indigno con el modo en que los europeos, cierta Europa oficial, algunos partidos actúan contra refugiados e inmigrantes. Europa, cuando empezó a acogerlos se empoderó, renovando su población, reforzando su industria.

Por desgracia, ahora crecen islamofobia, xenofobia y miedo a los refugiados, se dispara el nacionalismo y extremismo. Eso me disgusta, claro. Aunque aprecio también que hay una gran reserva de valores solidarios y humanitarios en esa Europa que se levanta por los derechos de los refugiados y migrantes y es magnífica. Son dos caras de un continente. Y espero que triunfe la del cosmopolitismo, la diversidad y la tolerancia.

La UE externaliza su política de asilo en el Mediterráneo Este con Turquía, Oeste con Marruecos y Central con Libia. ¿Será útil para acabar con la migración deI sur?

No lo será. En cambio, lo que serviría es mejorar los países de origen. Porque ningún sirio, iraquí, libio o somalí desearía jugarse la vida, en el Mediterráneo, para llegar a Europa si pudiera vivir con dignidad en su patria. Europa tiene una responsabilidad con sus vecinos: parar las guerras e impulsar el desarrollo. Pero, en vez de hacer apuestas estratégicas de estabilidad a largo plazo, se deja llevar por el sentimiento cortoplacista de la seguridad.

Ante la crisis en Libia, se habla con un sólo partido o grupo militar para que contenga la anarquía en beneficio de los intereses occidentales, en vez de buscar lo mejor para los libios y los refugiados que llegan allí para cruzar el mar.

Cuando oye acusaciones racistas contra los musulmanes en intelectuales como Antonio Escohotado, ¿le abruma la tarea para desmontar los prejuicios?

Sin duda me hago consciente de la enorme labor a afrontar, no sólo para desmontar la islamofobia sino para restaurar la empatía básica para la convivencia humana. Hay una escalada de prejuicios, rumores en medios de comunicación y redes sociales. Frente a ello, justamente, corresponde a la elite, a la inteligencia, abordar el tema de las religiones y civilizaciones con rigor y responsabilidad.

Cuando un intelectual o un político, generaliza acusaciones, por ejemplo contra el Islam, el gran problema es que sugiere que 1.500 millones de musulmanes -de los 6.000 millones de habitantes del planeta- están equivocados, siguen un libro nocivo, malo. Les dice: “tu religión es un vivero de terrorismo, la fuente del conflicto”. ¿Qué propone: aniquilación, genocidio, conversión? Se pueden criticar elementos, ideas, pero es impropio de un intelectual un juicio generalizado sobre una nación, religión o raza. Inaceptable tras precedentes como el holocausto judío en el s.XX del que no queremos una variante anti musulmana en el XXI.

¿Atribuye alguna responsabilidad al mundo árabe, hace autocrítica?

Por supuesto hay una fortísima responsabilidad de los intelectuales árabes y musulmanes, de las figuras referentes. En lo que se refiere a acercar nuestra cultura y civilización al resto, a dialogar. Pero también en lo relativo a emprender una introspección profunda sobre nosotros mismos, renovar nuestros pensamientos y la concepción de cuál debe ser nuestra posición en el mundo. El debate sobre nuestra cultura y creencias filosóficas es muy sano y enriquecedor. En esas estamos, buscamos vías de convivencia armónica, frente a la estigmatización injusta, en reuniones como el CAF.

¿Por qué con la población mundial más educada de la historia se vive, en esta crisis económica, una involución político-social, con riesgo de colapso medioambiental?

Estamos estancados en una agenda caduca, la del Estado-nación y la tercera revolución industrial. Hay que ponerla al día, crear una nueva agenda humano-centrista, de perspectiva universal, centrada en valores y que afronte los desafíos de la cuarta revolución, comunes a toda la especie y no sólo a una religión, nacionalidad o raza. Retos como la robotización e inteligencia artificial que destruirán empleos y la biotecnología que puede crear superhombres frente a infrahumanos.

¿Ha marcado su carrera de directivo de éxito internacional ser exiliado palestino?

"Los árabes no dejamos de soñar con una democracia y un bienestar equivalente a los de las naciones más avanzadas"

¡Absolutamente! Ver arrebatada la libertad e independencia a nuestra tierra ha sembrado en cada casa e individuo el sentimiento de que sólo la educación podría hacerlos prosperar, salir adelante. Ha sido uno de los principales valores compartidos como pueblo y ello explica que destaquemos entre los más formados de la sociedad árabe.

Cien años de la Declaración de Balfour -carta británica germen del Estado hebreo-, 25 de la Cumbre de Paz de Madrid, ¿espera ver la solución al conflicto árabe-israelí?

¡No tengo duda de que la situación en Palestina se resolverá! La falta de solución es inaceptable en sí. Pero, además, solventarlo es urgente para acabar esa gran fuente de inestabilidad en Medio Oriente.

Encarcelamientos de periodistas en Turquía, asesinatos de México a Rusia o en la Malta de la UE, exigencia de cierre de Al Jazeera, precarización vía freelancismo. ¿Qué hacer ante el ataque al derecho de información de los ciudadanos?

Los periodistas tenemos una responsabilidad colectiva enorme de, en esta coyuntura, redoblar la apuesta y luchar por mejorar los estándares profesionales. Resistiendo las amenazas y también las tentaciones de fama, poder y dinero, las presiones de organismos y lobbies para apoyar a personas, grupos o gobiernos. Sin ética, el periodismo es una traición al intelecto humano.

Nuestra causa trasciende los legítimos objetivos de éxito de nuestros periódicos, cadenas o webs y consiste en proveer a la ciudadanía de la información necesaria para fundamentar sus decisiones. Periodistas y medios no sólo debemos informar, sino convertir la información en conocimiento. Esa es la meta clave de nuestra profesión y no la podemos sacrificar.