Publicado: 20.08.2015 13:25 |Actualizado: 20.08.2015 13:25

Europa del Este no quiere musulmanes

Polonia, República Checa, Letonia, Lituania, Eslovaquia y Estonia se han negado a aplicar la política de cuotas de asilo de refugiados, sobre todo sirios, ordenada por la UE.

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Un niño sirio, que huye de la guerra en su país, espera en sobre las vías al tren que les llevará desde Macedonia hasta Servia.- REUTERS/Stoyan Nenov

Un niño sirio, que huye de la guerra en su país, espera en sobre las vías al tren que les llevará desde Macedonia hasta Servia.- REUTERS/Stoyan Nenov

VARSOVIA/VILNA/BRATISLAVA.- Pocas veces habían estado tan de acuerdo: Polonia, República Checa, Letonia, Lituania, Eslovaquia y Estonia rechazaron tajantemente la propuesta de aplicar cuotas de distribución de refugiados en Europa. No hubo nada que lograra hacerlos cambiar de opinión, ni de las crueles guerras en las regiones de las que proceden los refugiados, ni de las tragedias con cientos de muertos dejan los naufragios de esas precarias embarcaciones cargadas con quienes intentan atravesar el Mediaterráneo soñando con una vida mejor.

La cifra de refugiados que serán acogidos en el este de la Unión Europea podría estar muy por debajo de lo que aspiraba la Comisión Europea, cuyos ministros del Interior deben acordar la distribución de unas 60.000 personas en el continente. Los ofrecimientos expresados hasta ahora por gobiernos nacionales siguen estando por debajo de esa cifra.


No todos los refugiados son bievenidos. Los gobiernos de Europa del Este y de la región de los Balcanes quieren recibir únicamente a cristianos. "Al fin de cuentas somos un espacio de cultura cristiana", observa el ministro de Asuntos Sociales conservador de Estonia, Margus Tsahkna.

En 2014, Eslovaquia aprobó sólo 14 de las 311 solicitudes de asilo que tramitó

El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, señaló además que entre los refugiados islámicos sería fácil que se filtraran terroristas, por lo que su gobierno, aseguró, también preferiría dar acogida a sólo a los cristianos de Siria para evitar disparar los temores entre la población. Eslovaquia, que en 2014 aprobó sólo 14 de las 311 solicitudes de asilo que tramitó, ya ha vivido manifestaciones de neonazis, en parte violentas, "contra la islamización de Europa".

La República Checa ha visto surgir el "Bloque contra el Islam", liderado por el profesor de Zoología Martin Konvicky, que ya ha reunido 145.000 firmas contra los inmigrantes islámicos. Además, el presidente Milos Zeman también se ha pronunciado en más de una oportunidad en contra de recibir a migrantes del norte de África, por ejemplo de Libia. "Los refugiados procedentes de un contexto cultural totalmente distinto no se sentirían nada bien en República Checa", opinó.

Según el presidente Zeman, de tendencia prorrusa, la proximidad cultural se da más bien con los eslavos del este de Europa y con los cristianos de Siria.

Al menos el gobierno de centroizquierda de Praga se ha ofrecido a recibir a 1.500 de los 40.000 refugiados que deben ser repartidos en el seno de la UE. Pero el gobierno quiere "mantener bajo control todo el proceso", según palabras del primer ministro Bohuslav Sobotka, cuyo gobierno se propone efectuar chequeos de seguridad a los refugiados, a los que quiere dar albergue en centros cerrados por ejemplo en una aislada región de las montañas Beskidy.

En Polonia, el 70% de los encuestados está en contra de recibir a inmigrantes de África o Oriente Medio

Polonia, de mucha mayor superficie, al parecer tiene previsto dar alojamiento a 2.000 migrantes. Para muchos polacos la cifra es demasiado alta. En un sondeo reciente, el 70% de los encuestados dijo estar en contra de recibir a migrantes de Cercano Oriente o de África. En una encuesta similar llevada adelante en Letonia, un 55% se declaró en contra de que el país acoja a cualquier tipo de refugiados.

En Polonia incluso los inmigrantes cristianos podrían generar problemas de cara a las elecciones parlamentarias de este año. Hace una semana, cuando llegaron 50 familias cristianas procedentes de Siria, apoyadas por una fundación creada en las redes sociales, el asunto se convirtió rápidamente en tema de campaña electoral.

"Nosotros, los polacos, y el gobierno polaco deberíamos ser ante todo solidarios con los polacos que están en el exterior", exigió la candidata conservadora Beata Szydlo. Sería mejor, continuó, ocuparse del regreso de jóvenes polacos que emigraron o de tener un mayor compromiso con los polacos étnicos de Kazajstán.

Varias agrupaciones religiosas y ONG recordaron en cambio que no hace mucho tiempo Polonia, República Checa y Lituana vieron partir a muchos de sus ciudadanos buscando refugio de sus regímenes autoritarios del bloque comunista. "Es importante que nosotros, los lituanos, no cerremos nuestros corazones. Nuestros antepasados también fueron refugiados", subraya Gintaras Grusas, arzobispo de Vilna.

En Polonia existe una asociación que agrupa a unas 60 organizaciones que piden una política de apertura hacia los refugiados. A los políticos polacos de todas las orientaciones les gusta destacar el papel de Polonia en la transformación pacífica del este de Europa. "Si llamamos a Polonia "la cuna de la solidaridad", si decimos amar la libertad y los Derechos Humanos, deberíamos respaldar a las personas que no pueden regresar a su país".