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Un ex guerrillero tupamaro acaricia el poder en Uruguay

Los uruguayos deciden sobre la inmunidad de los crímenes de los militares

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En un clima de absoluta calma, los uruguayos votan este domingo para elegir un nuevo presidente, un nuevo Parlamento y, quizá, también para inaugurar una nueva era democrática. Y esto se debe a que, por primera vez desde el final de la dictadura que asoló al país entre 1973 y 1985, se plantea la posibilidad de anular la Ley de Amnistía aprobada por el primer Parlamento democrático tras un acuerdo entre la clase política y los militares en las postrimerías del gobierno de facto.

A falta de una hora para el cierre de los colegios ya habían votado el 82% de los ciudadanos.  El ministro portavoz de la Corte Electoral, Edgardo Martínez, confirmó a Efe que la participación final en las elecciones podría ser de entre el 88 y el 90 por ciento, un promedio habitual, ya que el voto es obligatorio.

Las papeletas presentan dos posibilidades históricas para los uruguayos. Por un lado, la posibilidad de terminar con la impunidad de más de dos décadas. Por el otro, si el candidato del Frente Amplio (centroizquierda), José Pepe Mujica, un ex guerrillero tupamaro, se hace con la presidencia de Uruguay o si se hará necesaria una segunda vuelta el próximo 29 de noviembre.

Las encuestas le otorgaban a Mujica entre el 44% y el 49% de los sufragios, contra el 30% que recibía su principal contendiente, el ex presidente de tendencia neoliberal, Luis Alberto Lacalle, quien gobernó el país entre 1990 y 1995. En tercer término, se ubicaba Pedro Bordaberry, del Partido Colorado, con un 13% ó 15%, y cuya mayor carta de presentación es llevar el apellido de su padre, Juan María, quien fuera el autor del autogolpe que llevó a los militares al poder en junio de 1973.

El sistema electoral de Uruguay establece dos rondas. Si en la primera el candidato ganador no supera la mitad más uno de los votos, se hace necesaria una segunda vuelta entre los dos competidores mejor posicionados. La aspiración de Lacalle es poder sumar, el 29 de noviembre, los votos de sus partidarios, los de Bordaberry y una parte del 3% que los sondeos le otorgan al candidato del minúsculo Partido Independiente para derrotar a Mujica y volver a la presidencia.

Esta es la primera vez que el Frente Amplio, una coalición formada por los socialistas, el Movimiento de Participación Popular (MPP, de Mujica) y la denominada Vertiente Artiguista, también de procedencia tupamara, pone a prueba una gestión de gobierno de cuatro años. El presidente saliente, Tabaré Vázquez, un médico y ex alcalde de Montevideo, se retira del cargo con un índice de popularidad del 60%.

El Frente, fundado en 1971 por comunistas, socialistas y progresistas dirigidos por el general Líber Seregni, ya fallecido, fue moderando sus posiciones hasta conquistar el poder en 2005.

La guerrilla de los Tupamaros, otrora muy crítica del Frente Amplio por su 'reformismo', también limó sus aristas más radicales y se integró a la coalición que ha llevado a Mujica, prisionero de la dictadura y uno de sus dirigentes históricos, como candidato a la presidencia.

Más allá de las diferencias ideológicas legadas por la historia, la política económica del Frente y del propio Mujica no se diferencia en lo esencial del programa de Lacalle.

Quizá el único punto de fuerte roce sea la actitud hacia el Mercosur: mientras Mujica se aferra a la pertenencia uruguaya al bloque de integración comercial y política suramericano, Lacalle prefiere resaltar su carácter de mera alianza comercial y mira con mucha simpatía la firma de un Tratado de Libre Comercio con EEUU.