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Francia Despidos 'low cost', los primeros desperfectos de la reforma laboral de Macron

Tras la entrada en vigor de la nueva legislación laboral en Francia, las grandes empresas francesas se aprovechan de la nueva legislación para reestructurar sus plantillas a través de despidos voluntarios, pero a bajo coste

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Una imagen de Macron en julio de 2017. | REUTERS

Peugeot-Citroën, Pimkie, Société Générale, Le Figaro… Empieza a ser larga la lista de empresas en Francia que aprovechan la reforma laboral para impulsar planes de despidos "voluntarios" y low cost.

Aprobada el 22 de septiembre por el gobierno de Emmanuel Macron, la mayoría de los decretos de esta medida ya han entrado en vigor a partir del 1 de enero de este año. Y sus efectos no se han hecho esperar. Las grandes empresas ya se benefician de los nuevos mecanismos de la flexibilidad laboral. En particular, del uso de las rupturas convencionales, un dispositivo que permite forzar "despidos voluntarios" de una parte de la plantilla, con la condición de que lo acepten la mayoría de los representantes sindicales.

Los sindicatos Force Ouvrière, CFDT, CFTC y GSEA firmaron el pasado viernes la ruptura colectiva propuesta por la dirección de Peugeot. Con este acuerdo, aceptan la rescisión del contrato de 1.300 trabajadores, que abandonarán la empresa supuestamente de manera voluntaria. Los dirigentes de este fabricante de automóviles se comprometen, a cambio, a contratar el mismo número de empleados con contratos indefinidos durante 2018.

La dirección del banco Société Générale propuso el viernes pasado una ruptura convencional colectiva, que comportará la supresión de 900 puestos de trabajo. Los comités de empresa del diario Le Figaro y la revista Les Inrockuptibles también están discutiendo acuerdos de este mismo estilo. Los dirigentes de Pimkie instaron a sus representantes sindicales a firmar una ruptura convencional para rescindir 208 empleos y cerrar 37 tiendas deficitarias en Francia. Sin embargo, los delegados sindicales de este grupo textil se opusieron de forma unánime a validar este acuerdo.

"Un instrumento muy interesante para las empresas"

Aunque no se ha producido un incremento significativo de los despidos en Francia —cuya economía mejora, tras haber crecido el 1,9% el año pasado—, los sindicatos temen que prolifere el uso de las rupturas convencionales colectivas. En Francia, las empresas disponían hasta ahora de dos mecanismos para reducir sus plantillas: por un lado, los planes de despidos voluntarios, poco concretos en términos judiciales y que concedían al trabajador prácticamente los mismos derechos que si era despedido de manera improcedente; por el otro, los planes sociales (el equivalente de un ERE en Francia), que deben justificarse por las dificultades económicas de la empresa.

"El objetivo de las rupturas convencionales colectivas es que las empresas dejen de recurrir a los planes sociales, considerados como demasiado costosos por los empresarios", asegura en declaraciones a Público el economista Christophe Ramaux, experto en el mercado laboral francés y miembro del colectivo Les Économistes Atterrés. "Pimkie pertenece a la familia Mulliez, una de las mayores fortunas de Francia. Así que no me digan que no disponen de los medios suficientes para financiar un plan social", añade.

Según este profesor de la Universidad París 1, las rupturas convencionales colectivas privan de derechos a los trabajadores. "A diferencia de los planes sociales, los trabajadores no podrán recurrir a una consultora externa para conocer los motivos del ERE, los empleados despedidos no se verán compensados con una formación de reconversión y un mayor seguimiento en las oficinas del paro ni tampoco tendrán garantizado que la empresa los vuelva a contratar en el caso que amplíe su plantilla", afirma Ramaux. La prestación del paro que percibirán resultará inferior que si hubieran sido despedidos a través de un ERE francés.

"Francia resistió con cierto éxito a la crisis de 2008 gracias a la protección de su mercado laboral. Ahora no sé si sucedería lo mismo"

"Se trata de un instrumento legal muy interesante para las empresas", explica a este diario Mireille Bruyère, profesora de economía en la Universidad de Toulouse 2 e integrante del colectivo Attac. De hecho, las rupturas convencionales colectivas ofrecen una gran seguridad jurídicas a las empresas, ya que no requieren una justificación económica ni puede ser contestadas ante la justicia. Además, resultan menos costosas y se pueden poner en marcha con una gran celeridad.

"Si todo el mundo está de acuerdo, es mucho mejor evitar el trauma de un despido", ha declarado la ministra de Trabajo francesa, Muriel Pénicaud, a la emisora de radio Europe 1.

Para los partidarios de las rupturas convencionales colectivas, este mecanismo resultará beneficioso para los trabajadores. Al tener que ser aprobado por la mayoría de los delegados sindicales (que representen al menos el 50% de los empleados de la empresa), esto permitirá presuntamente que exijan una indemnización económica superior a la que percibirían con un ERE normal. No obstante, esta recompensa dependerá de la capacidad de presión de los debilitados sindicatos franceses —sólo el 11% de los trabajadores están afiliados en una organización sindical en Francia.

¿Un despido realmente voluntario?

Además, ¿los despidos que se producirán con una ruptura convencional colectiva serán realmente voluntarios? "Si a un trabajador precario le ponen sobre la mesa un cheque con una indemnización por despido, este se puede encontrar que no tiene otra opción que irse de la empresa", asegura Ramaux. "En el derecho laboral, no podemos hablar de un acuerdo completamente amigable, ya que un contrato laboral está asociado a una relación de subordinación", explica Bruyère.

De hecho, las rupturas convencionales colectivas se inspiran en otro instrumento peculiar del derecho laboral francés: las rupturas convencionales. Creado en 2008, este mecanismo, destinado en teoría a los trabajadores que desean dimitir, permite rescindir el contrato a través de un acuerdo con el empresario y así percibir la prestación del paro. Este dispositivo ha experimentado un éxito fulgurante durante los últimos años, pasando de 192.125 rupturas convencionales en 2009 a 358.244 en 2015.

Reputado por sus logros sociales, como las 35 horas de trabajo semanal, el mercado laboral francés se ha precarizado durante las últimas décadas

No obstante, según un estudio del Centro de estudios de empleo, al menos un tercio de las rupturas convencionales se producen motivadas por la presión del empresario. "Estas no han aumentado en detrimento del número de dimisiones, sino de los despidos", afirma Bruyère.

"En Francia, cada vez está más extendida la idea de que las empresas son un espacio líquido, donde debe primar la flexibilidad", lamenta Ramaux. Según este experto del mercado laboral, "las empresas francesas deberían fijarse en el ejemplo de los grandes grupos industriales alemanes o japoneses, que favorecen las largas trayectorias en las empresas". El mismo sector automovilístico alemán en el que los sindicatos exigen una reducción del tiempo de trabajo hasta las 28 horas semanales.

Reputado por sus logros sociales, como las 35 horas de trabajo semanal, el mercado laboral francés se ha precarizado durante las últimas décadas. Diecisiete reformas en perjuicio de la protección del empleo tuvieron lugar en Francia entre el 2000 y el 2013. Durante los dos últimos años, se han aprobado dos ambiciosas reformas laborales. "Francia resistió con cierto éxito a la crisis de 2008 gracias a la protección de su mercado laboral. Ahora no sé si sucedería lo mismo", se pregunta Bruyère.