Publicado: 19.01.2014 08:00 |Actualizado: 19.01.2014 08:00

Los grupos de presión germanos desde dentro

Hablamos con Karl Jurka, reconocido ‘lobista', y repasamos qué sectores económicos son los más influyentes en las decisiones políticas alemanas

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"Los eurobonos están ya pactados para dentro de dos o tres años. No se llamarán así, porque Merkel ha negado públicamente que se vayan a crear, pero ya es seguro que habrá algo parecido". Karl Jurka lleva trabajando 14 años como asesor político especializado en legislación financiera y asuntos gubernamentales, es decir, como lobista. La empresa que fundó en 1990, Jurka P.S.A, recibe encargos de empresas privadas, sobre todo para reformas legislativas, y ellos tantean y convencen a los políticos para cumplir el deseo de sus clientes. "Nosotros somos de los mejores", asegura el también profesor universitario. Y, al menos, las tarifas que cobra así lo sugieren. Para contratar los servicios de su empresa se han de desembolsar 650 euros por hora.

Su experiencia y dedicación le otorgan un conocimiento excepcional de lo que realmente está sucediendo entre las bambalinas del poder. Por eso afirma claramente que los eurobonos, una receta insistentemente demandada por España y el resto de países del sur de Europa como panacea para salir de la crisis, está ya acordada. Respecto a otra de las medidas más debatidas, la unión bancaria, es más precavido: "Los lobbies trabajamos con objetivos a largo plazo. Una ley no se puede cambiar de un día para otro. No funciona así. Por ejemplo, para la unión bancaria, se está trabajando con un horizonte de diez años, no antes".

"Para la unión bancaria se trabaja con un horizonte de diez años" En Alemania existen cinco tipos de grupos de presión. Por un lado se encuentran las compañías que, como la de Karl Jurka, se dedican a la intermediación entre intereses privados y públicos y que son los únicos que no temen o evitan ser catalogados como lobistas. No obstante, sus nombres siempre quedan fuera de los periódicos cuando estos informan sobre un asunto en el que han hecho presión. "Cuando mi trabajo aparece en los medios de comunicación es que algo se ha hecho mal", explica. Después están las embajadas, cuya principal tarea es apoyar los negocios de su país; las ONG junto a los Think Tanks o centros de investigación; y,  por último, las grandes empresas privadas y las patronales de los diferentes sectores. Estas dos últimas son las más criticadas por su presión ejercida, reflejada sobre todo en las donaciones a los diversos partidos políticos.

Por un lado destaca el sector de la industria química que, además, afronta en estos momentos importantes regulaciones gubernamentales, según explican desde LobbyControl, una organización que aboga por una mayor transparencia en la política alemana. Por otro, los bancos (Deutsche Bank, Commerzbank), las energéticas (E.ON, RWG, Vattenfall) y las farmacéuticas (con Bayer a la cabeza), que disfrutan de un vacío legal con el que pueden, según Transparencia Internacional, influir directamente en los medicamentos que recetan los doctores. Aunque si alguna se lleva la palma, esa es la industria automovilística, donde la diferencia entre políticos y lobistas es más borrosa.

Frente a la lujosa galería de Mercedes-Benz, situada en la céntrica avenida berlinesa de Unter den Linden, se detiene el grupo de 30 personas que está realizando el Lobby Tour. El guía se esmera en explicar cómo las últimas leyes aprobadas por el Parlamento alemán, así como por el Parlamento europeo, han beneficiado a los grandes fabricantes de coches alemanes, es decir, Daimler (propietario de Mercedes-Benz), BMW y Volskwagen (Audi y Porsche). El pasado mes, la comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo (PE) respaldaba el acuerdo alcanzado con los Estados miembros para limitar las emisiones de CO2 de los turismos nuevos. No obstante, la medida se diluyó de su acuerdo inicial después de la presión alemana, que veía en ella un peligro para su industria.

"Alemania tiene la política más absurda del mundo al incentivar coches contaminantes" "Algunos creen que el último pago de BMW a la CDU fue para atrasar la limitación de las emisiones de CO2. Para nada. Los pagos son algo habitual -explica Karl Jurka-. Yo no he participado en este caso, pero sé que BMW ha estado haciendo un fuerte trabajo de lobby en Bruselas durante los últimos años. El problema es que durante mucho tiempo no estaban hablando con la personas adecuadas".

Las ventajas legislativas de la industria automovilística también se perciben dentro de las fronteras germanas. Numerosas ONG critican las altas emisiones de CO2 de los coches alemanes, así como los beneficios fiscales que las empresas obtienen al declararlos. "Alemania tiene la política más absurda del mundo al incentivar coches contaminantes", declaraban al respecto a AFP los responsables de Deutsche Umwelthilfe (Ayuda Alemana al Medio Ambiente).

También el sistema de etiquetas eficientes (Pkw-Label) ha sido criticado. Desde 2011, los coches alemanes poseen una etiqueta que los clasifica según su nivel de contaminación. Pero esta solo responde a la relación entre el tamaño del vehículo y su emisión, por lo que un coche que en total expulsa más CO2 puede ser catalogado como "más eficiente" que uno que expulsa menos. Además, ni siquiera se incluyen otras emisiones como las de óxido de nitrógeno.

Eckart von Klaeden, exministro de Estado del Gobierno de Angela Merkel, y Ronald Pofalla, exjefe de gabinete de la Cancillería y ministro de Asuntos Especiales.

Eckart von Klaeden era hasta hace apenas medio año Staatsminister (ministro de Estado) del Gobierno de Angela Merkel. Ahora es el nuevo lobista estrella de Daimler. Su salto tan repentino de lo público a lo privado levantó gran polvareda. Tanta que incluso la Fiscalía ha iniciado una investigación para determinar si el expolítico ha recibido algún tipo de sobornos por parte de la industria automovilística. 

La Fiscalía investiga si el exministro Klaeden ha recibido sobornos de la industria automovilística No obstante, el de Klaeden no es el único ejemplo de "puerta giratoria". Los últimos días han estado marcados por la intención de Ronald Pofalla, hasta 2013 jefe de gabinete de la Cancillería y ministro de Asuntos Especiales, de convertirse en nuevo directivo de la Deutsche Bahn, la empresa ferroviaria más importante del país de carácter privado, pero cuyo mayor accionista es la República Federal.

Este último escándalo ha hecho que partidos opositores como Los Verdes o La Izquierda exijan que los políticos no se puedan convertir en miembros de un grupo de presión en un período tan corto de tiempo. Y es que los casos no se limitan únicamente a la CDU de Merkel. Los socialdemócratas del SPD también tienen los suyos, como el del antiguo presidente del Servicio Federal de Inteligencia (BND), Ernst Uhrlau, quien en 2012 comenzó a trabajar para el Deutsche Bank. O el del excanciller Gerhard Schröder, quien desde que dejó su puesto en 2005 ha trabajado como asesor para numerosas empresas, entre las que destaca Gazprom, la gran compañía estatal de Rusia dedicada a la extracción y distribución de gas y petróleo.

A pesar de todo, el lobista autónomo Karl Jurka insiste en que los grupos de presión y la política están bien diferenciados. Confiesa, en cambio, que un registro obligatorio ayudaría a que el sistema estuviera más controlado. "En el Bundestag hay un registro voluntario, pero no es más que un entretenimiento. Como no es obligatorio, como no necesitas registrarte para poder acceder al Bundestag, pues nadie lo hace".

No es la única obligación que Jurka propone. Ya que según él "el lobismo no debería ser un asunto de dinero", insta a las autoridades a forzar a todas las consultoras como la suya a realizar un caso gratuito al mes. "Nosotros lo hacemos, representamos a Cáritas gratuitamente. Creo que todo el mundo tendría que hacer lo mismo. Sin embargo, lo que no estaría dispuesto a hacer nunca es cobrar menos por mis servicios", zanja.