Publicado: 08.10.2014 07:00 |Actualizado: 08.10.2014 07:00

"Hay un documento secreto de Israel que dice que un Arafat muerto era bueno para el país"

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Ahron (Ronnie) Bregman (Israel, 1957) es un exmilitar israelí que abandonó el ejército tras comprobar en sus propias carnes la dureza con la que Israel se empleaba en territorio palestino.

Él sintió en su "estómago" que era un "ocupante" y decidió poner fin a su carrera como militar. Emigró a Reino Unido y comenzó a dar clase en el departamento de estudios bélicos del King's College de Londres.

Ahora publica su cuarta obra con el título de La ocupación (editorial Crítica), un ensayo que recoge de manera detallada la historia de los territorios ocupados por Israel desde 1967 y que incluye una serie de documentos secretos del servicio de seguridad israelí o la transcripción de las conversaciones entre Clinton y Hafez al-Assad, presidente de Siria. "Mi único objetivo es que la gente de Israel lea este libro", señala en la entrevista concedida a Público.

La primera vez que usted visitó Palestina como militar tenía 19 años. En el libro explica que en aquel momento sintió por primera vez que ustedes eran los ocupantes y los palestinos los ocupados. ¿Cómo fue ese momento? ¿Puede describirlo?

Era un momento muy difícil. Probablemente fue a finales de los 70. Quizá en el 77 o el 78. Me enviaron a Gaza para patrullar las calles. Nada serio. Las ratas que paseaban por las calles eran gigantes. Sólo en la India, años más tarde, he podido ver ratas tan enormes. Los desagües, las calles, las condiciones... Era lamentable. Pero lo que realmente fue difícil para mí fue la hostilidad que sentía. Mucha gente dice que la hostilidad en Palestina comenzó más tarde con la Intifada del 87. No es verdad. Comenzó mucho antes, pero nadie en Israel está dispuesto a admitir que su sola presencia provocaba hostilidad. Fue un shock. Ese fue el principio de mi propia transformación que alcanzó su clímax en el 87 y 88 cuando me dije que yo no quería formar parte de esto. Fue un proceso largo para mí hasta que llegó el momento y pude decir: 'Estoy fuera, yo no soy parte de esto'.

¿Qué le llevó a ese sentimiento? ¿Fue una conversación con palestinos? ¿Qué fue?

No. No había conversaciones entre palestinos y militares. Nosotros éramos los militares y ellos los ocupados. Lo que sí recuerdo muy vivamente es el modo en el que nos miraban. Era una mirada de hostilidad. Muy dura.

¿Ese sentimiento lo comenta con sus compañeros soldados?

No. Absolutamente no. Si eres un soldado eres un soldado. Tienes un deber. Si haces cosas mal lo haces en nombre del Estado, que te absolverá. No te pasará nada. No hablas de estas cosas con nadie. Eres tú. Cada persona reacciona de una manera diferente a las situaciones. Muy poca gente decidirá un día no servir al ejército.

En la obra describe una serie de torturas prácticamente sistemáticas que ejerce el ejército israelí sobre la población palestina. Usted habla de ocupación y la califica como ocupación violenta, agresiva, etc. ¿Utilizaría un concepto más duro? Por ejemplo, ¿comete Israel crímenes de guerra o genocidio en Palestina?

No me gusta el término genocidio. Soy crítico con la ocupación, pero el genocidio es lo que ocurrió en Ruanda. Allí fueron asesinadas 100.000 personas a golpe de machete. Sobre los crímenes de guerra, probablemente se den en Israel, sí, pero en diferente tiempo y lugar. Hay ciertas cosas que se deberían investigar. He pedido que se investigue un caso ocurrido en el último enfrentamiento de este agosto. Hay varios casos que deberían ser investigados. Los métodos terribles, como la tortura, se emplean. A mí me sorprendió. No esperaba ese nivel de tortura. Hace unos años los tribunales de Israel prohibieron utilizar ciertos métodos de tortura. Si tuvieron que prohibirlos es porque estaban siendo usados.

El abogado argentino Carlos Slepoy ha presentado en Argentina una querella contra Israel por crímenes de lesa humanidad. ¿Qué opina de esto?

"La masacre en Gaza tiene que ser investigada"

A los israelitas que han estado involucrados en pocas ocasiones en la lucha directa con palestinos se les aconsejó que volvieran a Israel y que no fueran a Londres o a España porque había gente que decía que se les podía llevar a la Justicia Internacional. Es verdad que hay individuos que están en esa lista. La Autoridad Palestina está amenazando y les dicen a las autoridades de Israel que les van a llevar a La Haya. No lo hacen porque lo utilizan como presión política para que Israel se comprometa. Es una manera de ejercer una presión fuerte.

La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Qué es mejor para el mundo: llevar a algunas de estas personas a La Haya y meterlos a la cárcel o que los palestinos puedan hacer esta presión para conseguir su Estado propio? Esto no quiere decir que otra gente pueda decidir que un determinado general israelí debe ir a La Haya. Otra cosa es lo que sucedió el 1 de agosto en Gaza. La masacre que allí se hizo tiene que ser investigada. Se tiene que saber quién la ordenó y ser juzgado como crimen de guerra.

¿Usted cree que este tipo de situaciones y la violencia que describe tiene su origen en órdenes de determinados generales o, por el contrario, se trata de las políticas del Estado israelí? Es diferente un general asesino de un Estado con políticas asesinas.

La ocupación de Israel en Palestina es una ocupación militar pero también es una ocupación política. El ejército está bajo el mando del ministro de Defensa y este hombre es un político, por lo tanto, lo que pasa en los territorios ocupados está todo unido. Desde el soldado simple al Primer Ministro. No son separables. Pero no puedes llevar a La Haya al primer ministro y juzgarlo por crímenes de guerra por los asesinatos perpetrados por el soldado. Es el soldado el que tiene que ir. Por ejemplo, en el caso de lo que sucedió el 1 de agosto, es el soldado el que tiene que decir: 'Yo no voy a hacer esto'.

Como usted hizo.

Yo hice una cosa diferente. Yo dije que no era un pacifista pero que sabía que si me ponía delante de los palestinos iba a tener que hacer cosas que no estoy dispuesto a hacer y tampoco estaba dispuesto a ponerme a mí mismo en esa situación límite. Si los palestinos, en la primera Intifada, vienen hacia mí con ladrillos, que no son armas pero David mató a Goliat con una piedra, sé que voy a tener que reaccionar ante ellos. Así que decidí de antemano que no quería estar allí.

Aún así, hay muy poca gente que renuncia al servicio militar. Renunciar es muy difícil porque significa que le das la espalda a tu propia gente. Cuando renuncié no tuve problemas con las autoridades pero mis amigos me decían que les estaba avergonzando. Mi madre y mi hermana también. Es muy poca gente la que renuncia. La comunidad israelita es muy pequeña y todo el mundo sabía que yo había renunciado.


Usted renuncia precisamente durante la Intifada de 1987. Estaba de Luna de Miel en Nepal con su mujer y describe que ve una foto en un periódico y se da cuenta de que tiene que renunciar. ¿Cómo fue esa fotografía? ¿Cómo fue ese momento tan crucial en la vida?

"La foto de un soldado israelí elevando su rifle y golpeando a un palestino me produjo un shock profundo"

Aquellos que renuncian al servicio no lo hacen racionalmente. Lo sienten. De eso se trata. Vi una foto de un soldado israelí elevando su rifle y golpeando a un palestino. Me produjo un shock muy profundo. Si lo piensas no tenía por qué sorprenderme tanto. Ya había estado en la guerra del Líbano. ¿Por qué me sacó de mis casillas? Se trata de un proceso. Fue una sensación en el estómago de que las cosas estaban muy mal. Entonces envié una carta a un periódico israelí y dije que yo renunciaba y acusé a los israelitas de hacer a los palestinos lo mismo que los cosacos rusos hacían a los judíos. No se renuncia en la cabeza, sino en el estómago.

Fue entonces cuando emigró a Israel. ¿Ha tenido problemas alguna vez con la autoridad israelí por sus críticas hacia la ocupación de Palestina?

Entro y salgo de Israel sin problemas. Voy también a la televisión y me he entrevistado con Ariel Sharon, Netanyahu y saben quién soy perfectamente. Tengo que decir algo positivo: son muy pacientes conmigo. No sé qué pasará ahora. La otra historia de este libro son los documentos que he revelado y que son muy sensibles. Las escuchas de Israel a Clinton es uno, pero hay muchos otros. Por ejemplo, un documento escrito por el servicio de seguridad diciendo que un Arafat muerto es bueno para Israel. No es una prueba fehaciente de que Israel lo mató, pero muestra algunas cosas y, por lo tanto, es muy interesante cómo van a reaccionar ahora conmigo. Es un tema sensible.

¿Existe crítica interna en Israel sobre la ocupación?

No.

¿Esta falta de crítica interna no dificulta el proceso de paz? Los gobiernos de Israel no tienen una presión interior fuerte de su opinión pública para poner fin a la ocupación.

Israel ha experimentado en los últimos años un movimiento dramático hacia la derecha. Por muchos motivos. Primero por los rusos judíos que llegan a Israel en la década de los 90 que son de derechas. Venían de un país enorme y no podían entender que se renunciara a tierras si Israel eran tan pequeño.

Pero hay otra razón de por qué Israel se movió a la derecha. Nosotros, la izquierda, fracasamos. No es que la derecha tuviera éxito, sino que la izquierda fracasó. Nosotros pusimos todos nuestros huevos en la misma cesta. Sólo nos interesaba el proceso de paz. No hablábamos de derechos humanos ni de Justicia Universal. Sólo del proceso de paz. En el momento en el que hubo problemas con el proceso dijeron que no funcionaba y los votantes se pasaron a la derecha. La izquierda ya no tenía nada más que ofrecer porque todos nuestros huevos estaban en esa cesta. Tendríamos que haber hablado de derechos humanos y de Justicia Universal. Hubo un motivo por el que Israel se pasó a la derecha y se simplificó todo a que los árabes son malos y los israelitas son buenos. El fracaso de la izquierda es mucho más interesante que el éxito de la derecha.

¿Este libro se publicará en Israel?

Sí, muy pronto.

¿Teme algún algún tipo de represalia de Israel por la publicación de estos documentos?

Una de las críticas de mi libro es que yo expongo unos documentos apasionantes pero que en las notas a pie de página no revelo las fuentes. Digo fuente privada. No puedo desvelar mis fuentes porque se les mandaría a la cárcel inmediatamente. Pero en mi cerebro hay un pequeño rincón que espera que cuando vaya a Israel, me paren y me pregunten sobre mis documentos. Entonces, yo podría salir y llamarte y decirte: '¿Ves? Mis documentos son verdad'. Ahora lo están traduciendo al hebrero y va a ser publicado en Israel. No obstante, si el día en que mi libro es publicado en Israel pasa otra cosa importante a nadie le va a importar. Veremos qué pasa.

¿Qué le gustaría a usted que pasara?

Quiero que lo lean. Esta es mi técnica. Hace muchos años uno de mis editores me preguntó por qué debería pagar tanto por mis libros. Yo le contesté que mis libros tienen una gran historia y documentos fantásticos que van a atraer la atención sobre la ocupación. Quiero que lean sobre la ocupación porque algunos de ellos o bien no saben lo que está pasando en Palestina o no quieren saberlo. Quiero que lo lean.

¿En Israel se conoce lo que está ocurriendo en Palestina? ¿Sus amigos, su familia...?

No, no lo creo. No creo que sepan nada sobre la tortura. No creo que sepan sobre el boicot a los palestinos a través de la información que están dando. Están demasiado ocupados con su vida. No creo que entiendan la brutalidad de lo que está pasando. Algunos soldados que han servido allí lo saben, pero el público general no creo que sepa los detalles y espero que lean este libro.

"Habría que boicotear los productos de Israel producidos en territorios ocupados"

Usted pide que EEUU endurezca su postura sobre el Estado de Israel y que lo chantajee si hace falta. ¿Cree que Israel cederá sin amenaza de una solución impuesta por el uso de la fuerza por parte de EEUU?

Si el mundo quiere que Israel se mueva tienen que pasar varias cosas. Tiene que haber una resistencia no violenta en contra de los israelitas por parte de Palestina porque los palestinos no van a recibir su Estado en una bandeja de plata. Tienen que ir a luchar de manera pacífica y tienen que conseguirlo. También es importante para la historia palestina poder decir a sus hijos en generaciones futuras que lucharon por ellos. Este movimiento tiene que ser no violento.

Por ejemplo, una vía es que todos los palestinos salgan de su casa con flores y que se sienten en el suelo. El mundo entero les admiraría. Es la nueva forma de lucha. Si retan a los israelitas por la fuerza, los israelitas van a decir que los palestinos son como el Estado Islamista y que son terroristas. Que se pongan sábanas blancas, cojan flores y se sienten en la calle. Que manden fotos. El mundo entero estará con Palestina y habrá una presión internacional. Los palestinos no tienen bienes que ofrecer. Israel lo tiene todo en sus manos. A esta vía habría que añadir otra como hacer un boicot internacional a los productos de Israel producidos en territorios ocupados. No a todos los productos de Israel. Sólo a los de los territorios ocupados. La presión podría ser llevada a cabo por Estados Unidos y por la ONU.

Hay varios hipótesis sobre la solución para el conflicto. Una de ellas habla de crear un único Estado plurinacional y otra que sean dos estados: Israel y Palestina.

Un único Estado plurinacional nunca sucederá porque los dos estados no lo quieren. Los palestinos le dicen a los israelitas a menudo si no os portáis bien habrá la solución de un Estado multinacional. Los israelitas entienden que no es una buena idea tener un único Estado. ¿Por qué? Entre el mar y el río Jordan hay seis millones de judíos y cuatro millones de árabes. Si esperas otros 20 años y llegas a la solución de un único Estado habrá una mayoría árabe. Los israelíes tienen dos opciones. La primera es decirle a los palestinos: vosotros participáis en elecciones generales. En ese caso, el Primer Ministro sería palestino. Si los israelitas les dicen a los palestinos: no, no vais a votar. Entonces, estaríamos en Sudáfrica. Y los israelitas así lo entienden.

Usted aboga por dos estados, ¿pero dónde pone las fronteras?

El 78% de la Antigua Palestina entre el mar y Jordán es Israel. El 22% es Palestina. Los dos están de acuerdo en que esto debería ser así. El problema es que Israel está construyendo asentamientos e intentando comprar parte de ese 22% y ese es el problema: los asentamientos. La solución puede ser que Israel ceda otras tierras para compensar esos asentamientos.