Publicado: 13.12.2013 07:27 |Actualizado: 13.12.2013 07:27

La izquierda alternativa, ante el reto de "refundar" Europa

Más de 30 formaciones de izquierdas del viejo continente se reúnen este fin de semana en Madrid en busca de un discurso que unifique su estrategia contra el enemigo común: las políticas de austeridad y la sumisión de

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Este viernes arranca el IV Congreso del Partido de la Izquierda Europea (PIE) en Madrid. 33 formaciones de toda Europa discutirán hasta el domingo su proyecto para el viejo continente en el contexto de la crisis y con las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2014 en el horizonte. La cita, en la que se reelegirá a Pierre Laurent como presidente y en la que se confirmará la candidatura de Alexis Tsipras ─ Líder de Syriza ─ a la presidencia de la Comisión Europea, tendrá, sin embargo, una gran ausencia. Jean-Luc Melénchon, líder del Parti de Gauche (PG) francés y excandidato a la presidencia de Francia por el Front de Gauche (FG), ha decidido no asistir por estar en desacuerdo con el tono y el contenido del documento político que se aprobará el próximo domingo, además de por no aceptar que Laurent, compañero de coalición con el Partido Comunista de Francia (CPF), vuelva a dirigir al PIE.

Se trata de una baja más que notable y que obligatoriamente debería provocar un ejercicio de reflexión en los partidos que se agrupan en el PIE. Melénchon y Tsipras han sido considerados como la gran esperanza de la izquierda alternativa europea durante los tres últimos años por su carisma, su discurso de resistencia al austeritarismo, su capacidad de movilización, por haber convertido a sus respectivas coaliciones en referente de los ciudadanos y por sus éxitos electorales. Por lo tanto, si uno de ellos no está, el PIE pierde un referente.

La decisión de Melénchon tiene una doble motivación. Por un lado no acepta que Laurent haya decidido presentar al PCF a las elecciones a la alcaldía de París del próximo año en las listas del Partido Socialista en lugar de con el FG, algo que forma parte de la tradición de los comunistas franceses. Por otro, está convencido de que el momento histórico en el que se encuentra la UE requiere que el PIE tenga un discurso más radical y que muestre que realmente aspira a conquistar a la mayoría social europea a través de la desobediencia. De alguna manera, lo que está tratando de decir es que sin una revolución popular al estilo de los pueblos de Latinoamérica, la izquierda conseguirá un resultado óptimo en las próximas europeas como consecuencia de la crisis y poco más. Y eso, ni siquiera está asegurado porque el avance de la extrema derecha personalizada sobre todo en Marine Le Pen y su Frente Nacional representa una amenaza real.

¿Está siendo el PIE demasiado conservador en sus propuestas? El documento político a discusión no contiene grandes florituras pero habla de ruptura con las políticas de austeridad y aspira a que la izquierda europea refunde la Unión democratizando sus instituciones y la saque de "su crisis existencial". Es un pacto, sin duda, de mínimos. Pero natural teniendo en cuenta la heterogeneidad de fuerzas que componen el PIE, donde están desde Izquierda Unida hasta los comunistas de Moldavia.

Ahora bien, no hay que perder de vista otro aspecto: la realidad de cada formación y cada país no es la misma. En Francia está Le Pen ─ favorita en las encuestas ─ y por eso es natural que Melénchon reclame un discurso más radical. En Grecia se podría decir lo mismo con Amanecer Dorado. Pero en España, la campaña por las europeas se va a plantear en otros términos. El trabajo de las tres organizaciones que están en el PIE (IU, Partido Comunista y Esquerra Unida i Alternativa) se ha centrado en un proceso de convergencia ─ planteado con mayor o menor éxito, pero planteado ─ con los movimientos sociales que desemboque en un bloque de la izquierda política y social capaz de poner en marcha un proceso constituyente para superar al bipartidismo que gobierna desde la Transición.  Habrá opiniones para todos los gustos pero ahora que IU empieza a subir en las encuestas es normal que la Federación que dirige Cayo Lara se plantee si es pertinente radicalizar aún más su mensaje y optar, por ejemplo, por la salida del euro, porque eso podría conllevarle perder parte del camino recorrido. IU ha tratado de darle una explicación económica a su elección, pero siempre habrá críticos que reclamen más dureza.

En Italia, por ejemplo, Rifondazione Comunista no consiguió entrar en el Parlamento en las elecciones de febrero y ─ más allá de las connotaciones históricas que sigue teniendo hoy el comunismo en Italia para el ciudadano medio ─ el hueco que deja a su izquierda el Partido Democrático ha sido ocupado por el Movimiento 5 Estrellas. En Portugal, el Bloco de Esquerda, tras su debacle en las elecciones municipales, no está en condiciones de convertirse en abanderado de nada. Y en Alemania, la formación de la Gran Coalición entre socialdemócratas y democristianos ha dejado a Die Linke en una posición de debilidad manifiesta.

El resultado es que parece muy complicado que la propuesta del PIE pueda contener cada estrategia a nivel nacional si no es a través de un denominador común: el fracaso del proyecto europeo levantado por la socialdemocracia y la derecha y la necesidad de reconstruir la UE con un proyecto y una economía al servicio de la gente. Pese a todo, la solidez de este argumento no dejará de despertar dudas. Ya sea en Francia por la alianza de los comunistas con los socialistas, ya sea en España, por el Gobierno de la Junta de Andalucía.

Otra cuestión diferente es si el PIE está preparado para ser la estructura que canalice todo esto con su composición actual. Muchas de las críticas que llegan desde diferentes sectores de la izquierda, no sólo del PG, es que es un pilar muy positivo pero por su funcionamiento parece una especie de elefante con una capacidad de maniobra y reacción limitadas. Y quizá sea en esto donde más tiene que trabajar la izquierda alternativa para recuperar el espíritu del internacionalismo al que aspira.

El mismo Congreso en sí no parece una asamblea al uso y pese a que haya habido un intenso trabajo previo los próximos días servirán tan sólo para refrendar las decisiones tomadas de antemano y el debate quedará en un lugar muy reducido. Podría hablarse incluso de una izquierda que camina a dos velocidades distintas. Por un lado, la marcha que cada organización pone a nivel nacional y por otro, la que llevan como conjunto. El dilema está en si los dos ritmos deben ir acompasados. Y puede que sea demasiado pronto. Algunas de estas formaciones, antes del estallido de la crisis, o no existían o no contaban prácticamente nada en sus parlamentos respectivos. Además, la dificultad de las izquierdas para entenderse entre ellas no es una cosa de hoy y eso queda reflejado en algunos documentos fundacionales del PIE.