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Jaque latino al Tío sam

La iniciativa de Brasil de crear un consejo militar para Suramérica gana adeptos. Chávez y Kirchner la apoyan

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-¿Qué puede hacer Washington para colaborar con el Consejo de Defensa de Suramérica?
-Nada, mantenerse a distancia.

Podría ser un diálogo de un culebrón anticapitalista de TeleSur o Cubavisión. O de una utópica película de inspiración bolivariana. El sueño de los oprimidos, con aroma de celuloide: un poderoso político estadounidense ofreciendo su apoyo militar. Y un valentón suramericano rechazándolo. El héroe latino, apuntando al clásico final feliz, confiesa al jefazo militar estadounidense un plan de defensa conjunta para Suramérica. Ni siquiera hay posibilidad alguna de que el Tío Sam participe en operaciones militares conjuntas.

El diálogo latino-soberanista tuvo lugar el 21 de marzo en Washington. El halcón de Bush que pronuncia la pregunta era Robert Gates, secretario de Defensa. El guerrero latino, Nelson Jobim, ministro de Defensa de Brasil. El plan de defensa no es otro que el proyecto Consejo de Defensa de Suramérica, que Brasil acaba de lanzar tras la reciente crisis entre Ecuador y Colombia. Y que, de una forma u otra, podría cristalizarse en una especie de Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS).

El diálogo, multiplicado por los ecos bolivarianos de Hugo Chávez, ha incendiado la prensa latinoamericana. En una visita a Brasil la semana pasada, Chávez alabó la respuesta del ministro brasileño. 'Jobim le respondió que nada. Y es eso: déjennos quietos. Y eso hay que decirlo en todos los aspectos, en lo político, en lo económico y en lo social', dijo Chávez en Recife.

El presidente venezolano apoyó sin fisuras la creación del consejo. Barrió, eso sí, para la casa (bolivariana) y se atribuyó en parte la paternidad de esta OTAN del Sur: 'El plan de Bolívar era ése, formar la alianza no sólo económica, sino política y militar también para defendernos'. Brasil, que desde la guerra de las Malvinas de 1982 ve con preocupación la injerencia de potencias externas en una geografía minada de recursos naturales, está empujando sin complejos el tanque de la integración militar.

En 2006 tuvo lugar en Argentina un metafórico ejercicio militar lleno de significado en el que participaron Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela. La tarea del ensayo de defensa, que hacía hincapié en la protección de los recursos naturales, consistía en recuperar un aeropuerto invadido por una potencia extra continental. El malo de la película fue EEUU, algo totalmente inédito en este tipo de ensayos.

El papel militar de EEUU en Suramérica está en pleno retroceso. La presencia armada del tío Sam irrita más que nunca. Incluso provoca crisis políticas. La base estadounidense en Mariscal Estigarribia, en el Chaco paraguayo, puso en peligro la mismísima integridad del Mercosur. El 5 de mayo de 2005, EEUU y Paraguay autorizaron 'ejercicios e intercambios militares bilaterales'. Y el Parlamento paraguayo aprobó la instalación de una base para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo. Incluso expendió inmunidad diplomática a los soldados stadounidenses.

Carlos A. Pereyra Mele, del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos alertaba entonces que la presencia de la base estadounidense 'podía ser el momento más difícil para Suramérica desde las Guerras de Independencia'. Brasil y Argentina, que amenazaron con expulsar a Paraguay del Mercosur, consiguieron derrumbar la inmunidad de los soldados estadounidenses a partir de 2007.

Lo cierto es que cualquier intento de EEUU de protagonizar coaliciones, últimamente, se choca contra un muro de desprecio y recelo. La operación Fuerzas Comando 2006, por ejemplo, apadrinada por el Comando Sur norteamericano, contó con la presencia de soldados de EEUU, Colombia, Chile, Costa Rica y Paraguay, entre otros. Pero Brasil, Argentina y Venezuela se mantuvieron aparte.

Por otro lado, la maniobra Partnership of the Americas, que tuvo lugar entre abril y mayo en el Caribe bajo batuta estadounidense, provocó la ira de Chávez. El Ecuador de Rafael Correa, a su vez, notificó a Washington que no renueva el convenio sobre la Base Aérea de Manta, donde el Ejército estadounidense está instalado para 'luchar contra el narcotráfico'.

América Latina ya no se cree la excusa de la lucha contra el narcotráfico. Mucho menos la cruzada yanqui contra el terrorismo. Después de décadas de intervencionismo (invasión de Panamá, financiación de la contra nicaragüense, apoyo a docenas de dictaduras sangrientas...), Latinoamérica confía poco o nada en su primo rico del norte.

Wellington Sandoval, ministro de Defensa de Ecuador, llegó a insinuar hace semanas que EEUU usó la base de Manta para apoyar a Colombia en el asesinato de Raúl Reyes, el líder de las FARC. Y por eso son muy pocos los que creen a ciegas las buenas intencionesde Washington.

La base en Mariscal Estigarribia, a ojos del cada vez más numeroso eje del mal latino, pretende controlar el acuífero guaraní (segunda reserva de agua dulce del mundo) y las reservas de gas y petróleo de Tarija (Bolivia). Además, pretende desesta-bilizar el Mercosur.

Por eso, Colombia está cada día más aislada en el continente. Su férrea alianza con Washington (apoyo económico para una presunta lucha contra el narcotráfico) choca de frente con el camino antianortea-
mericano de Suramérica.

Dudas sobre la OEA

Brasil ya se opuso en 2004 a la iniciativa estadounidense de convertir la Junta Interamericana de Defensa (JID), perteneciente a la Organización de Estados Americanos (OEA), en un organismo de coordinación para la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. La misma OEA, después de su tibio papel en la crisis Colombia-Ecuador, está en entredicho.

¿Tiene sentido que tenga su sede en Washington, tan lejos de Brasilia o Buenos Aires y tan cerca de la Casa Blanca? ¿Qué intereses se ocultan bajo su presunta vigilancia de la democracia? Suramérica desconfía cada día más de la OEA.