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Otra jornada cierra nueve meses de protestas en Francia

La manifestación pierde fuelle pero el daño a Sarkozy está hecho

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Los franceses se despidieron con la última jornada de huelga y protesta de la larga campaña de manifestaciones masivas durante nueve meses, incluyendo paros que casi paralizaron el país en octubre, contra el recorte de pensiones públicas inicialmente planeado por el presidente Nicolas Sarkozy. La movilización, sin precedentes desde 1995, ha servido para deslegitimar el plan conservador. Ahora algunos sindicatos planean seguir la protesta como guerra de guerrillas pacífica.

La jornada de acción confirmó que la movilización de masas y las huelgas están amainando en esta tanda del pulso. Con el proyecto de ley de recorte muy modificado, ya aprobado en el Parlamento, y sólo pendiente del dictamen del Consejo Constitucional, los franceses optaron por manifestaciones moderadas en parámetros franceses que reunieron en unas 240 ciudades a entre 375.000 personas, según la policía, y dos millones según los sindicatos.

El 70% de los franceses piensa que el Gobierno sale debilitado

Las huelgas puntuales y por sectores prosiguen a baja intensidad, y hoy, por ejemplo, los basureros de París entraban en su decimosexto día de paro, con una participación del orden del 30%. Aunque no había llamamiento general a la huelga, en algunas actividades sí la hubo, y por ejemplo la compañía ferroviaria nacional tuvo que anular la mayoría de los trenes nocturnos de largo recorrido.

La intersindical, que sigue unida pese a ciertas divergencias, prevé una nueva acción en la cuarta semana de noviembre. Los ferroviarios planean nuevas acciones antes de esa fecha. Los resultados de la movilización de estos meses son contundentes: la opinión pública ha quedado marcada por el combate y, tras apoyar masivamente las posiciones sindicales sobre las pensiones entre un 56% y un 73%, según los diferentes sondeos, ahora empieza a posicionarse políticamente.

El papel activo de los trabajadores del sector privado sorprende a París

Hoy, un sondeo del instituto BVA para Canal+ dijo que el 70% de los franceses piensa que el Gobierno sale debilitado. Por el contrario, un 64% dice que el conflicto ha mejorado la imagen que tenían del Partido Socialista, y un 54% aprecia más favorablemente ahora las posiciones de las principales fuerzas a la izquierda de los socialistas.

Ese resultado tiene su secreto de fabricación. Porque esta campaña, en un país tradicionalmente levantisco, ha sido la primera desde 1968 en devolver al primer plano una figura prácticamente olvidada: el trabajador manual, en su mayoría del sector privado.

En el punto álgido del conflicto, hacia la tercera semana de octubre, basureros, estibadores de terminales portuarias petroleras, obreros de refinerías y camioneros demostraron que podían paralizar el país. Esa era una configuración que dejó atónito al Gobierno, que se había preparado para un conflicto clásico contra los funcionarios. Otra novedad de la protesta fue el papel destacado de los jóvenes, alumnos y universitarios, que llamaron la atención con acciones muy radicales, sobre todo en Lyon.

Estibadores, camioneros, basureros y obreros de refinerías a punto estuvieron de materializar la paralización del país. Al final, sólo una decisión de la intersindical, que optó por razones estratégicas no ir al choque con las fuerzas antidisturbios enviadas a las refinerías por Sarkozy, evitó la parálisis. Una razón de fondo es la clave de esa decisión. Francia entra ya en el largo periodo político que, tradicionalmente, precede a las elecciones generales, presidenciales y legislativas previstas para 2012.