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Marruecos contra el Hirak El Rif que dejó Fikri: un año de la muerte que prendió la mecha de las protestas

La muerte de un joven que trató de recuperar de la basura su pescado confiscado por la policía en Alhucemas derivó en el Hirak: un movimiento social que desenmascaró la corrupción y el abandono del régimen de Mohamed VI en en norte de Marruecos. Éste es el retrato del movimiento tras un año de lucha y dura represión.

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Manifestantes del movimiento social del Rif Hirak se manifiestan contra el Gobierno marroquí y por la liberación del líder de las protestas, a Nasser Zefzafi, en la ciudad de Imouzren el pasado junio.- FADEL SENNA / AFP

"El Hirak nos recordó que somos personas. Por primera vez, sentí que tenía voz y que podía gritar por lo que era mío”. Ese es el testimonio de uno de los integrantes del Movimiento Popular del Rif (Hirak) que hoy se encuentra exiliado en Melilla a la espera de una resolución de su petición de asilo político. Se llama Reduan, pero no es su nombre. Prefiere mantener el anonimato, consciente de que, aunque esté fuera de Marruecos, sigue estando en peligro.

Su historia es la de cientos de jóvenes que han tenido que huir de sus tierras, del Rif, una región situada al norte de Marruecos donde hoy se cumple un aniversario trascendental con el que se inició un año de movilizaciones sociales. El 28 de octubre de 2016 moría aplastado por la compactadora de un camión de la basura Mohssine Fikri, un joven de Imzouren (a 23 kilómetros de Alhucemas) que trataba de impedir que el pescado que comercializaba fuera triturado por la policía. Alguien accionó el mecanismo y sucedió el trágico final. Su fin supuso el inicio de unas movilizaciones sin precedentes que han provocado una de las mayores crisis del gobierno marroquí.

De las primeras protestas emergió otra figura, la de Nasser Zefzafi, un desempleado que estuvo presente desde la creación de un movimiento que fue creciendo hasta convertirse en un gran dolor de muelas para el régimen de Mohamed VI. Su discurso en tamazight (lengua del Rif) y su claridad en los mensajes fueron aupándole hasta convertirse en la cara visible de un movimiento social que ha condicionado la agenda política y mediática del país norteafricano.

El activista marroquí Nasser Zefzafi, líder del movimiento popular detenido en mayo, durante una protesta en la ciudad norteña de Alhucemas el 6 de mayo de 201.-AFP

A finales de diciembre vaticinaba: “lo que vendrá será mayor que lo sucedido”. Estaba esbozando la importancia del Hirak. Sin embargo, también alertaba sobre las consecuencias de no mantenerse unidos: “Si no vamos a una causa común, el majzén se aprovechará de ello y el escenario será igual o peor al de 1958 o 1984”. Con majzén hacía alusión a la oligarquía que gobierna Marruecos, “las élites económicas, quienes realmente dirigen el país, no la policía o los funcionarios, sino los que deciden qué sucede las 24 horas al día”, añadía. En las fechas nombradas se encierra la historia de represión y asesinatos de la población rifeña cuando ésta se levantó para exigir derechos sociales, como hacen en la actualidad.

Un nacimiento espontáneo 

Mucho ha llovido desde aquellas palabras. El Hirak, que nació espontáneamente ese 28 de octubre, se ha convertido en un movimiento que ha puesto contra las cuerdas a todo un régimen que no dudó en utilizar todas las herramientas disponibles para desacreditar los levantamientos. La reivindicaciones eran muy concretas. El gobierno, que reconoció su legitimidad, trató al mismo tiempo de desacreditar su lucha bajo acusaciones de separatismo, financiación argelina o del Frente Polisario. Acusaciones que cayeron por su propio peso, aunque la semilla de la desconfianza quedaba sembrada.

El Hirak pedía mejoras sociales y económicas, un hospital oncológico en condiciones, universidades y el fin de la militarización de la ciudad de Alhucemas

El majzén actuó, y lo hizo con contundencia. Después de ocho meses de protestas, el 29 de mayo era detenido Zefzafi junto a todas aquellas personas que habían ayudado a poner en marcha el movimiento. El desencadenante fue la irrupción del líder rifeño durante el sermón de un imam en una mezquita de Alhucemas. Pero a medida que pasaban las horas los cargos en su contra fueron incrementando: financiación del exterior, delitos contra la seguridad interior del Estado, propaganda que atenta contra la unidad y soberanía del reino, entre otros. No obstante, en su primera declaración ante el juez, Zefzafi defendía las reivindicaciones del Hirak: “Pedimos mejoras sociales y económicas, un hospital oncológico en condiciones, universidades y el fin de la militarización de la ciudad de Alhucemas”.

Con las detenciones el movimiento rifeño quedó desmembrado, las autoridades llegaron a apresar a diez activistas por día. Pero el empuje en las calles se mantuvo, al menos durante un tiempo. Dos muertos después, la calle empezó a acusar los efectos de la represión.

Imagen del joven fallecido Imad Attabi durante su estancia en el hospital, difundida por varios medios marroquíes.

Durante el discurso de la fiesta de Entronización, Mohammed VI alabó las actuaciones policiales que habían causado la muerte de Imad Attabi, tras ser alcanzado por un proyectil de gas lacrimógeno en la cabeza durante la manifestación del 20 de julio en Alhucemas y la muerte de Abdelhafid Hadad, tras una semana hospitalizado al respirar gas lacrimógeno en la manifestación del 9 de agosto.

Juicio a la plana mayor del movimiento rifeño

El juicio contra los activistas del Hirak comenzó esta semana tras cinco meses en prisión, cuando se cumple el primer aniversario de las manifestaciones. Más de 40 de los 53 activistas presos en Okasha, Casablanca, habían mantenido una huelga de hambre extrema durante 44 días. Familiares y abogados aún temen por sus vidas. En esas condiciones se presentaron en el juicio Nasser y otros 31 activistas. La causa contra los 21 restantes había comenzado a mediados de septiembre, en la que se estaba juzgando al considerado número dos del Hirak, Nabil Ahamjik.

“Muerte antes que humillación”, gritó Nasser Zefzafi ante el tribunal 

Un proceso que duró cuatro horas y en el que Zefzafi solicitó sinéxito ─igual que sus abogados─ el turno de la palabra. Cuando el juez determinó un receso, Nasser tomó la palabra para denunciar los malos tratos, torturas y violaciones sexuales de las que habían sido víctimas en la cárcel, según un audio grabado en la sala que circula en redes. Acto seguido entonó el que se ha convertido en el lema coreado durante las manifestaciones: “Muerte antes que humillación”, acompañado por los demás activistas y familiares presentes en el juicio. Los 68 abogados de los activistas solicitaron más tiempo para preparar su defensa, lo que llevó al juez a retrasar el juicio hasta el 31 de octubre.

Esa misma tarde, Mohammed VI cesaba a tres de sus ministros por una mala gestión de los programas de desarrollo de la región de Alhucemas. Una decisión que se hacía pública tras un informe del Tribunal de Cuentas que ponía de manifiesto retrasos en los proyectos de desarrollo que afectan a la ciudad. Se trata del programa "Alhucemas faro del Mediterráneo 2015-2019" (Al Hoceïma Manarat Al Moutawassit), que había sido establecido para octubre de 2015 y sobre el que pesan retrasos y puntos en los que no se había producido ninguna ejecución. Un proyecto dotado con un presupuesto de 600 millones de euros y que es una de las denuncias que abandera el Movimiento Popular.

Manifestantes encapuchados lanzan piedras a la Policía antidisturbios durante la multitudinaria protesta en Alhucemas, Marruecos, el pasado 20 de julio.- REUTERS

Sin embargo, Yamani Eddoghmi, integrante de la Coordinadora del Movimiento Popular del Rif en Madrid, explica que es un acto de un gobierno que quiere tapar la realidad y dar la sensación de que hacen algo: “La verdad es que es un proyecto que no ha funcionado desde su inicio”, lamenta.

"Marruecos no fue la excepción de la Primavera Árabe. Hay detenidos, muertos y un Estado policial"

A nivel personal, este rifeño residente en Madrid, destaca que la destituciones son “un claro ejemplo de que el gobierno no tiene poder y actúa como títere sin ninguna dirección política”, debido a que la coalición de seis partidos que lo conforman no tienen poder de decisión. “Quien decide es Palacio, un gobierno en la sombra o gobierno profundo como lo llamamos en Marruecos, situado al margen de las urnas”. “El Rif ha demostrado que Marruecos no fue la excepción de la que nos hablaron tras las primaveras árabes del 2011, hay detenidos, muertos y un estado policial, a fin de cuentas dictatorial”, recalca Yamani.

Las cifras oficiales de detenidos rondan las 340 activistas encerrados entre Alhucemas, Imzouren y Okasha. Entre los que se encuentran cerca de una decena de menores, según denunció la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH). Sin embargo, las cifras se incrementan si se contabiliza a quienes han sido condenados, quienes están siendo juzgados o los que quedan por juzgar. Muchos de ellos “secuestrados de sus casas a altas horas de la noche, torturados por participar en las manifestaciones y sin ninguna garantía jurídica”, según denuncia la asociación. A esta cifra hay que añadirle el centenar de jóvenes perseguidos en libertad y que, como explicaba el joven exiliado Reduan al principio de este reportaje, prefieren escapar que acabar en la cárcel por exigir derechos.

Silencio, cárcel o exilio

Tres son las salidas que les ha quedado a estos últimos: guardar silencio, exiliarse o buscar desesperadamente la oportunidad para hacerlo. Reduan es uno de ellos, tras conseguir salir del Rif cuando comenzaron las detenciones y sufrir las consecuencias en su propia piel, este joven rifeño decidió marcharse antes de ser encarcelado. Como integrante del Hirak ya había sido citado por la policía y disuadido para que dejara de manifestarse. Explica que se marchó cuando le avisaron de que su nombre había sonado en la comisaría de Okasha. "A todos los compañeros se los llevaron, nos escondimos pero, ¿cuánto tiempo podíamos escondernos?”, relata desesperado.

Miles de rifeños durante el funeral del activista Imad Atabi en Alhucemas.- TWITTER @Aydud24

En la comisaría de Imzouren -a 23 kilómetros de Alhucemas- le mostraron imágenes suyas junto a Zefzafi y otras, participando en las manifestaciones. “Llevaban tiempo documentando nuestras acciones”, explica. De haberse quedado le habrían llevado a prisión y habría sufrido “la mismas consecuencias” que sus compañeros. Consiguió cruzar a Melilla. Formalizada la petición de asilo político, reside entre el CETI y diferentes lugares donde consigue pasar la noche. “No podemos trabajar, no tenemos ningún ingreso, vivimos de las ayudas de amigos y familiares”, cuenta.

La diáspora se moviliza

Ante las llamadas en los últimos días en las redes sociales convocando a la ciudadanía a participar en manifestaciones los días 27 y 28 de octubre, las autoridades provinciales de Alhucemas prohibieron toda protesta pública, según la prefectura de la provincia. Sin embargo, aseguran diferentes activistas rifeños que tanto en Nador como en Alhucemas habrá manifestaciones. Desde el 28 de mayo se prohibió toda forma de protesta y uno de los cargos que más se repite en las detenciones de activistas es la participación en una manifestación prohibida. La población de la diáspora, a su vez, prepara para hoy movilizaciones en diferentes partes del Estado español, la Coordinadora del Movimiento Popular en el Rif de Madrid ha publicado un comunicado denunciando “un año del asesinato de Fikri”, una muerte que “reveló todo un sistema envuelto en una corrupción y un clientelismo galopantes”. Por ello, exigen la liberación de todos los presos y que se respondan las demandas legítimas del pueblo.

"No hay trabajo, no hay vivienda, no hay nada y no tienen nada que perder", aseguran

Yamani comenta que el Hirak no está muerto, sino parado ”por las presiones y actuaciones del gobierno y la policía”. Una postura que comparte Naziha Al Idrissi. “Puede dar la sensación desde fuera de que no hay fe en la lucha social que llevan a cabo en el Rif, pero sigue el activismo, sobre todo en redes puesto que en las calles son detenidos de inmediato”. Denuncia esta rifeña que todavía ayer continuaban las detenciones en Alhucemas, pero que no por ello se dejará de pedir “la libertad de los presos políticos y que se escuchen nuestras reivindicaciones”. Para la mediadora intercultural es cuestión de tiempo que se extienda la lucha a todo Marruecos puesto que comparten una misma lucha. “En el caso que se produzca una condena tras el juicio, volverán a las calles porque no hay trabajo, no hay vivienda, no hay nada y no tienen nada que perder”.

Precisamente una de las denuncias del Hirak es el vaciado que sufre el Rif a causa de las políticas que expulsan a los jóvenes de su tierra, dejando como única salida la inmigración. En Melilla, donde se encuentra Reduan esperando la resolución de su situación, dice vivir una relativa seguridad “alejado del majzén”, pero aún encarcelado en la propia ciduad. "Fue la salida más rápida que encontré, pero aquí vivimos en otra cárcel, solo pienso en cómo salir, por cualquier medio”, sentencia.