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La metamorfosis de la heredera de Lula

Dilma Rousseff deja atrás su pasado clandestino para liderar el Partido de los Trabajadores

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Quienes la conocen de cerca la describen como una mujer inteligente, con las ideas claras, severa y exigente. Durante una intensa y larguísima campaña, Dilma ha reforzado su imagen de mujer dedicada al trabajo, más aún tras afrontar un cáncer linfático en plena precampaña. Veinte mítines apenas uno de ellos sin la compañía del presidente Lula y 68 ruedas de prensa después, dice que ser más paciente: 'La energía del pueblo me ha cambiado por dentro'.

Los marqueteiros, como se llama en Brasil a los profesionales del marketing político, provocaron una metamorfosis espectacular de la candidata. En un año, Dilma cambió de peinado y de forma de vestir. Gracias a la cirugía estética se retocó los pómulos, borró las arrugas y elevó el perfil de su nariz. Abandonó sus gafas de pasta y se esforzó por modernizar y dulcificar esa imagen de dama de hierro, que siempre le había acompañado.

El cambio de imagen ha incluido la cirugía estética y un nuevo peinado

Dilma Rousseff, al contrario que Lula o Marina Silva, no cuenta en su biografía, con la autoridad moral que otorga un origen humilde. Nacida en 1947 en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, creció rodeada de libros y de buenos modales. Su padre, el búlgaro Pétar Russév que se hizo llamar Pedro Rousseff, dio a sus hijos una educación europea, con clases particulares de piano y de francés.

La dictadura militar (1964-1985) llevó a la radicalización política de una jovencísima Dilma. Participó en varias organizaciones clandestinas de resistencia a la dictadura, especialmente la Vanguarda Armada Revolucionária Palmares. Pagó el precio: arrestada en el año 1970, fue torturada durante 22 días y pasó dos años en la cárcel. Sin embargo, no queda claro cuál fue su papel en la guerrilla. Aunque la prensa conservadora la haya tildado de 'terrorista', no hay pruebas de que llegase a empuñar las armas. No ha ayudado que la candidata petista optase por el silencio sobre su pasado.

Dilma también ha mantenido la ambigüedad en torno a sus creencias religiosas. En la recta final de la campaña, al advertir sus asesores que estaba perdiendo votos entre los fieles católicos y evangélicos, tuvo que improvisar una reunión con líderes religiosos para aclarar que no está a favor de promover la legalización del aborto.

Torturada por la dictadura nunca ha hablado sobre su papel en la guerrilla

Sólo con la Ley de Amnistía de 1979 recuperó sus derechos políticos y, afincada en el estado sureño de Rio Grande do Sul, inició su carrera en el Gobierno local, de la mano del Partido Democrático Laborista (PDT). Años después, Lula la escogía como ministra de Energía y, tras el escándalo de las comisiones ilegales en el Congreso, el caso mensalão de 2005, fue designada jefa de Gabinete.

En el PT no pertenece a la vieja guardia. Se afilió hace apenas una década y, cuando Lula la señaló como su 'heredera', ninguna de las facciones que integran el partido la quería. Acataron su decisión en piña, pero perdura la incógnita de cómo hará Dilma para mantener el control de su partido después de que, en enero de 2011, Lula abandone la presidencia.