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Obama ha traicionado su palabra

El presidente de EEUU acaba de autorizar la detención indefinida de sospechosos

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Hace hoy diez años desembarcaban los primeros prisioneros de la 'guerra contra el terror' en el campo de reclusión de Guantánamo. Ese día, desde las montañas de Cuba, un grupo de corresponsales extranjeros contemplábamos su llegada. Vistos desde los lentes de nuestras cámaras los detenidos parecían muy pequeños, avanzando encadenados entre sus enormes custodios militares. Aún nadie sabía a ciencia cierta cuál sería el destino de aquellos hombres que veíamos bajar de los aviones.

Eran los 'combatientes enemigos', una nueva raza carente de los derechos básicos que gozamos los demás seres humanos. Ellos pueden ser capturados sin pruebas, secuestrados, trasladados clandestinamente, torturados y detenidos sin juicio por siempre. La clasificación jurídica se le ocurrió al mismo presidente que legalizó el uso de la tortura. Toda una política que el Obama candidato prometió cambiar, recibiendo el apoyo de la mayoría de los estadounidenses y de la comunidad internacional.

Desde las montañas de Cuba vimos cómo llegaba esa raza' privada de derechos

Cuando asumió la presidencia le dijo al mundo que, en el futuro, lo que se haga en la lucha contra el terrorismo sería diferente: 'Lo vamos a hacer de forma que sea consecuente con nuestros valores y nuestros ideales'. El 22 de enero de 2009, en su segundo día en la Casa Blanca, emitió una orden ejecutiva en la que decretaba el cierre definitivo del campo de prisioneros de Guantánamo en el plazo máximo de un año. Otras órdenes firmadas ese mismo día por el flamante presidente convertían en ilegal la tortura y también todo el programa de la CIA que permite retener en prisiones secretas, sin control judicial y durante años, a los sospechosos de terrorismo.

Sin embargo, el tiempo pasó y las órdenes de Obama no se cumplieron.

Es más, el presidente acaba de firmar una ley que da total libertad al Gobierno de EEUU para detener a sospechosos de forma indefinida sin importar que sean ciudadanos extranjeros o estadounidenses. Lo curioso es que Obama asegura no estar de acuerdo con aspectos claves de la ley. Declaró que la firmó 'a pesar de tener importantes reservas con ciertas disposiciones que permiten la detención, interrogación y acusación de sospechosos de terrorismo'.

El 60% de los reos fueron internados en Guantánamo sin pruebas contra ellos

Los cables secretos del Pentágono revelados por Wikileaks confirman que el 60% de los arrestados fueron conducidos a Guantánamo sin pruebas concluyentes en su contra. Bastaba con que los considerasen una 'probable' amenaza a EEUU, también si 'quizás' pudiera serlo y a veces hasta cuando creen que es 'improbable'.

Entre otros casos, detuvieron en Guantánamo como 'combatientes enemigos' a un anciano de 89 años con demencia senil y depresión, cuyo único delito fue tener un teléfono satelital en su casa, a otro que tenía un primo en la Yihad y a un tercero por transitar rutas que usan los talibanes. Pero casi ninguno pudo probar su inocencia porque sólo el 1% de las 779 personas que pasaron por el campo de prisioneros fueron juzgados. Al menos una docena eran menores de edad, 8 murieron en la cárcel, seis de ellos por suicidios.

En un congreso en España, un colega de un gran medio madrileño nos dijo que le importaba más la vida de un cubano que la de cien negros. Pero según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, estos son para todos, incluso para los africanos, los indígenas, los asiáticos y los árabes.

Son también para quienes piensan diferente, para los que actúan fuera de la ley e incluso para aquellos que utilizan la violencia extrema contra civiles inocentes. Todos deberían tener derecho a un trato digno, a un juicio justo y a una verdadera defensa.

Sin embargo, parece que a los corresponsales extranjeros que teníamos la esperanza de volver a las montañas para ser testigos de la salida de los últimos presos de la base militar de EEUU nos toca esperar. Es más, con la nueva ley que el presidente Obama acaba de firmar habrá que prepararse incluso para ver cómo, en un futuro no muy lejano, los afganos comparten sus celdas en Guantánamo con ciudadanos estadounidenses.