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Praga busca "desintoxicarse" del turismo masivo y apostar por el sostenible en el fin de la desescalada

El gobierno de la capital checa anuncia que ayudará a las empresas que se centren en el turismo nacional.

Turistas japoneses con mascarilla en el Puerte de Carlos, de Praga, en las primeras semanas de la pandemia por coronavirus. AFP/Michal Cizek
Turistas japoneses con mascarilla en el Puerte de Carlos, de Praga, en las primeras semanas de la pandemia por coronavirus. AFP/Michal Cizek

JOSE A. CANO

Praga quiere librarse del turismo masivo. El Ayuntamiento de la capital checa ha anunciado un plan para fomentar el "turismo sostenible" en detrimento del masivo, que incluye cambiar las tasas a AirBnB, potenciar las visitas de nacionales y fomentar la cultura local. Un modelo que media Europa, y España en concreto, miran de reojo, pero que puede que no sea sostenible a nivel económico.

En realidad, como muchos otros fenómenos, se trata de planes que ya estaban en marcha y que el coronavirus solo ha ayudado a precipitar o ha facilitado. Desde que el actual alcalde, Zdenek Hrib (Partido Pirata), llegó al puesto en noviembre de 2018 se propuso reducir el "turismo invasivo" en el Centro Histórico, centrándose en el elevado precio de la vivienda como un objetivo primordial. En otoño de 2019 ya se ultimaban las medidas de este decreto, consultado con el sector turístico de la ciudad y aprobado a mediados de mayo, cuando Chequia iniciaba su propia desescalada.

En este caso lo que se ha facilitado es un plan de emergencia en el que solo el Consistorio praguense invertirá 9,3 millones de euros para ayudar a los negocios local que se focalicen en el turismo interno checo frente al extranjero y en recuperar la habitabilidad del distrito de Praga 1 para los locales.

El gobierno praguense, en el que gobierna el Partido Pirata, de centro-izquierda, con el apoyo de los liberales de TOP09, dos partidos de reciente creación y que a nivel nacional no tienen tanto peso, se destacó también durante la cuarentena apoyando a los creadores locales con el llamado Festival of Nothing.

En una entrevista en un medio local, Hrib anunció recientemente que "el turismo doméstico va a apoyar negocios genuinos", es decir, de cultura tradicional checa. "El resto sufrirá grandes pérdidas. Y como ciudad, no vamos a dar apoyo a los negocios que se enfocan únicamente en los extranjeros", anunció.

Los subsidios previstos para ayudar a nuevas llegadas excluyen a las plataformas de alquiler AirBnB y también acabar con polémicas atracciones como el llamada beer-byke, en la que un grupo de turistas pedalea por las calles del centro mientras les van sirviendo jarras de cerveza. Una atracción que también se ha podido contemplar en las zonas más visitadas de Madrid o Barcelona y que los praguenses lamentan por invasiva.

En 2019 Praga recibió más de 9,1 millones de turistas, un incremento del 2,3% respecto a 2018, según datos de la empresa británica Euromonitor Internacional publicados a finales del pasado diciembre. La capital checa fue la quinta ciudad más visitada de Europa por detrás de Londres, París, Estambul y Roma, todas ellas mucho más pobladas, ya que Praga apenas alcanza los 1,2 millones de habitantes.

Una mujer con mascarilla conduce un coche violeta junto al llamado Muro de John Lennin, en el centro histórico de Praga. AFP/Michal Cizek
Una mujer con mascarilla conduce un coche violeta junto al llamado Muro de John Lennin, en el centro histórico de Praga. AFP/Michal Cizek

Es una situación que no resulta desconocida en España: la presión turística en el Centro Histórico ha disparado los precios tanto del alquiler como de los servicios y el consumo, expulsando a los naturales. De propina, en un país que presume de cerveza de gran calidad muy barata, regala un turismo de juerga invasivo que llega con ruido y suciedad mientras se aloja en un Airbnb.

En su año y medio de mandato Hrib ha visto nacer, para criticarle su supuesta "inacción" al respecto, la plataforma Por Una Vivienda Tolerable en El Centro de Praga (Snesitelné bydlení v centru Prahy), muy activa en la vida política del Distrito de Praga 1 y que consiguió forzar la presencia de varios diputados del mismo Partido Pirata, de centro-izquierda, y el liberal TOP09, minoritarios a nivel nacional pero mayoritarios en la capital.

El portavoz de Snesitelné bydlení, Pavel Snop, explica a este medio que los objetivos de su plataforma van más allá de reducir los alquileres en la zona e incluyen "el orden público, el descanso nocturno y un coste justo de los servicios".

La especulación inmobiliaria con origen en los 90 es el origen de todos los problemas del centro, en su opinión. "Tras la caída del comunismo se privatizó una gran cantidad de stock inmobiliario en la ciudad, que fue a parar a manos de propietarios que no querían vivir en él, sino especular. Ahora es más rentable para ellos pasar al alquiler turístico vía Airbnb y otras plataformas, y eso encarece no solo la renta, sino toda la vida en el barrio". El mismo Ayuntamiento admite que más de un 25% de las viviendas del Centro Histórico se utilizaban antes de la cuarentena solo para alquiler turístico.

José Alberto Castañeda, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Granada, explica que el concepto de turismo "sostenible" debe ser analizado alrededor de tres factores: la sostenibilidad medioambiental, la social y la económica. Cambiar de un modelo de turismo internacional a local, tanto para Chequia como para España "puede no ser sostenible si hablamos de ciudades como Praga en las que el 84% de las visitas vienen del exterior. Además el gasto medio de un local suele ser menor que el de un foráneo. Sostenibilidad incluye rentabilidad".

Lo que ya se estaba viendo en algunos destinos de Europa, advierte el experto, es la diversificación del modelo como "una estrategia para paliar las externalidades negativas del turismo" sin causar perjuicios económicos. En este caso, la redistribución de los visitantes en actividades y espacios más variados y que alivien la presión turística "frente a la acumulación en espacios reducidos y un solo tipo de turismo".

Castañeda añade "que a estos factores se incorpora con la covid-19 la que podemos llamar sostenibilidad sanitaria. Los destinos necesitan ahora garantizar la seguridad sanitaria tanto de los residentes como de los viajeros". Era algo "que ya existía antes, pues en determinados países se exigían ciertas vacunas antes de viajar", pero ahora lo vivimos como un fenómeno global y centrado en una enfermedad concreta.

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