Publicado:  10.06.2009 15:30 | Actualizado:  10.06.2009 15:30

Las raíces chinas de Ehud Olmert

Más de 500 judíos rusos, entre ellos, el abuelo del primer ministro israelí, están enterrados en la ciudad china de Harbin

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La paz que se respira en el cementerio judío de Harbin queda a miles de kilómetros de la franja de Gaza, avispero del conflicto palestino- israelí, pero un vínculo de sangre mantiene unidas a estas dos ciudades. En el cementerio judío de Harbin, una de las capitales más septentrionales de China, a pocos kilómetros de la frontera con la Siberia rusa, está enterrado Yosef Olmert, abuelo del actual primer ministro israelí, junto a varios centenares de judíos que llegaron a formar parte de una de las comunidades semitas más grandes de Asia a principios del siglo XX.

"En Harbin llegaron a vivir más de 20.000 judíos que llegaron de Rusia", explica Qu Wei, investigador de la prestigiosa Academia China de Ciencias Sociales, en el despacho que tienen en esta ciudad. Los primeros judíos llegaron a Harbin en 1898 procedentes de Rusia y Europa del Este, "escapando de los pogromos y del creciente antisemitismo", recuerda Qu. Muchos de ellos, aprovecharon las oportunidades de trabajo que ofrecía la construcción del ferrocarril Transiberiano, que uniría Moscú con los confines del imperio ruso. Harbin, situada en la antigua Manchuria, era el nexo principal del Transmanchuriano, una de las tres ramas del Transiberiano. Pero fue al estallar la Revolución bolchevique, en 1917, año en que llegó el abuelo de Olmert, cuando la comunidad ruso-judía de Harbin se disparó.

"Los judíos hicieron una enorme contribución al arte y la cultura de esta ciudad", explica Qu, orgulloso de poder mostrar a los periodistas la antigua sinagoga, hoy restaurada y sede de un museo sobre el pasado judío de Harbin. Una exposición de fotografías permite observar los elegantes edificios de estilo ruso-occidental que formaban el centro de Harbin en los años 20: hospitales, teatros, restaurantes y comercios de todo tipo, con carteles escritos en ruso y en yiddish mezclados con caracteres chinos. Algunos edificios aún se conservan y hoy forman parte del atractivo turístico de Harbin, conocida sobretodo por el Festival de Hielo, que cada invierno a atrae a millones de visitantes de toda China.

"Al museo vienen muy pocos turistas chinos", reconoce una de las empleadas. La sinagoga fue inaugurada en 2005, un año después de la visita oficial de Ehud Olmert a China. Olmert, que entonces era ministro de Industria y Comercio de Israel, aprovechó el viaje para rendir homenaje a su abuelo y a la ciudad que acogió a su familia. Su abuelo llegó a Harbin con sus hijos, entre ellos, Mordechai, quién sería el padre del actual primer ministro. "Las últimas palabras de mi padre antes de morir fueron en mandarín", djio Olmert al dirigirse a la prensa china, en 2004. El joven Mordechai, que había empezado sus estudios en el Instituto Tecnológico de Harbin, pronto abandonó las clases para convertirse en el líder del movimiento sionista juvenil, el Betar. No fue el único: cuando el Sionismo- que defiende el regreso del pueblo hebreo a la tierra prometida - empezó a ser perseguido en la URSS, Harbin se convirtió en uno de los principales focos sionistas de Asia Oriental.

"En la ciudad de Harbin nació un sueño: el sueño sionista de convertir Israel en el Hogar Nacional de los judíos", escribió Ehud Olmert en el prólogo de un catálogo de fotografías sobre la historia de la comunidad judía de Harbin, editado por Qu, y publicado hace tres años. En 1932, Mordechai decidió emigrar a Israel pese a la oposición del viejo Yosef. "El amor por Israel fue más fuerte que el amor paterno", dice Qu, mostrando las escasas fotografías del museo que documentan los pasos de la familia Olmert en Harbin. Yosef murió en 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando la mayoría de judíos ya habían empezado a abandonar Harbin y otras ciudades chinas con numerosa población hebrea, como Shangai. El asedio de las tropas japonesas y soviéticas primero y la sangrienta guerra civil que estalló poco después entre comunistas y el ejército del Kuomintang, que acabó con la proclamación de la República Popular de Mao, pusieron fin a varias décadas de convivencia pacífica de los judíos en China.

"Su abuelo estaría muy orgulloso de ellos", dice Qu, mostrando fotografías en las que aparece el actual primer ministro israelí junto a su padre, que llegó a ser miembro del Knesset y uno de los pioneros más distinguidos de Israel. La publicación del catálogo de fotografías sobre los judíos de Harbin es un símbolo más de la aproximación política y comercial entre China e Israel desde que ambos países establecieron relaciones diplomáticas, en 1992, "pero no sólo por nuestro pasado judío vamos a apoyar a Israel en el conflicto con Palestina", aclara Qu. "Nos gustaría que Israel y Palestina pudieran resolver sus problemas de forma pacífica", añade el profesor, refiriéndose al ataque israelí a Gaza a principios de este año, momento en que se llevó a cabo esta entrevista. Los judíos gozan de mucha admiración por parte de la sociedad china, que les considera un pueblo "muy inteligente" y con gran habilidad para los negocios. "Los judíos han ganado muchos premios Nobel", recuerda Qu. Más allá del valor histórico del lugar y el de las fotografías expuestas, el museo de la sinagoga de Harbin es también un bueno ejemplo de propaganda china e israelí, con sus carteles explicativos halagando las aportaciones de los judíos al patrimonio artístico e industrial de Harbin y el espíritu tolerante y solidario mostrado por la población china hacia ellos en todo momento. Sin embargo, una figura que no tiene nada que ver con Harbin es la que se lleva la mayor parte de los elogios: Lenin. "Sus antepasados maternos eran judíos", asegura Qu, contemplando la imagen del líder comunista ruso, personaje de referencia en los libros de texto chinos, con la que concluye la exposición.

"Los judíos de Harbin escaparon de la persecución y el perjuicio", dice el cartel colgado en la sinagoga de Harbin, hoy museo del patrimonio judío de la ciudad. Estas son palabras fueron pronunciadas por Henry Kissinger, ex secretario de Estado de EEUU, de padres judíos. Kissinger, fue uno de las figuras clave para la restauración de las relaciones diplomáticas entre China y EEUU hace 30 años y uno de los primeros en agradecer a la población de Harbin haber acogido en paz a los judíos exiliados de Rusia y Europa del Este. La comunidad judía de Harbin llegó a alcanzar los 25.000 habitantes en los años 1920, después de que estallara la Revolución bolchevique. En Harbin también residían alrededor de 200.000 rusos, empleados en la construcción del Ferrocarril transiberiano, o exiliados políticos. La mayoría se fueron de China al finalizar la Segunda Guerra Mundial. El último judío de Harbin murió en 1985.

El cementerio de Harbin tiene 583 tumbas esculpidas en ruso y en Yiddish, entre ellas, la del abuelo del primer ministro de Israel, Ehud Olmert. Construido en 1903, es el cementerio judío más grande de Asia Oriental. En 1958 fue trasladado al exterior de la cuidad y renovado en 1992, cuando Israel y China establecieron relaciones diplomáticas.

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