Publicado: 18.07.2014 20:40 |Actualizado: 18.07.2014 20:40

Refugiados del norte de Gaza: "Las bombas caían sin cesar, cada diez segundos"

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El éxodo de civiles palestinos ha repuntado en las últimas horas, tras la invasión terrestre de la Franja de Gaza que se inició en la noche del jueves. La zona más afectada es la del norte, el área del pueblo de Beit Hanún, que limita con Israel, y de ahí hacia el oeste.

El barrio de Salatín, en la vecina Beit Lahiya, ha sufrido intensos bombardeos de la aviación, la marina y la artillería durante más de doce horas consecutivas.

"Nunca había experimentado algo así, ni siquiera en la invasión de 2009, porque ha habido horas en las que las bombas caían sin cerar, con una intermitencia de apenas diez segundos", comenta Mohammed Sultán, de 37 años, un vecino de Salatín que, después de aguantar durante once días los bombardeos, abandonó su casa esta mañana junto con su familia.

Sultán ha buscado refugio en una de las escuelas que la UNRWA, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados abierta en las últimas horas en la ciudad de Gaza, concretamente en el campo de refugiados de Al Shati, justo para acoger el nuevo éxodo de palestinos del norte. Las familias han abandonado sus casas a pie porque los coches no podían circular.

"La gente se va simplemente con las ropas puestas y con cualquier cosa que pueden llevar con ellos. Buscan refugio en las escuelas de la UNRWA, que las consideran seguras, o al menos lo más seguro que pueden encontrar en la Franja, y se convierten en refugiados en su propia patria", ha dicho Rayi Surani, fundador del Centro Palestino para los Derechos Humanos.

"Las tropas israelíes llegaron hasta muy cerca, pero no entraron en Salatín. El ejército cortó el agua, cortó la electricidad y lo bombardeó todo. Era imposible seguir viviendo sin agua y sin electricidad, sin línea de teléfono fijo y sin poder cargar los teléfonos móviles, así que después de haber resistido durante diez días nos tuvimos que marchar. En Salatín todavía quedan algunas familias, pero muy pocas, tal vez el 5%, no más", explica Sultán.

"Las tropas israelíes llegaron muy cerca, pero no entraron en Salatín. El ejército cortó el agua y la electricidad y lo bombardeó todo"Treinta miembros de la familia de Sultán dejaron sus casas portando una bandera blanca y han llegado a la ciudad de Gaza caminando. Sultán no sabe cuánto tiempo durará esta situación pero asegura que regresará tan pronto como pueda. De  momento toda la familia deberá vivir en un aula de este colegio de la UNRWA, que ellos mismos van a limpiar, sacando fuera los pupitres, con colchonetas que les ha dado la UNRWA, al igual que la comida.

Otro refugiado de Salatín que se afana en asear el aula que han asignado a su familia es Marwán Assaf, de 35 años y padre de cinco hijos. Assaf las ha visto de todos los colores. En la invasión de 2009, una operación que Israel llamó Plomo Fundido, una bomba le destrozó las piernas y el estómago y mató a uno de sus hijos pequeños, de tres años de edad, que en ese momento tenía en sus brazos.

Le tuvieron que amputar las dos piernas a la altura de los muslos pero camina con sendas prótesis apoyándose en una muleta y cargado de energía positiva. Del estómago le han operado 19 veces desde entonces. Los médicos le han aconsejado que viaje a Europa para operarse definitivamente, pero Assaf no tiene dinero para pagar el desplazamiento y la intervención. No puede trabajar y mantiene a su familia con las ayudas que recibe de sus familiares y de amigos.

"Los barcos, los aviones y los tanques disparaban todos a la vez. Fue horrible. Nunca había visto una cosa así. Nuestra casa se ha quedado sin puertas ni ventanas. Ha sido la peor noche de mi vida", comenta Assaf.

Assaf y su familia abandonaron su casa a primera hora de la mañana, caminando por las calles con toda la precaución posible, avanzando de debajo de un balcón a debajo de otro balcón para que los aviones y los drones no les vieran. Finalmente llegaron a una carretera importante, donde vieron un coche cuyo conductor se apiadó de Assaf y se ofreció para llevar a la familia hasta la ciudad de Gaza, hasta esta escuela de la UNRWA en el campo de refugiados de Al Shati.

"Esta pasada noche hemos constatado un gran número de personas que se han visto obligadas a desplazarse. Muchas de ellas han optado por refugiarse en las escuelas de la UNRWA. En estos momentos tenemos 35 escuelas habilitadas que funcionan como albergues", comenta el abogado Antonio Menéndez, empleado en la UNRWA de Gaza como encargado de protección de derechos.

"El número total de escuelas de la UNRWA en la Franja de Gaza es de 254, y en general permanecen abiertas, aunque no todas se han acondicionado como refugios, pero están abiertas porque son muchos los palestinos consideran que son los lugares más seguros a los que pueden ir en unos momentos como éstos", explica este abogado madrileño.

Menéndez no se atreve a hacer una estimación precisa respecto al número de refugiados que ha provocado la operación israelí Margen Protector que se inició el 8 de julio. "En la UNRWA se han registrado más de 30.000 refugiados durante los últimos días, pero sabemos que hay muchos miles más que utilizan nuestras instalaciones sin haberse registrado", dice Menéndez.