Publicado: 01.04.2014 12:00 |Actualizado: 01.04.2014 12:00

Ruanda, dos décadas después del genocidio: la reconciliación obligada

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Cerca de un millón de personas asesinadas en cien días. 10.000 muertos al día. 416 por hora. 25 por minuto. Es el escalofriante balance que dejó el genocidio de Ruanda desatado el 7 de abril de 1994. Una misma comunidad, cuya separación en hutus y tutsis fue reforzada por la influencia del sistema sociopolítico impuesto a causa de la colonización europea, salió a las calles para, literalmente, matarse. El Gobierno hutu de entonces organizó una masacre en la que muchos murieron a machetazos.

Los tutsis eran la minoría en la que la Administración colonial belga había delegado su poder despótico hasta la independencia en 1962. Y todo porque eran más altos y de facciones más finas que los hutus. Los belgas dedujeron de ello que también eran más inteligentes. El racismo abyecto del colonizador puso la semilla que germinó en el sufrimiento atroz de los 11 millones de habitantes de este país más pequeño que Catalunya. 

Dos décadas después, la población ruandesa vive pacíficamente. Sin embargo, ¿es lo mismo convivir pacíficamente que vivir en paz? Esto es precisamente lo que se pregunta el documental Ruanda. La reconciliación obligada, producido por Fora de Quadre y Contrast. El trabajo, que forma parte de la serie Después de la Paz. Bosnia, Líbano, Guatemala, Ruanda, Argentina, Camboya, Suráfrica, se emite este martes en la Casa Encendida de Madrid dentro de unas jornadas con motivo del 20 aniversario del horror vivido en Ruanda, en colaboración con el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) y Medicos Sin Fronteras.

"El primer día que supervivientes y exprisioneros nos sentamos cara a cara, pensábamos que los supervivientes se vengarían. Pero ellos también estaban preocupados ya que pensaban que habíamos vuelto para cometer otro genocidio", recuerda uno de los protagonistas del documental.

La experiencia de este hombre es una muestra de la paz lograda en estos veinte años en Ruanda, una paz que se basa en la necesidad de la reconciliación por encima de cualquier otra consideración, como la memoria o la libertad de información. Todo está al servicio de la reconciliación. Pero a la vez, ésta ha sido impuesta y unidireccional, vertical, con las fisuras que ello conlleva, por lo que el sufrimiento y las heridas de tantas atrocidades siguen aún latentes, señalan los autores del documental.

Por su parte, los organizadores del encuentro en Madrid han destacado que, pese a la "gran concentración de recursos de cooperación internacional para el desarrollo" que se ha desplegado en el país a lo largo de las últimas dos décadas de cara a estabilizar y pacificar la región, el balance es "discutible". "Es discutible en términos de desarrollo humano y más aún en términos de avances en la verdad, la justicia, en la reparación y en las garantías de no repetición o de lograr una verdadera paz estable", han diagnosticado.

En referencia a la actuación internacional durante la matanza, los organizadores han recordado que Ruanda "se ha convertido en un símbolo de la realidad internacional y del olvido de muchos países y situaciones por parte la ciudadanía mundial" en un mundo que, según ha indicado, "dice defender los derechos humanos, promover el desarrollo y mejorar su ayuda humanitaria".

También han insistido en la importancia de analizar el conflicto "más allá del mea culpa" y de la autocrítica por parte de los actores internacionales porque, según han explicado, es el origen de propuestas en el ámbito humanitario como el Código de Conducta para el socorro en casos de desastre del Movimiento de la Cruz Roja y la Media Luna Roja y las ONG, el Proyecto Esfera o el impulso a la evaluación humanitaria, entre otras.

Asimismo, tuvo consecuencias desde el punto de vista de la prevención y actuación ante conflictos (con el desarrollo de la "Responsabilidad de Proteger") y en el ámbito jurídico, con la puesta en marcha de un Tribunal Penal Internacional para Ruanda y la utilización de sistemas de justicia tradicional para juzgar a los participantes en las atrocidades y avanzar en la reparación de las víctimas. "Aunque tarde y siempre de un modo reactivo, la comunidad internacional ha sido capaz de extraer algunas enseñanzas de aquel drama", han asegurado las organizaciones que convocan el evento, que han recordado, por ejemplo, que desde la experiencia ruandesa se han adoptado nuevos enfoques de las Operaciones de Paz de las Naciones Unidas.