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El socialista Di Rupo aspira a gobernar Bélgica

El líder francófono es homosexual y ha superado varios escándalos 

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De un hijo de inmigrantes italianos, doctor en química y pintoresco a la hora de vestir depende el futuro de Bélgica. Elio Di Rupo, ganador de las elecciones en la Bélgica francófona, se ha convertido en la imprescindible pareja de baile del separatista de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA) Bart de Wever, quien se alzó con la victoria en Flandes. Es, además, una excepción en una Europa que gira a la derecha ante la crisis.

Junto a De Wever, está dispuesto a protagonizar el último vals del país y pactar una amplia reforma que convierta al Estado en un denominador puramente protocolario.

«La democracia se ha expresado y hace falta aceptar los resultados»

Di Rupo es el máximo favorito para ocupar el cargo de primer ministro, sobre todo desde que el rey Alberto II nombrase, el pasado jueves, a De Wever como mediador real para la formación de Gobierno, un paso previo a pedir al socialista que lo encabece.

Di Rupo elude hablar de su antagonismo ideológico con De Wever, haciendo gala de una discreción inédita en su trayectoria política.

El líder socialista, de 58 años, es muy popular en Flandes, entre otras cosas, por su extravagante vestuario, que incluye una sempiterna pajarita. Es además el primer líder político belga abiertamente homosexual, y se deja ver a menudo en la mayor discoteca gay de la capital belga.

«Bélgica siempre ha sido un laboratorio en el que hemos logrado soluciones»

También es el protagonista de escándalos públicos, a los que ha sobrevivido sin excepción. En 1996, un joven menor de edad lo denunció por acoso, pero el tribunal acabó exculpando al entonces número dos del Gobierno federal. En 2005, cuando ya llevaba seis años presidiendo el Partido Socialista, un caso de corrupción infectó parte de la formación política y a varios de sus miembros destacados, sin que su liderazgo fuera puesto en duda.

Más poder a Flandes

Di Rupo está dispuesto a ceder en una reforma del Estado para dar más poder a Flandes, que aspira a controlar completamente sus impuestos e infraestructuras. La aproximación a la N-VA de su partido, que promueve la unidad del Estado y el fortalecimiento de sus instituciones, sólo tiene para él una motivación: la estabilidad del país. 'Es necesario que seamos compatibles: Bélgica debe evolucionar institucionalmente', asegura tajante en conversación con Público.

'Nuestras diferencias existen', reconoce. La más notable es la lengua. Mientras que una mayoría de flamencos habla francés con soltura, los habitantes del sur del país se conforman con su lengua materna. Incluido Di Rupo. Ha formado parte del Gobierno federal, pero no responde a preguntas en flamenco y sólo acierta a leer discursos previamente ensayados.

¿Es más difícil llegar a acuerdos con la N-VA que con otros partidos flamencos? Nadie en Bélgica lo niega pero, para Di Rupo, 'es una cuestión que ni se plantea'. 'La democracia se ha expresado y hace falta aceptar los resultados, que colocan a la N-VA como ganadora en el norte del país y al PS en el sur. Tenemos que encontrar un compromiso'.

Sobre el futuro del país, duda. 'El futuro en Bélgica se presenta... ¿cómo lo diría? Con una relativa serenidad. Aquí no hay violencia, aunque sí hay ciertas dificultades. Bélgica siempre ha sido un laboratorio en el que siempre hemos logrado soluciones. Esta vez no va a ser la excepción'.