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Los socialistas franceses confían en Hollande para volver al Elíseo

El ex primer secretario se impone claramente a Martine Aubry en la segunda vuelta de las primarias del PS y se convierte en su candidato presidencial

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Será la historia de David contra Goliat, del pequeño François Hollande, contra el gigante político y actual líder del G-20, Nicolas Sarkozy.

Alrededor de 2,9 millones de simpatizantes de la izquierda francesa que votaron ayer sentenciaron claramente qué candidato preferían para las elecciones presidenciales de 2012 en las que los socialistas tienen la oportunidad de reconquistar el Palacio del Elíseo 17 años después.

Y dijeron nítidamente, con el 56% de los votos, que ese candidato será el moderado, centrista y aparentemente humilde Hollande. Descartaron así a la histórica dirigente Martine Aubry, y su visión de un Partido Socialista anclado en la tradición obrera y apegado a un Estado fuerte e intervencionista. 'Esta victoria me confiere la fuerza y la legitimidad para preparar la gran cita de la elección presidencial', declaró Hollande anoche ante los militantes en la sede del PS que coreaban '¡François, presidente!'.

'Sin justicia fiscal no puede haber cohesión nacional', asegura el candidato

Hollande obtuvo una victoria sin matices. El ex primer secretario del PS se impuso ampliamente en prácticamente todas las regiones del país, con excepción del feudo histórico de su rival, la ciudad de Lille, de la que Aubry es alcaldesa, y París. Establecía así el alcance nacional de su candidatura.

Por otra parte, Hollande predominaba de forma holgada tanto en los departamentos de fuerte concentración urbana como en las comarcas de perfil rural. En un país cuya política está dominada cada vez más por esa fractura entre el mundo rural y el mundo urbano, esa amplitud de la dominación del candidato ganador también es una garantía de la solidez de su candidatura al Elíseo en abril de 2012.

En su primera declaración, Hollande insistió en la que piensa que es su principal baza para derrotar a Sarkozy: 'La mía es una actitud y una candidatura basada en la credibilidad'. Por 'credibilidad', el candidato entiende la necesidad de no formular 'promesas que no se pueden cumplir', y por esas promesas entiende las balizas clásicas de la izquierda, como el restablecimiento de un sistema público de pensiones, el incremento de salarios por decreto, la extensión del monopolio público de servicios y el intervencionismo económico.

Aubry: 'Somos el equipo del cambio que pasará página al sarkozysmo'

Añadió que su prioridad será 'la justicia, especialmente fiscal, sin la cual no puede haber cohesión nacional', y precisó que el eje fundamental de su política práctica será 'la esperanza de ofrecer a la juventud una vida mejor que la nuestra', contrariamente a lo que ocurre actualmente, cuando el llamado 'ascensor social' ha sido declarado 'averiado'.

Aubry se quedó en un 43% de los votos. De nada le valió el millón de panfletos que lanzó el sábado, como una botella al mar con un mensaje dentro. Tras conceder la derrota, Aubry anunció que volvería este lunes al cargo de primera secretaria del PS, que había abandonado durante la campaña. Y añadió, sin rodeos: 'A partir de ahora, Hollande encarna la esperanza de los socialistas y de la izquierda'.

'Hasta el sábado, era el debate. Este domingo, era la votación. Esta noche, la unión. Y a partir de mañana, somos el equipo de Francia del cambio, el que pasará la página de años de sarkozysmo', subrayó Aubry, a veces con la voz temblando, con cara de tristeza.

La solidez del pacto Aubry-Hollande parecía asegurada ayer por la noche por los más de mil militantes y simpatizantes agolpados en torno a la sede del PS, en la mítica Rue de Solférino de París. Aplaudieron no sólo con cortesía, sino con cariño, a todos los líderes que se pronunciaron, incluida la vencida y, por supuesto, el vencedor.

Ahora la campaña de los socialistas queda claramente condicionada a que la narrativa de Hollande funcione. La historia de un pequeño héroe, hombre cercano al pueblo, en el que nadie creía, y que sube y sube como la espuma sin prometer la luna.