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VENEZUELA CONSTITUYENTE Una calle en llamas, algunos barrios vacíos y poco tiempo para despejar incógnitas en Venezuela

El país está dividido entre un pueblo que apoya la Constituyente, y otro que se enfrenta a ella. Hoy continuará la jornada de paro en Caracas y no se ha hecho público un plan a partir del sábado. 

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Enfrentamientos en las protestas opositoras en Caracas /EUROPA PRESS

"Esto es un paro nacional indefinido. Guerra ya hay. Guerra ya hay", un joven encapuchado que rehúsa identificarse pronuncia estas convicciones bélicas tras una camiseta anudada al cuello mientras un murmullo le interrumpe. "Es alguien que ha robado, hay que ir a pegarle", explica, sin inmutarse. Tras él, una docena de chavales y algún señor entrado en años se lanzan a zarandear a otros dos que no levantan metro y medio del suelo. Es la tercera vez que les pillan en menos de una hora colándose en una obra. Ya que todo el mundo cubre su rostro, los malandros aprovechan para hacerse con material de trabajo y luego venderlo. Ahora que han sido sorprendidos, les quieren entregar a la Policía Municipal de Chacao (municipio en manos de un opositor, Ramón Muchacho). Dos agentes intervienen.

La escena es extraña. Quienes agarraron a los presuntos ladrones están también embozados y llevan horas protagonizando choques con la Guardia Nacional Bolivariana. Ellos lanzan piedras cócteles molotov y los antidisturbios responden con gases lacrimógenos. Después de su 'momento cívico', vuelven a la barricada. Tras sus pasamontañas, algunos chavales piden dinero para comprar pertrechos con los que enfrentarse a la policía. Otros, abiertamente, para su bolsillo. Toda esta locura ocurre en apenas 500 metros. Son las 17.30 horas de la tarde.

Estamos en el cruce entre la avenida Francisco de Miranda y la Juan Pablo II, en Bello Campo, este de Caracas. Aquí se desarrollan los enfrentamientos más duros registrados en la primera de las dos jornadas de huelga convocados por la Mesa de la Unidad Democrática en Venezuela. En realidad, junto a los de Palo Verde, también en el este, son de los pocos choques registrados en una jornada en la que volvieron a emerger las dos caras de la capital. Allí, en el feudo histórico de la oposición, el bastión de las clases más adineradas, un seguimiento absoluto y la mayor parte de las carreteras cortadas con barricadas de todo tipo. En el oeste, tradicionalmente aliado del chavismo, práctica normalidad. Quizás el tráfico más fluido. Todos tienen teorías para explicar por qué los del otro lado no hacen lo que les gustaría.

A pesar de la huelga, en el lado oeste de la ciudad, de tradición aliada del chavismo, hay práctica normalidad

Para llegar hasta la tarde, hasta la calle tomada por quienes se denominan "resistencia", con sus cascos y escudos con los que parecen modernos y fotogénicos templarios, las carreras, el gas y los heridos, hay que comenzar por la mañana. En el inicio del primero de los dos días de paro que preceden a la "toma de Caracas" del viernes y que constituyen la estrategia de escalada diseñada por la oposición venezolana ante las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente previstas para el domingo. Comprender que la imagen de la calle en llamas puede ser un símbolo buscado por la oposición pero que, ni de lejos, sirve para explicar una capital compleja, con dos millones de habitantes. Mucho menos, un país como Venezuela.

"La constituyente es un disparate". Rómulo Gallego, un hombre adulto, ya cerca de la tercera edad, monta guardia en una barricada que cierra un acceso a la plaza Altamira. Son las 8 de la mañana y aquí ya han organizado el campamento en el que van a permanecer los próximos dos días. Los argumentos están repetidos hasta la saciedad. Se mezclan problemas reales (la escasez no es un invento, lo que difieren son los porqués) con un desprecio hacia el chavismo como concepto que va mutando según el contexto pero que siempre termina irremediablemente calificando de "desastre" al sistema bolivariano. O, dicho de otro modo, al actual sistema bolivariano. Porque "antes" era otra cosa. Nostalgia de un pasado contra el que se combatió y que el tiempo ha convertido en modélico.

Un ejemplo práctico. Desde su puesta en marcha, los Centros de Diagnóstico Integral (CDI) eran despreciados desde la derecha porque los presentaban como una pista de aterrizaje para los miles de cubanos que tomarían el país. Ahora la crítica va hacia otro lado: aquellos centros médicos gestionados por doctores de la isla que acudían a lugares a los que los galenos autóctonos no les daba la gana de ir, "no funcionan". De un problema ideológico, a uno técnico. Otra razón para los opositores y un nuevo malabarismo dialéctico en el país de la polarización política.

Quienes no aceptaron la propuesta de Constitución de Chávez, ahora la defienden

Quizás el ejemplo más sabroso de este fenómeno es comprobar cómo quienes en 1999 se opusieron a la propuesta de Constitución de Hugo Chávez se parapetan tras ella para rechazar los planes de modificación que tratará la asamblea propuesta por Nicolás Maduro. Quienes nunca aceptaron aquella Carta Magna se han convertido en sus grandes defensores, aunque sea solo como estrategia retórica. Antes de mediodía, en una de las pequeñas vías que conectan la plaza Altarmira (si quieren escuchar sobre guarimbas, siempre aparecerá Altamira) con la autopista Francisco Fajardo, Flor Lanz enumeraba los desastres que acarreará el nuevo texto, sobre el que todavía no se ha discutido ya que ni siquiera se conocen los nombres de los constituyentes, y los contrapone al actual documento. "Desaparición de la propiedad privada" o "supresión de las elecciones" son algunas de las plagas a las que apuntaba.

Un joven de la oposición en Caracas / EUROPA PRESS

"¿Apoyó usted la anterior Constitución?"

"No, pero tuvo cosas buenas, aunque siempre nos manifestamos en contra”.
Con el "nos", obviamente, se refiere a esa parte de la comunidad venezolana que jamás aceptó la victoria del chavismo hace casi dos décadas y que ahora se frota las manos. Los 7,5 millones de votos de la consulta que celebraron por sus propios medios el 16 de junio les ha envalentonado. Ese "nos" no hace referencia a desencantados o votantes de nuevo cuño. Habla de los que están siempre, los primeros en manifestarse, quienes han mantenido la llama del antichavismo durante las largas mayorías absolutas bolivarianas, los que participaron siempre en una MUD que nunca fue unitaria a pesar de su nombre y quienes creen que ahora ha llegado su momento. Son también los que apoyan a esas decenas de chavales que combaten contra la policía durante horas.

"Antes del domingo, esto tienen que reventar" dice uno de los opositores de Maduro

"Antes del domingo, esto tiene que reventar", insiste Lanz, quien inicia una conversación con otras compañeras sobre qué ocurrirá el fin de semana. La mayoría, más por fe que por certeza, cree que el Gobierno echará atrás la iniciativa. La más joven del grupo, que aparenta ser universitaria, zanja la conversación con pragmatismo. "La constituyente va a ir. Luego ya veremos qué pasa", apunta, con cara de resignación. A su lado pasan dos chavales encapuchados con varios cócteles molotov colgando, como si cargasen con unos malabares. Las barricadas de la zona están levantadas con piedras y cristales y alguna pancarta. También han cerrado la vía con alambres, una peligrosa práctica que ha causado víctimas en motoristas despistados.

Como ocurre en España, las referencias hacia los némesis de la derecha también son recurrentes. Si "Venezuela" es un obligado al otro lado del Atlántico, aquí siempre han sido constantes las menciones hacia Podemos. Sobre todo, dependiendo del origen del medio para el que se escribe. En este punto, Pablo Iglesias ha perdido protagonismo. Ahora es José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente español y mediador con, entre otros, Leopoldo López, quien está en el centro de la diana de este antichavismo de base que se le empieza a escapar de las manos a la propia MUD (si no lo ha hecho ya) y que ve con desconfianza cualquier tipo de diálogo.

Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela /EUROPA PRESS

"Hay una comunidad que sigue construyendo y hace un llamado por la constituyente"

La oposición aseguró por la noche, en boca de Fredy Guevara, vicepresidente de la Asamblea Nacional declarada en rebeldía por el Tribunal Supremo, que el 91% de la población había seguido el paro. Atravesar el oeste de la ciudad bastaba para desmentir tal información. Allí están los principales edificios oficiales, Miraflores incluido, y se trabajaba a pleno rendimiento. También en los comercios privados. En lugares, como la parroquia del 23 de enero, uno de los feudos chavistas por excelencia, la huelga apenas se sintió. Juan Contreras, de la Coordinadora Simón Bolívar, aseguraba que "todo el mundo salió a trabajar".

"Comercios y pueblo en general salieron a hacer lo que tienen que hacer, que es construir el país trabajando. Aquí hay una comunidad que sigue construyendo y hace un llamado por la constituyente", reivindicaba. Hoy los partidarios del presidente, Nicolás Maduro, tienen una oportunidad para exhibir músculo, ya que están convocados a un acto de cierre de la campaña en la avenida Bolívar, uno de los escenarios de las grandes marchas chavistas.

En la misma línea crítica con la oposición, Wilmer Márquez, en la Candelaria (municipio Libertador) cuestionaba el "fanatismo absurdo" de quienes mantienen una estrategia de desgaste contra el Ejecutivo, asumía que existen dificultades y ponía sus esperanzas en la Asamblea Constituyente.

Después de más de 100 días de protestas, la oposición no tiene un plan para seguir

Las 48 horas de paro son una especie de "impasse" hasta el fin de semana, donde se tienen que resolver dos incógnitas. La primera, qué hará la oposición, empeñada como está en paralizar una elección a una asamblea constituyente a la que no se ha dignado a presentar candidatos, por lo que se ha quedado fuera. El viernes llaman a la "toma de Caracas", sea lo que sea eso. ¿Y después? La segunda pregunta, también dirigida hacia esa amalgama nunca bien avenida: qué hacer el lunes. Después de más de 100 días de protestas sostenidas (y más de un centenar de muertos en ambos bandos), "no sé" es la única respuesta sobre el futuro que plantean quienes han jugado su carta a la suspensión de las elecciones del domingo pero que en realidad quiere poner fin al gobierno Gobierno.

Leopoldo López, encerrado en su domicilio desde hace una semana, reiteró a través de un vídeo las consignas que vienen desde la consulta del 16 de junio: supresión de los comicios, toque a las Fuerzas Armadas y convocatoria de elecciones para un Gobierno de unidad. No parece que vaya a ocurrir.

Hoy continuará la jornada de paro. Y no se ha hecho público un plan a partir del sábado. En las barricadas, entre las bases más movilizadas del antichavismo, con un ojo se mira hacia el Ejército y con el otro al exterior. Alfredo Jimeno, concejal de Volutad Popular en Chacao y responsable del partido de Leopoldo López para el Estado Miranda, consideraba “aventurado” vaticinar un boicot activo a las urnas. Aunque tenía claro que los enfrentamientos, como los que él seguía desde la avenida Juan Pablo II, se iban a repetir.