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Las ventajas del diálogo con Cuba

El Ministerio de Exteriores destaca que esta política ha permitido negociar sobre temas «vedados» al resto del mundo

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En El Malecón, la parte más dulzona, descarada y mal mirada de La Habana, todos saben que la capacidad de influencia de España en el régimen castrista es considerablemente inferior al peso de sus inversiones en la isla. Pero la realidad diplomática esconde muchos secretos.

La actual secretaria de Estado para Iberoamérica, Trinidad Jiménez, subrayaba ayer en declaraciones a Público que cuanto más se potencie la estrategia de interlocución y diálogo, la confianza entre Madrid y La Habana se incrementará, y esto redundará en una gestión más útil y eficaz de las cuestiones más envenenadas.

Probado queda que la hostilidad desplegada por los estadounidenses durante décadas ha servido como pegamento para tapar las grietas entre los tres estamentos clave del Estado cubano: las Fuerzas Armadas, el Partido Comunista y la Asamblea del Poder Popular. Jiménez se vanagloria de que con la actual política de distensión, "España ha conseguido poner sobre la mesa para su discusión algunos asuntos que para el resto de países del mundo están vedados". Se refiere al tema de los derechos humanos, el problema de los presos políticos y a la controvertida situación de los disidentes que viven en la isla.

Cuando Miguel Ángel Moratinos, la diplomática mano derecha de José Luis Rodríguez Zapatero, aterrizó en 2004 en las arenas movedizas de Cuba, no ocultó su entusiasmo para obrar un posible milagro: conseguir que el desfallecido régimen cubano no se hunda en las aguas del Caribe como un Titanic. A cambio, buscó una interlocución más moderada. Sin grandes convulsiones, eso sí. Casi en sigilo. "Cuando miramos a la UE, no hay duda de que al primero que vemos es a España. Algo de mano ya tienen ustedes. Desde luego, bastante más que los checos, que nos ven como los herederos de sus odiados soviéticos y sólo ponen trabas", explicaba recientemente un diplomático cubano.

Es cierto. Para España, Cuba siempre ha sido un asunto de interés general. Tanto para la ideología de la izquierda como para el anticomunismo conservador. El tema cubano se
desempolva periódicamente para marcar distancias entre partidos políticos y también para medir la temperatura de las relaciones con Washington.

"Pese a coincidir en los objetivos y en la estrategia global hacia Cuba, los gobiernos del PP y del PSOE defienden diferentes posiciones en asuntos concretos. Esto es una grave falta de política de Estado", apunta Susanne Gratius, responsable de estudios sobre América Latina de la Fundación FRIDE. Para esta investigadora, el vacío existente "ha conducido a un constante vaivén de las relaciones entre ambos países, entre una estrategia de diálogo crítico (PSOE) y otra de presión diplomática (PP)".

Todos los datos económicos mundiales señalan que España es el soporte financiero de la isla, por encima incluso de Venezuela, cuya aportación es de 54.000 barriles de crudo al día y un apoyo ideológico que, según el analista Jorge I. Domínguez, "se limita a Fidel, ya que la relación de Chávez con Raúl es distante".

En primera fila

La cuestión de la propiedad incautada por la revolución que tantas esquirlas levanta en la costa de Florida, España la solventó en 1986 a través de un acuerdo de indemnizaciones firmado con La Habana. "Este computo de cuestiones más la afinidad histórica y cultural colocan a España en primera fila de las relaciones de Cuba con la UE", dice Gratius.
Sin acuerdos de cooperación con Europa, la política de los 24 estados se desarrolla desde 1996 en el marco de la Posición Común -un compendio normativo que cada uno interpreta a su manera-, una obra de José María Aznar.

En instancias diplomáticas españolas, la renuncia de Fidel es un síntoma alentador. "El hecho es un cambio en sí mismo. Es algo histórico, pero debemos esperar para saber más", pronosticó ayer Trinidad Jiménez. "En la sesión inaugural de la Asamblea del domingo, podremos visualizar si hay cambios", añade Susanne Gratius con cierta sutileza.