Publicado: 31.03.2014 18:09 |Actualizado: 31.03.2014 18:09

Washington y Riad: una alianza inquebrantable

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Los saudíes califican de "histórica" la visita que ha realizado a Riad el presidente Barack Obama, pero más allá de las pomposas declaraciones oficiales puede decirse que su encuentro con el rey Abdallah no modifica para bien la dramática y caótica situación de Oriente Próximo.

El inquilino de la Casa Blanca ya estuvo en Riad en 2009, horas después de su también "histórico" discurso en una universidad cairota, donde anunció a bombo y platillo el inicio de una nueva era en las relaciones de Estados Unidos con el mundo árabe, aunque en los cinco años transcurridos desde entonces las cosas han ido a peor.

Lo que no ha cambiado han sido las relaciones entre Washington y Riad, que son firmes y estables, y se sustentan sobre intereses comunes que están más allá de las discrepancias puntuales que pueden surgir en cualquier momento, incluso de las diferencias que han aflorado en torno a Irán, un país que pone de los nervios a la monarquía saudí tanto o más que pone de los nervios a Israel.

De hecho, Obama viajó a Riad mientras los saudíes se encontraban enfrascados en una política exterior que tiene abiertos tres frentes diáfanos: el mencionado iraní, el sirio y el egipcio. Y estos tres frentes alrededor de los cuales pivota la política exterior saudí coinciden plenamente con la política exterior de Israel.

Tanto Arabia Saudí como Israel han hecho todo lo posible para hacer fracasar el diálogo entre EEUU e Irán

El frente iraní es el más peliagudo y los saudíes no comparten -ni siquiera entienden- por qué la administración norteamericana ha abierto negociaciones directas con Teherán acerca de su programa nuclear. La coincidencia con Tel Aviv es aquí plena y los dos países han hecho todo lo que está a su alcance para abortar esas negociaciones.

Obama reiteró al monarca saudí su oposición a las armas nucleares iraníes, pero esto no es suficiente para tranquilizar al rey Abdalá, cuyo objetivo es acabar con la influencia de Teherán en la región y no con las armas nucleares. En realidad, las armas nucleares solamente son un pretexto para justificar la política antiiraní de Riad y Tel Aviv, que va mucho más allá de unas bombas inexistentes.

El avispero sirio está también relacionado con Irán. En los tres meses últimos Riad ha modificado verbalmente su política y ha declarado organizaciones terroristas a varios grupos yihadistas que hasta ahora recibían asistencia saudí de todo tipo. La prensa árabe dice que esta era una condición para programar la parada de Obama en Riad.

En esta misma línea se interpreta la caída en desgracia del príncipe Bandar bin Sultan, que hasta finales del año pasado era el responsable de la política saudí con respecto a Siria, Líbano y Egipto. Las malas lenguas señalan que su relevo obedece justamente a su implicación y apoyo a las organizaciones yihadistas-terroristas, aunque es difícil explicar por qué ha tenido que caer en este preciso momento.

El nuevo responsable saudí del expediente sirio es el ministro de Interior, el príncipe Mohamed bin Nayef, quien el mes pasado ya estuvo en Washington con el mensaje de que Riad va a dejar de apoyar el terrorismo.

Sin embargo, apenas unos días después, el 8 de marzo, el primer ministro de Irak, Nuri al Maliki, volvió a acusar sin tapujos a los saudíes de incentivar el terrorismo contra los chiíes en ese país, algo que los saudíes vienen haciendo desde hace una década larga a través de grupos interpuestos.

Pero no solamente es en Irak y en Siria donde se puede ver la huella del terrorismo apadrinado por los saudíes. En Líbano mismo se han multiplicado los atentados contra objetivos chiíes, y varios líderes libaneses han acusado a Riad de estar detrás de las explosiones que sacuden una vez tras otra al pequeño país de los cedros.

La prensa árabe dice que los servicios secretos saudíes estuvieron detrás de un sangriento atentado en Doha Por si esto fuera poco, la prensa árabe ha sugerido que los servicios secretos saudíes están detrás de la explosión que tuvo lugar en Doha, la capital de Qatar, el pasado 27 de febrero, en la que hubo medio centenar de muertos y heridos al estallar una bomba en un restaurante de comida turca.

En este contexto horripilante, la noticia más destacada que ha generado la visita de Obama es el comunicado que formuló la Casa Blanca en el que se decía que las dos partes están trabajando juntas "en esfuerzos de antiterrorismo para combatir el extremismo y apoyar las negociaciones para conseguir la paz en Oriente Medio". Ahora bien, será necesario esperar para ver si los saudíes corrigen realmente el paso.

Las relaciones entre Qatar y Arabia Saudí son muy tensas, entre otras cosas porque los cataríes, que son wahabíes como los saudíes, apoyan a los Hermanos Musulmanes y permiten que el canal de televisión Al Yazira critique abiertamente al régimen de Riad en emisiones que se ven en toda la región.

No hay duda de que el tema del terrorismo lo han abordado los dirigentes saudíes y estadounidenses en los últimos meses --y el comunicado de la Casa Blanca lo corrobora--, pero cuesta barruntar por qué precisamente ahora Washington dice que quiere acabar con un fenómeno conocido por todos que no va contra sus intereses, más bien al contrario.

En cuanto a Egipto, las divergencias entre saudíes y americanos se circunscriben a la galería, ya que los dos países han acabado por coincidir que el del mariscal Abdel Fattah al Sisi es el régimen que más conviene a los egipcios. Los saudíes ya han puesto sobre la mesa miles de millones de dólares y han declarado organización terrorista a los Hermanos Musulmanes.

Lo que realmente inquieta a Riad es el llamado ‘islamismo político', aunque lo toleran y lo financian en el caso de que vaya contra los chiíes, como ocurre en Siria, en Irak y en Líbano. En Egipto, en cambio, el islamismo político podría servir de base para desestabilizar el gobierno saudí, de ahí que Riad haya optado por combatirlo y por apoyar la política de cero tolerancia de Al Sisi.

Tampoco hay duda de que Obama presionó al rey Abdalá para que este a su vez apriete las tuercas al presidente palestino Mahmud Abás para que acepte el acuerdo marco que el secretario de Estado John Kerry trata de pergeñar, un acuerdo que solo servirá para arrancar más concesiones a los palestinos y consolidar la ocupación israelí.