Publicado: 15.05.2014 12:15 |Actualizado: 15.05.2014 12:15

Hay que ser español antes que persona

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Ser de extrema derecha no es tan fácil como parece. De entrada hay que elegir en qué grupúsculo militar y la cosa no es sencilla. En Cataluña se puede ser de la Plataforma de Anglada y no complicarse, pero es cruzar el Ebro y el lío está asegurado. Está Democracia Nacional, España 2000, el Movimiento Social Republicano y el Movimiento Católico Español, por poner unos cuantos ejemplos. Se puede empezar en la Asociación Cultural Rey Sisebuto por pura fonética y acabar en Alianza Nacional fusión mediante. O en Falange Española de las Jons y terminar en Falange Auténtica o en La Falange, centrifugado en sucesivas escisiones por ver quién es más ultraderechista.

A estas elecciones se presenta la España en Marcha, que es el no va más del patriotismo, y que agrupa a La Falange, la Alianza Nacional y el Movimiento Católico Español, apoyados todos ellos por el autodenominado Nudo Patriótico Español, el sindicato TNS (Trabajadores Nacional Sindicalistas) y hasta por un diario digital llamado lógicamente Patriotas.es. Uno de sus mayores activos es llevar en sus listas a varios de los valientes que la liaron parda en Blanquerna, la delegación de la Generalitat en Madrid, para boicotear la celebración de la Diada al grito de "No nos engañan, Cataluña es España". Es una acción de la que se sienten especialmente orgullosos.

Animada por las buenas expectativas de sus colegas europeos, la ultraderecha patria hace esfuerzos por unirse y ganar músculo pese a la feroz competencia del PP, que cuando se pone a jugar de extremo no hay quien le gane. No cree en el sufragio universal, que es un invento nefasto de la Revolución francesa, y si va a las elecciones es para establecer "cabezas de puente en territorio enemigo". Es antisistema. Dice estar contra el capitalismo salvaje y contra el marxismo. Y trata incluso de modernizarse, aunque sea evitando mencionar a toda costa el nombre de Franco, cuyo recuerdo se limita a algún bigote de la época que se empeña en seguir posado en el labio de un par de nostálgicos.

Este miércoles presentaban en el centro cultural Buenavista de Madrid a su cabeza de lista, Jesús Muñoz, que es el jefe de prensa del sindicato TNS y que, según parece, da de muerte en sus intervenciones radiofónicas en la Inter, la emisora de Intereconomía. No se le vio. Muñoz se recuperaba de una operación quirúrgica y, para que no se dijera que no estaba presente junto a sus camaradas, protagonizó una inusual alocución telefónica, que era como oírle por la radio pero con más ambiente, por eso de las banderas con el águila que colgaban de las paredes.

Muñoz, al que la propaganda de los suyos define como "un español comprometido con los problemas sociales que estamos sufriendo por la pérdida de soberanía", hizo una declaración del europeísmo que le anima, que es el modelo de Carlos I de España y V de Alemania. "No nos sentimos europeos de esa Europa que nos dice que liberemos terroristas y violadores y perdemos el culo para hacerlo, ni de ese travesti de Eurovisión", dijo mientras denunciaba que la representante española cantara en inglés, siendo el español "la lengua más bella" que parió Babel. Le faltó quizás introducir ahí uno de los grandes lemas de su sindicato: "Hay que ser español antes que persona".

El enfermo no dejó títere con cabeza. Arremetió contra los traidores y los corruptos de la "autocrisis", contra el rescate a la banca y la invasión bárbara de la inmigración, y denunció el paro, el aborto y "la golfería de los sindicatos chaperos". La dramática situación actual, según explicó, ha conducido al "valiente pueblo español" a transformarse en una "masa informe sin agallas". Tras su llamamiento a la unidad de los patriotas, se escuchó el primer "arriba España" de la tarde, rápidamente secundado por un público ansioso de levantar la mano.

Como se ha dicho, ser de extrema derecha en España no es sencillo. Requiere ciertas nociones de historia entresacadas de la Enciclopedia Álvarez para no perder comba en los actos públicos. Hay que conocer bien a Don Pelayo y a los Reyes Católicos y estar preparado por si los reyes godos aparecen en escena. Felipe II y el imperio en el que no se ponía el sol es materia obligatoria y, en ocasiones, hasta Alfonso X entra en el examen. Sin embargo, lo más difícil es ser patriota.

"Hay que vivirlo, lanzarse al agua", insistió José Luis Corral, el presidente del Movimiento Católico Español. "La lucha por la patria no es un juego y si Dios nos ha creado en este momento es porque cree en nosotros", añadió. Su comparación fue gloriosa. Tal y como reseñó la Guerra de la Independencia fue una sucesión de derrotas hasta la victoria final, en la que fue determinante la indomable acción de las guerrillas. Ese el ejemplo a seguir: "Venceremos cuando Dios quiera". Como no podía ser de otra forma se gritó "arriba España" y un sentido "viva Cristo Rey".

Lo más grande estaba por llegar. Comparecía en la tribuna Pedro Pablo Peña, jefe de Alianza Nacional, para detallar los principales hitos que les animan, especialmente el de combatir la amenaza de las inmigraciones masivas. "Hay que reclamar el derecho de sangre" toda vez que lo que está en juego es la propia identidad. "No podemos permitir que nos pase lo que a Estados Unidos, donde los blancos son minoría", añadió. En su opinión, lo que ha de marcar el camino de Europa es el cristianismo, ya que fue la cultura grecorromana y cristiana quien puso sus cimientos. "No admitimos otra".

"En nuestras filas no caben liberales y demócratas", añadió un crecido Peña, que rozó la apoteosis con su proclama final: "Queremos abolir la Constitución y la Monarquía". Arreciaron los aplausos.

Pasaban las nueve y cuarto de la noche cuando se dio por concluido el acto con la concurrencia puesta en pie saludando a la manera fascista las alegres notas del himno nacional. Era la hora convenida porque el empleado del centro que les acogía terminaba su jornada y la extrema derecha, otra cosa no tendrá, pero respeta los horarios. Faltaba sólo la foto de familia con los patriotas más jóvenes y animosos. No llevan camisa nueva sino camisetas y los más elegantes, el tradicional polo de Lacoste. En España empezaba a anochecer.