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Aznar desaira a Rajoy al fichar a San Gil para FAES

El ex presidente tendrá como colaboradora a la ex líder del PP vasco, que dejó la política por "desconfianza" hacia Rajoy. El anuncio llega tras la nominación de Mayor Oreja como candidato a las europeas

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José María Aznar asestó este martes una nueva bofetada política a Mariano Rajoy al anunciar el fichaje de María San Gil como 'colaboradora' de la Fundación FAES, el neoconservador laboratorio de ideas que él mismo preside. La difusión del fichaje de la ex presidenta del PP vasco, que a comienzos del verano pasado abandonó la política con un portazo por 'desconfianza' hacia Rajoy, se produce dos después de que su mentor político, Jaime Mayor Oreja, fuera ratificado como cabeza de lista del partido a las elecciones europeas de junio.

El estreno de San Gil como miembro de la red de colaboradores de FAES será inmediato y estelar: el próximo lunes participará junto con Aznar en Santiago de Chile en unas jornadas organizadas por FAES. San Gil, que se mantiene como afiliada al PP, intervendrá en una mesa redonda sobre terrorismo dentro de un encuentro con sesenta jóvenes líderes auspiciado por FAES, la Universidad Católica de Chile y la conservadora Universidad de Georgetown, donde Aznar imparte clases desde que abandonó la Moncloa en 2004. La Universidad Católica de Chile nutrió de economistas al dictador Augusto Pinochet.

Adscrito al ala dura del PP y en espera de destino durante los largos meses en que permaneció en el aire la candidatura europea del PP, Mayor había aprovechado el cónclave estatal de junio de 2007 para clavar un pronóstico en la espalda de Rajoy: 'María San Gil no ha terminado en este congreso'. Siete meses después, Aznar ha cumplido la profecía de su ex ministro y seguidor, a quien el nuevo presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, ya ha advertido de que no tolerará injerencias desde Estrasburgo.

Aunque la Fundación FAES ya venía operando como santuario de rebeldes contra Rajoy, nunca hasta ahora Aznar había acogido en su seno a alguien que, como San Gil, puso públicamente en jaque al líder del partido al desacreditar su estrategia en la siempre delicada parcela de la política vasca. Su desafío disparó la magnitud de la crisis abierta tras la derrota electoral de marzo, una crisis azuzada por la vieja guardia aznarista con el beneplácito del ex presidente del Gobierno. Situada al frente de la disidencia interna, Esperanza Aguirre ofreció sin éxito a María San Gil un cargo en Madrid.

A finales de junio, una semana después del congreso nacional del PP en cuya ponencia política se negó a participar y en el que plantó a la militancia, la todavía presidenta del PP vasco cruzaba el Rubicón enviando una carta de despedida a la militancia: la acción de su partido debería 'estar dirigida a una oposición frontal a un proyecto que choca en lo esencial' con su idea de España, como 'una gran nación de ciudadanos libres e iguales' de la que sentirse orgullosos, sostenía. El PP debería, en suma, enfrentarse a la 'dispersión de la idea nacional que permite a los nacionalistas vascos seguir avanzando hacia la autodeterminación'.

'Sin embargo escribió San Gil colocando una carga de profundidad- a lo largo de los últimos meses, y especialmente a través del desarrollo del último congreso, he podido confirmar que la dirección nacional del partido tiene una visión completamente distinta de la mía en relación con la situación política y social y con la manera de enfrentarse a ella'. En septiembre, San Gil entregaba su acta de diputada en el Parlamento de Vitoria.

El órdago obligó a adelantar a julio el congreso del PP vasco, que debía haberse celebrado tras las autonómicas vascas de este año y donde la marcha de San Gil, en contra de los augurios de cisma lanzados desde la derecha mediática, no causó ningún estropicio. Pero, sobre todo, su fuga abrió de par en par la caja de Pandora que previamente habían descerrajado el ex ministro de Interior y entonces secretario general del PP, Ángel Acebes; el que todavía era portavoz parlamentario del partido, Eduardo Zaplana; la ya citada Esperanza Aguirre con su amago de disputar a Rajoy el liderazgo interno en el congreso de junio; y, en último lugar cronológico, José María Aznar.

Airado por el rumbo que su sucesor -suyo en sentido literal- estaba imprimiendo al PP, Aznar terminó dando el aldabonazo en mayo: en un acto público de FAES, recomendó a Rajoy que apostara por una derecha 'sin complejos' y lo exhortó a 'jugar con los mejores'. O sea, con los que se habían ido, como Acebes y Zaplana, y con los que, como María San Gil, estaban a punto de hacerlo.