Publicado: 25.02.2014 07:00 |Actualizado: 25.02.2014 07:00

Del "¡Váyase señor González!" de Aznar al Don Quijote de Zapatero

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El debate sobre el estado de la nación que se inicia este martes en el Congreso de los Diputados, la vigésimo cuarta edición, se plantea a cara de perro entre los dos principales protagonistas: el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba. La cercanía de las elecciones al Parlamento Europeo, previstas para el 25 de mayo, los primeros comicios de ámbito nacional desde las pasadas elecciones generales, confieren al debate de este año una trascendencia propia.

En cualquier caso no es ninguna novedad, toda vez que los actores de la vida política española le confieren la categoría del más importante debate del año, junto al que se celebra con motivo de la presentación por parte del Gobierno de los Presupuestos Generales del Estado a mediados de octubre. De hecho, el escrutinio mediático sobre esta cita, que se alargará hasta el jueves con la votación de las propuestas de resolución —especie de corolario— que presentarán cada grupo parlamentario, mide todo tipo de aspectos, desde los más trascendentes hasta la más mínima anécdota.

El debate del estado de la nación lo instauró Felipe González en 1983

No siempre fue así. Este tipo de debate empezó en 1983 por voluntad política del Felipe González, entonces presidente del Gobierno, ya que su celebración no está recogida en la Constitución ni en otra norma legal; tampoco en el reglamento de la Cámara baja. Es más, si el presidente de turno decide no enviar la comunicación pertinente al Congreso para solicitar el debate su convocatoria no celebra. Eso no ha ocurrido nunca desde aquella primera cita, salvo los años en los que ha habido elecciones generales (1986, 1989, 1993, 1996, 2000, y 2004): las excepciones fueron en 1989 y en 2011 cuando tanto Felipe González como Zapatero convocaron el debate bastantes meses antes de la celebración de las elecciones. Pero esa circunstancia hizo que en los años siguientes no hubiese convocatoria ya que tanto en 1990 como en 2012 González y Rajoy esgrimieron como excusa la cercanía de los comicios celebrados.

Los primeros debates sobre el estado de la nación sobre "la situación general de España", como se denominó el de 1983, no generaron tanta expectación como en su segunda mitad. La mayoría absoluta socialista hasta entrados los años 90 restó sin duda emoción. Aun así en sus albores los debates aportaron algunas perlas dialécticas; con el paso de los años los debates fueron dejando referencias más recordadas.

En 1983, entre el 20 y 22 de septiembre, Felipe González hizo un discurso placentero para afirmar: "Me complace comparecer para abrir un debate que significa también una nueva experiencia", dijo en un momento de su intervención. Por su parte, el líder de la oposición entonces, Manuel Fraga, registró en el diario de sesiones una de sus habituales sentencias para calificar a su oponente en ese primer debate: "Poco mensaje y mucho metraje".

Suárez le devolvió a González su propio consejo: "Salga de La Moncloa, baje a la calle, y escuche sus preocupaciones"

La segunda edición, entre los días 23 y 25 de octubre del año siguiente, no tuvo un excesivo color. González reiteró su decisión sobre la Alianza Atlántica: "Debemos permanecer en la OTAN y eliminar las bases de los Estados Unidos", dijo, mientras que Fraga, en medio de un amplio debate sobre la reconversión industrial, aseguró que "los socialistas están arruinando España y pretenden destruir la familia y la empresa".

El último debate de Fraga, justo un año después, no dejó una gran frase en el diario de sesiones, mientras que González apostó por destacar que "España ha consolidado sus instituciones democráticas". En la siguiente legislatura, la tercera, el ambiente se animó algo más e introdujo a un protagonista nuevo, Adolfo Suárez, líder del emergente CDS, debido a la crisis de Alianza Popular tras abandonar Fraga el liderazgo. En el debate de 1987, entre el 24 y 25 de febrero, se oyó decir a Suárez. "Usted mismo en esta tribuna, y no sin razón, me acusaba: `Señor Suárez, salga de La Moncloa, baje a la calle, y escuche sus preocupaciones´. Pues permítame, señor González, que hoy le devuelva el consejo". Fue una de las frases más celebradas de aquella sesión, en la que el portavoz de AP, Arturo García Tizón, pasó inadvertido mientras el presidente González reclamaba "el esfuerzo permanente para erradicar la lacra del terrorismo".

Justo un año después el debate transcurrió con más peña que gloria y sólo en el de 1989, también a mediados de febrero, subió el tono algo porque ya se barruntaban elecciones generales en el horizonte. En esa ocasión el presidente González tuvo como referente de los conservadores, que estrenaban nombre como Partido Popular, a Miguel Herrero de Miñón; también a Suárez. Felipe González sacó pecho tras la huelga del 14-D dos meses antes: "Soy el único presidente que se ha reunido con los sindicatos para negociar con ellos".

Ya en la cuarta legislatura, tras el paréntesis de 1990, aparece como líder de la oposición José María Aznar en el siguiente debate, celebrado en marzo de 1991. Mientras González proclama la necesidad de llegar a un pacto autonómico y de financiación tras lo comicios autonómicos de ese año, Aznar apunta ya maneras al concentrar sus críticas por la ausencia de explicaciones tras la salida de Alfonso Guerra como vicepresidente del Gobierno y la remodelación del Ejecutivo que le siguió. Pero fue al año siguiente cuando hay un punto de inflexión en este tipo de debates: por primera vez Aznar coloca al terrorismo en el centro de su estrategia política y la convierte en eje de sus críticas a González, que se empeña en fijar el debate en la necesidad de convergencia con la UE que inicia la vorágine de nuevos tratados.

Es a partir dela quinta legislatura cuando se producen los debates más agrios

Pero, sin duda, tras el paréntesis del año electoral de 1993, es en la quinta legislatura cuando se producen los debates más agrios y se escucha la frase más famosa de estas citas: "¡Váyase, señor González!, no le queda ninguna otra salida honorable", pronuncia Aznar el 19 de abril de 1994. Momentos después, el líder de IU, Julio Anguita, no se queda atrás: "Con toda serenidad, le pido que dimita". Ese momento marca un punto de inflexión en este tipo de debates en unos años en que el enfrentamiento político se endurece hasta extremos desconocidos hasta entonces. La conocida como "legislatura de la crispación" tiene en el debate del año siguiente, en el mes de febrero, un segundo capítulo no menos agrio: los debates se suceden en torno al caso de los GAL. "Los GAL son la gota que colma el descrédito presidencial", proclama Aznar. González, que asiste a su último debate como presidente del Gobierno, responde: "El Gobierno no ha estado implicado en operaciones ilegales". La tensión en los pasillos de la Cámara baja se podía palpar.


La cita no regresa al hemiciclo del Congreso hasta más de dos años después y con un panorama completamente nuevo. Después de diez debates con González como presidente su lugar lo ocupa Aznar, que sube a la tribuna en junio de 1997 para reafirmar las líneas programáticas de su debate de investidura de un año antes. Felipe González, en el que será su último debate, ahora en la oposición, tiene una intervención de guante blanco, ofreciendo colaboración en cuestiones de Estado.Cinco semanas después abandonará el liderazgo del PSOE.

La primera vez de Felipe González en la oposición tendió la mano a Aznar para colaborar en cuestiones de Estado

Este hecho hace que los socialistas celebren primarias, que gana Josep Borrell frente al secretario general del partido, Joaquín Almunia. En tal condición Borrell es el antagonista de Aznar y pese a su fama de excelente parlamentario se hace un lío con el concepto del "devengo" a la hora de criticar las cuentas de la Seguridad social para mantener la sostenibilidad del sistema de pensiones. Pierde sin paliativos el debate justo cuando más expectativas se habían creado entre los socialistas.

A partir de ese momento uno de los atractivos de este tipo de citas es constatar quien es el vencedor y el perdedor. Pero al año siguiente, en junio de 1999, esta incógnita se despeja rápidamente porque un Aznar crecido con la tregua de ETA desde septiembre del año anterior presenta unas credenciales difíciles de criticar por la expectativa social generada. Su oponente es Joaquín Almunia, que a trancas y barrancas acepta hacerse cargo de nuevo del liderazgo del PSOE de cara a las elecciones del año siguiente. Este debate no tuvo apenas color y Aznar lo gana con facilidad en medio de una sensación de derrotismo en las filas socialistas que, en la primavera siguiente pierden estrepitosamente las elecciones y Aznar logra una comodísima mayoría absoluta.

La llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del PSOE ofrece una nueva dimensión a este tipo de debates. En plena séptima legislatura, el primer enfrentamiento entre el presidente Aznar y Zapatero tiene lugar el 26 de junio de 2001. El nuevo dirigente socialista sorprende a su antagonista con su propuesta de "oposición útil", al tiempo que se ofrece a apoyar sin condiciones la lucha contra el terrorismo etarra. Y lanza una propuesta que descoloca a Aznar y a los populares; incluso a sus propias filas: crear una comisión estatal para celebrar el 400 aniversario de la primera edición de El Quijote. Esta iniciativa se convierte en protagonista del debate. La encuesta entre los periodistas que cubren la cita ofrece un resultado muy parejo entre ambos, lo que sorprende también a los populares instalados en su mayoría absoluta.

El primer enfrentamiento Zapatero-Aznar fue en junio de 2001

El siguiente debate, justo un año después, no será tan amable. Aznar centra su intervención en torno a la lucha antiterrorista. Lo que le genera un agrio enfrentamiento con el portavoz del grupo vasco, Iñaki Anasagasti. Zapatero, por su parte, destaca el valor del "talante" a la hora de afrontar los asuntos de Estado y ofrece una imagen dialogante frente a un Aznar que muestra una imagen de crispación y de soberbia. El debate, en el que el presidente del Gobierno da muestra de incomodidad por cumplir este trámite parlamentario, lo gana Zapatero según los periodistas parlamentarios y encuestas de medios a pie de calle.

La tensión entre ambos políticos se pone de manifiesto en el debate del año siguiente, el 30 de junio. Aznar acude a la cita bajo una fuerte presión política tras asuntos como el accidente del Yak 43, el hundimiento del Prestige y su apoyo a Estados Unidos a la guerra de Irak. "España estuvo donde tiene que estar", sostiene el presidente del Gobierno como argumento central en su estrategia de apoyo a la escalada belicista del presidente norteamericano Bush. Zapatero critica duramente a Aznar en medio de una sesión muy tensa, que se vuelve contra los conservadores. De nuevo Zapatero sale victorioso de su enfrentamiento con Aznar, según la impresión generalizada. Incluso en la bancada popular se reconoce el desastre.

Los siguientes debates están más frescos en la memoria colectiva. La octava legislatura se inicia con Rodríguez Zapatero al frente del Gobierno y su primer debate, con Mariano Rajoy como líder de la posición, tiene lugar el 11 de mayo de 2005. Este debate da pie a otra de las frases que hacen historia. Rajoy, que mantiene el terrorismo como eje de su estrategia para hacer oposición, lanza a Zapatero la frase más dura escuchada en el hemiciclo: "Su política propicia la traición a los muertos". En otro momento del debate Rajoy le lanza otra diatriba: "Es usted un radical". Por su parte, Zapatero repitió una de sus frases más conocidas en torno al terrorismo etarra: "La violencia no tiene precio político, pero la política puede contribuir al fin de la violencia". Según el CIS, Zapatero gana con un 46,02% de apoyos frente a un 14,70% que recibe Rajoy.

Zapatero, a Rajoy, en 2006: "Usted no tiene ni idea de lo que es España"

Justo un año después, en 2006, vuelve a reproducirse el debate, esta vez centrado en la política territorial y en la inmigración. "España es una nación de ciudadanos, no una nación de naciones", exclama Rajoy. Zapatero afirma: "Usted no tiene ni idea de lo que es España". La bronca viene por una cuestión de tiempos entre Rajoy y el presidente de la cámara, Manuel Marín, que se salda con el enfado de Rajoy que abandona la tribuna abruptamente. El portavoz Zaplana intervino papa pleitear en un intento de desviar el resultado del debate que vuelve a ganar, según el CIS, Zapatero con más del 50% de los apoyos de los encuestados.

El último debate de esta legislatura, a primeros de junio de 2007, se salda con el anuncio de Zapatero del "cheque-bebé" de 2.500 euros en una de sus réplicas, lo que deja descolocado a Rajoy. Este, por su parte, centra sus criticas a Zapatero en exigirle "las actas" de los contactos con ETA. "Usted no es de fiar (...) O muestra las actas o tome el camino de Zarzuela", dice Rajoy. Vuelve a perder el debate, según el CIS, por un 43,09% de Zapatero frente a un reducido 16,50%.

El presidente Zapatero vuelve a ganar claramente el primer debate de la siguiente legislatura, la décima, celebrado el 13 de mayo de 2009 tras las elecciones generales del año anterior. Zapatero, que anuncia la suspensión de la desgravación por la compra de vivienda a partir de 2011, le recrimina a Rajoy que emplee "el mismo tono faltón de hace dos años". Y le apuntilla: "Usted en lo que es especialista es en perder elecciones". Por su parte, Rajoy le plantea que "es urgente una rectificación" en su política económica para combatir la crisis.

Rajoy, a Zapatero, en 2010: "No está en condiciones de gobernar; convoque elecciones" 

En cambio, las dos últimas citas entre ambos, marcadas ya por la gravedad de la crisis económica, da lugar a frases para recordar. En el debate de 2010, el 14 de julio, Rajoy es directo: "No está en condiciones de gobernar; convoque elecciones". Por su parte, Zapatero responde: "Voy a ejercer mi responsabilidad cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste", al tiempo que reconocía errores. Las crónicas dan un resultado ajustado entre ambos. Y en el último debate, el 28 de junio de 2011, con la crisis económica en su punto más álgido, Rajoy es contundente en sus críticas: "Ha despilfarrado usted la mejor herencia que haya tenido un Gobierno jamás". Zapatero se justifica: "La crisis de Grecia obligó a cambiar el rumbo", dice al tiempo que emplea sus últimas palabras para una emotiva despedida. En abril había anunciado que no sería candidato y unas semanas después anunció las elecciones para el 20 de noviembre. Ese debate lo perdió Zapatero.

Ya en la actual legislatura sólo se ha celebrado un debate, hace ahora justo un año, con Rajoy como presidente del Gobierno. Enfrente, Alfredo Pérez Rubalcaba. El jefe del ejecutivo saca pecho por haber evitado el rescate de España pese "a la herencia recibida", un argumento que se convertirá en la coletilla del debate. "Hemos evitado el naufragio", sentencia. Por su parte, Rubalcaba, que se estrena en este cometido, sostiene que pese al maquillaje de las cifras "estamos intervenidos, señor Rajoy. Ese es su mérito", al tiempo que le recrimina duramente los recortes en prestaciones sociales como sanidad, educación, pensiones, salarios de empleados públicos y prestación a dependientes. "Nada está mejor que el año pasado y en lo importante estamos peor", remarca. El resultado del debate da disparidad de criterios.

El interés ciudadano, medido por las audiencias recogidas por las emisiones realizadas por los diversos canales de TVE, ha ido decreciendo de forma espectacular. El cénit fue en el debate celebrado en el año 1995, protagonizado por Felipe González y José María Aznar: 2 millones de espectadores siguieron el cruce dialéctico del que, a la postre, iba a ser el último de González como presidente del Gobierno. Tres años después, en 1998, el debate entre el presidente José María Aznar y el líder de la oposición, Josep Borrell, ganador de las primarias del PSOE, concentró a 1,6 millones de espectadores.

El pasado año, el discurso de Mariano Rajoy el primer día por la mañana fue seguido por sólo 185.000 espectadores, cifra que subió hasta los 409.000 por la tarde en su debate con Rubalcaba. Dos años antes, en 2011, esta última cifra, con Zapatero y Rajoy, fue de 561.000.

En el ranking de debates protagonizados aparece en primer lugar Felipe González, con un total de 11, (10 como presidente y uno como líder de la oposición). En segundo lugar, José María Aznar, con 10 (6 más 4); en tercer lugar, Zapatero, con 9 (6 más 3); luego, Rajoy, con 7 (1 más 6). A continuación, todos como líderes de la oposición, aparecen Fraga, con 3; García Tizón, con 2; y Borrell y Almunia, con 1.