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Díaz sube el rango de la Memoria Histórica en su Gobierno tras el fichaje fallido de Valderas

La presidenta retira las competencias a Cultura y encarga a su vicepresidente que busque a otro Comisionado de consenso. Las funciones de Violencia de Género pasan de Igualdad a Justicia

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La presidenta de la Junta de Andalucía , Susana Díaz (c), posa con su Gobierno al completo en el acto de toma de posesión de los nuevos consejeros tras la remodelación que ha hecho para afrontar la nueva etapa en su legislatura, hoy en el palacio de San Telmo, sede del Ejecutivo autonómico en Sevilla. EFE/José Manuel Vidal

Los nuevos consejeros del Gobierno de Susana Díaz han tomado posesión del cargo esta mañana en el salón de los espejos del palacio de San Telmo. De los tres gabinetes que ha formado Díaz desde que fue investida presidenta de la Junta por primera vez, en el verano de 2013, éste es el más joven de todos. Las salidas de algunos de los consejeros más longevos y la entrada de sangre nueva ha bajado un poco la media de edad del gabinete (de 55,6 a 53 años), tratando así de rejuvenecer la imagen de su equipo y de vigorizar la acción de Gobierno.

No es simple cuestión de imagen: desde el minuto uno Díaz les ha pedido que se muevan, que pisen la calle, que estrechen lazos con los sindicatos y profesionales de las áreas de gobierno que cubren. No quiere volver a descubrir, por sorpresa, una manifestación de 50.000 personas en la calle gritando contra la gestión sanitaria sin saber cómo, de dónde y por qué ha crecido ese volumen de descontento con una de las políticas más emblemáticas del Ejecutivo andaluz.

Con esta precipitada crisis de Gobierno, Díaz espera situarse cuanto antes en un escenario de actividad política que la aleje de su derrota en las primarias. Quiere que los consejeros hagan política, comuniquen, dialoguen, y para ello se prevé una inminente remodelación grande en el segundo escalón organizativo de la Junta: viceconsejeros y directores generales que asumirán todo el peso de la gestión, para que sus jefes estén en la calle y en contacto con los agentes sociales, asociaciones y entidades profesionales.

La presidenta de la Junta de Andalucía , Susana Díaz, durante su intervención en el acto de toma de posesión de los nuevos consejeros de su Gobierno tras la remodelación para afrontar la nueva etapa que supone un gran cambio para su legislatura, hoy en el palacio de San Telmo, sede del Ejecutivo autonómico en Sevilla. EFE/José Manuel Vida. EFE/Jose Manuel Vidal

Hay 13 consejerías en el Gobierno, más la presidenta, la misma estructura que antes. Díaz la pensó así hace dos años, al iniciarse el mandato, con la mirada puesta en sus socios, Ciudadanos, que habían apoyado su investidura a cambio de un pacto con 72 medidas. Imaginaba o deseaba (habría sido mejor para garantizar la estabilidad) que el partido naranja le reclamaría ocupar algunas carteras en el transcurso de la legislatura, y amplió de 11 a 13 departamentos cuando aún no había amainado la crisis económica, aunque al final no hizo falta porque los de Albert Rivera han preferido influir desde fuera. La próxima legislatura será diferente, ya están preparados y dispuestos para cogobernar, con el PSOE o con el PP.

En el nuevo Consejo de Gobierno de Andalucía se sientan ocho hombres y seis mujeres (incluida la presidenta), el mismo equilibrio de género que el anterior. Es un Ejecutivo paritario, como los han sido todos desde el año 2000, porque la Ley de Igualdad así lo obliga. Los de Chaves y Griñán tuvieron más presencia femenina que los de Díaz, que siempre ha cumplido con el mínimo legal exigido (60% hombres, 40% mujeres), y aún así, hay quien discute si ese reparto se ajusta a la norma, porque también contabilizan al portavoz de la Junta, Juan Carlos Blanco, y al secretario general de Presidencia, Máximo Díaz-Cano, que tiene rango de consejero.

Eso sí, ahora son las mujeres las que pilotan las políticas claves del Gobierno, las que sustentan el Estado de Bienestar (Salud, Educación, Igualdad y Políticas Sociales). También permanece Rosa Aguilar, único fichaje estrella como figura política rescatada de IU, de cuyo brazo entró este viernes la presidenta en el salón de los espejos. Nada casual. Díaz quiere un gabinete con brío, pero también busca desesperadamente un giro a la izquierda para desprenderse del traje “derechista” que le han tejido sus rivales, dentro del partido (los críticos sanchistas) y fuera de él (Podemos e IU).

La nueva consejera de Justicia e Interior, Rosa Aguilar, toma posesión de su nuevo cargo, tras la remodelación efectuada por la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz (i), para afrontar la nueva etapa en su legislatura, hoy en el palacio de San Telmo, sede del Ejecutivo autonómico en Sevilla. EFE/José Manuel Vidal

Violencia de Género, a Justicia

Todo ha empezado muy rápido en este segundo tiempo del Gobierno andaluz, con nombramientos acelerados y políticas nuevas sobre la mesa. Mientras los consejeros entrantes prometían su cargo, el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) publicaba el decreto con la nueva estructura del gabinete. Aquí no hay revoluciones organizativas, porque tampoco queda mucho tiempo de legislatura para empezar a mover competencias de un departamento a otro. Hay dos únicos cambios, pero sí son significativos e importantes: el primero es que el área de Memoria Histórica, que estaba en la Consejería de Cultura, se eleva de rango y pasa a Presidencia, segundo escalafón del Gobierno.

Díaz ha tomado esa decisión después de tres días de polémica enconada con IU. La presidenta propuso al exlíder de IU, Diego Valderas, que fuera el futuro comisionado de Memoria Histórica, un puesto que no existe ni viene recogido en la ley. Tomó la decisión en contra del criterio de la coalición de izquierdas, previa consulta a su líder regional, Antonio Maíllo, que pidió tiempo (sin éxito) para pensar la medida. Díaz siguió adelante, la propuesta se hizo pública y desató un cabreo sublime en IU, que salió al paso para desautorizar a su exlíder y exigirle que renunciase al puesto, y acusar a la presidenta de interferir en los asuntos internos de su partido.

Finalmente Díaz renunció a proponer el nombre de Valderas en el Parlamento, como había anunciado, y tras rectificar ella, también lo hizo el excoordinador regional, que dio por zanjado el asunto. La presidenta ha salido de esta crisis vapuleada por Maíllo, que descargó sobre ella una furia que nadie le conocía en el Parlamento. “Es una tramposa, ha mentido a un líder parlamentario. Hay que ser más buena, señora Díaz”, le gritó en la Cámara.

Con todo, Susana Díaz ha anunciado este viernes que persiste en su idea de crear la figura del comisionado de Memoria, aunque haya que modificar la reciente ley para ello, y ha depositado en su vicepresidente, Manuel Jiménez Barrios, la tarea de buscar a otra persona con el consenso del resto de grupos. El propio Jiménez Barrios, ‘Chiqui’ para los amigos, confía en su empatía de “encantador de serpientes” para recuperar el diálogo y la confianza de sus rivales, para que los temas de Memoria salgan de la confrontación política.

El otro cambio de calado es el traslado de la dirección general de Violencia de Género, que abandona la cartera de Igualdad y pasa a Justicia e Interior, un movimiento similar al que hizo el Gobierno central entre estos ministerios. Quien asume esa responsabilidad ahora es Rosa Aguilar (desde que se pasó al PSOE, la exdirigente de IU ha sido consejera de Fomento, ministra de Obras Públicas, consejera de Cultura, y ahora de Justicia). Esta decisión se enmarca en la necesidad de reforzar las políticas de protección a las mujeres víctimas de maltrato, y en la búsqueda de un pacto de Estado contra la violencia machista.

Dos exconsejeros cesarán como diputados

Díaz ha renovado seis consejerías -las más visibles y expuestas- pero mantiene intacto el núcleo duro de su Gobierno: las áreas de Presidencia, Economía y Hacienda, mismas competencias, mismas personas. La tríada del PSOE se mantiene: Gobierno-Partido-Grupo Parlamentario. El gran ausente en el Ejecutivo es Mario Jiménez, el hombre fuerte de Susana Díaz en la Gestora socialista. Afirma que ni le han ofrecido cargo alguno ni lo querría, porque está contento con su labor como portavoz parlamentario, y porque tras el zarandeo de las primarias y su paso por Ferraz necesita centrarse “en lo suyo” y algo de descanso.

El exconsejero andaluz Emilio de Llera/EP

Dicho esto, son muchas voces las que ven a Jiménez regresando a un puesto de responsabilidad en la nueva ejecutiva del PSOE andaluz, que saldrá del congreso regional de final de julio. Mario Jiménez fue vicesecretario general del partido con José Antonio Griñán, cuando éste aún se debatía en si dejar el relevo en la Junta a él o a Susana Díaz. Se decantó por la segunda, y esta enseguida apartó al onubense del partido y lo dejó en la portavocía del grupo. Desde entonces, Jiménez ha demostrado lealtad con la sevillana, incluso en los momentos más duros, y ha suavizado su perfil político con los suyos, pero nunca, jamás con sus adversarios políticos, con quien suele lanzarse a degüello.

Dos de los consejeros salientes, el fiscal Emilio de Llera (Justicia) y el profesor de la Universidad de Málaga José Sánchez Maldonado (Empleo) tendrán que entregar su acta de diputado en el Parlamento andaluz, porque es incompatible con cualquier otra función, confirman fuentes del grupo parlamentario socialista.

El gabinete nuevo también es más “municipalista”, porque cuenta con el exalcalde de Benalmádena (Málaga), Javier Carnero, para la importante cartera de Empleo, y el diputado socialista, Rodrigo Sánchez Haro, exteniente alcalde de Turre (Almería), para el área de Agricultura. La clave municipalista para Díaz consiste en elegir a gente que haya trabajado en la Administración más cercana a la gente y también, claro, el horizonte de las elecciones locales de 2018. La presidenta ha vuelto a respetar los equilibrios territoriales -al menos un consejero por provincia-, una regla de oro del PSOE andaluz, que busca pacificar el camino hacia el congreso regional de final de mes. Es importante la tranquilidad en las ocho provincias, sobre todo ahora que las primarias socialistas han hecho que aflore un 40% de críticos en Andalucía.

El gabinete más viejo, la presidenta más joven

El primer Gobierno que conformó Susana Díaz cuando tomó el relevo de José Antonio Griñán, en 2013, fue el más longevo de toda la historia autonómica andaluza. La nueva presidenta era la más joven (38 años), pero la media de edad de su gabinete era de 52,9 años (más joven que este último). Al fin se había producido un relevo generacional en la presidencia de la Junta (tras el paso de Chaves y Griñán), pero no en el Consejo de Gobierno. Algunos interpretaron que Díaz, con apenas año y medio de experiencia como consejera de la Presidencia, había preferido rodearse de consejeros con varios trienios en la gestión (cuatro de ellos superaban los 60 años). Otros, en cambio, empezaron a cimentar la leyenda de que Susana Díaz se rodeaba de políticos de perfil bajo para que no le hicieran sombra.

El segundo Gobierno de Díaz, tras ganar las elecciones de 2015, mantuvo esa pauta -consejeros de perfil bajo, tecnócratas más que políticos- e introdujo esa reglas de oro del socialismo andaluz: elegir a su equipo en clave orgánica, escogiendo a gente de su confianza dentro del PSOE. Y respetar las cuotas territoriales.

Este es el tercer gabinete de Susana Díaz, y ella misma ha destacado que es “más joven” que el anterior, con objeto de para coger “impulso y fortaleza”, aunque todos los consejeros siguen siendo mayores que ella (43 años) y ninguno pertenece a su generación. La edad medida del gabinete son los 53 años, sólo superado en veteranía por su primer Gobierno (55,6 años), que fue el más longevo de la historia autonómica. El primer presidente de Andalucía, Rafael Escudero, político de referencia para Susana Díaz, accedió al cargo con 38 años en 1982 y se rodeó de un ejecutivo de personas jóvenes, de su generación, con una media de 36,8 años. También Borbolla, Chaves y Griñán se estrenaron como presidentes andaluces con gobiernos con una media de edad inferior a la que ellos tenían entonces.