Publicado: 22.12.2013 08:00 |Actualizado: 22.12.2013 08:00

España erigirá un monolito en Kazajistán en recuerdo de divisionarios azules y republicanos

Por los campos de concentración de Karaganda pasaron, al menos, 204 españoles: 129 miembros de la División Azul y combatientes, 71 republicanos y dos personas sin determinar. El monumento no hará distinción entre repu

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El Gobierno español construirá un monolito en Karaganda (Kazajistán) para honrar la memoria de los, al menos, 204 españoles que entre los años 1941 y 1954 estuvieron internados en los once campos de concentración de esta localidad. El anuncio fue realizado el pasado mes de noviembre por Fernando de la Serna, embajador en misión especial para Asia Central, en un acto celebrado en la embajada de Kazajistán, y ratificado hace apenas una semana en un acto que conmemoraba el día nacional de la ex república soviética.

El monumento, que comenzará a levantarse el próximo mes de abril, puede ser inaugurado en julio por el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, que aún tiene un viaje oficial pendiente a la ex república soviética. Al acto también asistirían un representante republicano, previsiblemente Dolores Cabra, de la Asociación Archivo, Guerra y Exilio, otro en representación de la División Azul, y el general del ejército Salvador Fontenla.

"El monumento no hará distinciones entre republicanos y divisionarios azules. Es algo que está negociado con las dos partes. Sólo se hablará de españoles y, seguramente, se recogerá el nombre de los fallecidos y una mención especial al resto que pasaron aquí", señala a este medio Enrique Gaspar, presidente de la Asociación Nexos-Alianza, implicado en la búsqueda de españoles en los campos de Kazajistán, que asegura que en el caso de que los cuerpos de los caídos sigan en el país exsoviético, los familiares pueden pedir su repatriación a través de la Dirección de Apoyo al Personal (Diaper) del Ejército.

No obstante, Dolores Cabra, en declaraciones a este medio asegura que ella y la organización que representa sólo acudirán a estos actos de memoria colectiva, incluida la inauguración de monumentos, "cuando se produzca en el Congreso de los Diputados una condena al golpe de Estado franquista y un reconocimiento a las víctimas de la dictadura y a los movimientos guerrilleros que combatieron por la restauración de la República, dentro y fuera de nuestra fronteras en el combate contra los nazis".

"Si se produce esta condena acudiría a la inauguración del monumento para velar por la memoria de los republicanos, marinos, pilotos, niños de la guerra, que allí estuvieron internados y que requieren nuestra presencia, nuestras palabras y nuestro reconocimiento como herederos de su legado", señala. 

De los, al menos, 204 españoles que pasaron por los once campos de concentración de Karaganda, 129 lo hicieron como miembros de la División Azul o como voluntarios que habían acudido a Alemania para alistarse en el ejército de Adolf Hitler. De hecho, el presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbayev, entregó a Mariano Rajoy, durante la visita oficial, una lista con 154 españoles que habían estado en el campo número 99 en Spassk que permite comprobar cómo la inmensa mayoría de los divisionarios fueron capturados por las autoridades soviéticas en las batallas de la II Guerra Mundial de Krasny Bor, Nóvgorod, Kolpino y Leningrado. [En la imagen, publicada en la obra de Secundino Serrano Españoles en el Gulag, internados en Karaganda y algunas cartas de españoles sacadas por repatriados europeos (CDMH-FEDIP)].

"Los miembros de la División Azul llegaron al campo como prisioneros de guerra. Habían sido capturados en las sucesivas derrotas del ejército nazi", señala Enrique Gaspar, que explica que, en los campos de concentración de Karaganda, fallecieron, al menos, 14 divisionarios azules. En total, según calculan los expertos, se cree que 450 divisionarios pisaron los campos de concentración de toda la Unión Soviética. Uno de ellos fue el capitán Palacios, cuyo encuentro con republicanos en un campo de concentración, es narrado por Torcuato Luca de Tena en la obra Embajador en el infierno: "Vimos entrar en el campo, extenuados y con síntomas de haber sufrido mucho, a un grupo de presos, con la novedad de que entre ellos venían muchas mujeres, con niños pequeños [...] ¡Cuál no sería nuestra emoción al oírles hablar en español! Castillo, abriendo los brazos, dio un tremendo ¡Viva España!, saludándoles, y el silencio fue su respuesta. Nos miraron con curiosidad, bajaron los ojos y siguieron su camino", declaró Palacios a Luca de Tena.

De todos los campos de concentración ubicados en la ciudad de Karaganda, el más grande fue el campo número 99 en Spassk, a 45 km de la ciudad de Karaganda, el mayor campo de prisioneros de guerra e internados de Kazajistán. Pasaron por allí en sus años de existencia entre 66.160 y 66.746 prisioneros de guerra e internados: 29.777 alemanes, 22.225 japoneses, 6.740 rumanos, 1.633 austriacos, 1.208 polacos, 1.139 húngaros, 1.088 italianos, 202 fineses y 152 españoles.

Si bien la llegada de divisionarios azules a los campos de concentración kazajos responde siempre al mismo motivo, no es así en el caso de los republicanos presos. Enrique Gaspar señala, al menos, tres tipos de republicanos presos en Karaganda. Por un parte, los miembros de la cuarta promoción de pilotos del ejército republicano que fueron sorprendidos en la Unión Soviética cuando finalizó la Guerra Civil española; los marineros de los ocho barcos de la República que había en Odesa en abril de 1939; y, al menos, "ocho niños de la guerra", que habrían estado en el campo por delitos comunes.

Comenzada la guerra, los republicanos tuvieron tres opciones: volver a España y morir fusilados, ir a la guerra como soviético o ir a un campo de concentración "Cuando finaliza la guerra los españoles que están en la URSS se quedan en tierra de nadie. Por un lado, si vuelven a España pueden ser fusilados o encarcelados por Franco y, por otro, Stalin no les deja salir del país porque considera una traición que volvieran a un país fascista", explica Gaspar, que asegura que la situación de los republicanos empeoró considerablemente cuando Hitler invadió la URSS.

Con la Unión Soviética necesitada de tropas expertas, el Kremli presionó a los 180 aviadores españoles que seguían en el país al final de la Guerra Civil para que se nacionalizasen y acudieran al frente de batalla. La otra opción era  mantener la nacionalidad española e ir a un campo de concentración. "Comenzada la guerra, los republicanos tuvieron tres opciones: volver a España y morir fusilados, ir a la guerra como soviético o ir a un campo de concentración", señala Enrique Gaspar. En junio de 1941, tras varias deportaciones a diferentes gulag, sólo 25 pilotos seguían reclamando su salida de la URSS. Alrededor de cincuenta de ellos aceptarían pilotar para el Ejército Rojo.

Prueba de la difícil situación de los republicanos es el testimonio del aviador republicano Hermógenes Rodríguez, que recoge Carmen Calvo en la obra Los últimos aviadores de la República. "Yo, Hermógenes Rodríguez, me dirijo a usted respecto al siguiente asunto: fui enviado por el Gobierno de la República Española a la Unión Soviética para participar en 1938 en un curso de pilotaje, que no pude terminar. Pedí inmediatamente mi repatriación, que hasta hoy me han negado. Desde 1941 me encuentro en un campo de concentración sólo por ser español", escribe el piloto a G.M. Malenkov, sucesor de Stalin en la presidencia del Gobierno de la URSS.

También recoge la obra de Calvo el caso del aviador José Romero Carreira, uno de los pocos pilotos republicanos, de los 25 que ingresaron en los campos, que fue juzgado y condenado por dos motivos: acompañar a los presos de la División Azul para exigir una mejora en las condiciones del campo en 1952 y montar una escuela para enseñar a leer a los divisionarios.

El historiador Secundino Serrano recoge en la obra Españoles en el gulag las condiciones de vida de los más de 76 complejos concentracionarios, con decenas de campos cada uno, que había dispersos por la URSS. "Al llegar a los campos, los prisioneros eran rapados, afeitados y desinfectados: una medida profiláctica que entrañaba una forma de humillación pero que se imponía y aceptaba como recurso de supervivencia. Los responsables se preocupaban por la salud de sus internados aunque no por razones humanitarias sino por pragmatismo: los muertos no trabajaban y por lo tanto no se cumplía el cupo asignado", escribe Serrano.

Cuando el hambre arreciaba, los internados recurrían a diferentes suplementos alimentarios: pájaros y sus huevos, insectos, ranas, lagartijas, alguna ardilla, ratas de agua, culebras, todo tipo de bayas, hierbas, raíces, según narra Serrano en su obra. Elmar Ullrich, en su informe sobre los españoles de Karaganda, incorpora a la dieta sapos, caracoles y gusanos. "Pero el hambre constituía un factor imprescindible para el control de los cautivos: la necesidad apremiante de comer obligaba a trabajar y a comportarse dócilmente", escribe.

Finalmente, el 26 de marzo de 1954 comenzó la repatriación de españoles de la URSS ante la presión internacional y con la intermediación de la Cruz Roja francesa. "Influyó de manera decisiva las negociaciones con Estados Unidos que se estaban manteniendo. Se quería dar una imagen de normalidad", comenta Enrique Gaspar. Así, el Semíramis, partió el 26 de marzo de 1954 de Odesa con destino Barcelona con 268 presos españoles confinados, entre los que se encontraban 12 aviadores republicanos supervivientes.

La llegada a Barcelona el 2 de abril de 1954 se convirtió en un recibimiento triunfal a la División Azul. El dictador Franco incluso alquiló autobuses para los familiares de los repatriados para que pudieran ir al recibimiento. En 1956 llegaron cuatro embarcaciones más y en 1957 llegaron las últimas dos.