Publicado: 13.02.2014 17:21 |Actualizado: 13.02.2014 17:21

La frontera elástica: la aportación de Jorge Fernández Díaz al derecho internacional

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No es frecuente, pero a veces la actividad parlamentaria sale de su rutinaria letanía y ofrece momentos trascendentes de los que es necesario tomar buena nota. La comparecencia hoy del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ante la comisión correspondiente del Congreso de los Diputados, ha sido uno de esos momentos y el diario de sesiones merece ser guardado como oro en paño. Pasará a los anales de la historia parlamentaria, sin duda alguna, porque, el ministro ha hecho ni más ni menos una aportación original y novedosa al derecho internacional: el concepto de la frontera retráctil, flexible o elástica.

Ese ha sido el nudo gordiano de los argumentos esgrimidos por el titular del departamento encargado de la vigilancia de las fronteras españolas para explicar en sede parlamentaria la actuación de los agentes de la Guardia Civil en la tragedia ocurrida el pasado día 6 en los límites territoriales entre Ceuta y Marruecos, concretamente en la zona de la playa de El Tarajal, lugar en el que fallecieron al menos 11 inmigrantes subsaharianos que intentaban pasar desde suelo del país vecino a territorio español.

El ministro se ha empleado a fondo en explicar ese nuevo concepto ante el asombro de sus señorías, e incluso es probable que el de su propia bancada popular. Le ha puesto interés, pero no ha convencido a nadie. El diputado Emilio Olabarria, experto jurista, le ha advertido, contundente: "Eso no existe". Para el resto, sencillamente el invento no ha colado. Ni siquiera por razones humanitarias, como ha esgrimido el ministro.

Porque esa excusa le ha servido al ministro para justificar el hecho de que hasta 23 inmigrantes —dato que ha dicho era novedoso pues en algún video solo aparecen 11— estaban en territorio español y fueron devueltos por agentes de la Guardia Civil a Marruecos. "Por razones humanitarias se retrotrae la línea fronteriza marítima a la lengua de agua de la playa", ha dicho. De lo contrario, si se mantiene la línea imaginaria del espigón mar adentro "se pone en peligro la vida de esas personas". Así es que la frontera se retrae, se les apresa y, en caliente, se les devuelve "porque hay una una unidad de acto", ha insistido el ministro.

Otra vez Olabarría: "Eso de devolución en caliente tampoco existe. Eso son expulsiones sumarias que contravienen la ley de Extranjería, la Convención Europea de Derechos Humanos y media docena de tratados internacionales firmados por el Estado español". El resto de portavoces de la oposición han clamado, pero en el desierto.

El ministro no se ha dado por enterado de las quejas de sus señorías por las dudas que quedan sin despejar pese a las densas explicaciones de Fernández Díaz —unas dos horas y media en tres intervenciones—. El ministro lo ha porfiado todo al informe que le ha elaborado la Guardia Civil. Se ha parapetado tras esa explicaciones y se ha limitado a trasladarlas a una audiencia un tanto atónita.

Tanto se ha querido desmarcar de la tragedia que incluso ha relatado, también con profusión de detalles, que él se encontraba el día de los hechos "muy lejos, en Cracovia, asistiendo a una reunión del G-6 (grupo de ministros del Interior de varios países europeos más Estados Unidos)". "Y precisamente me encontraba en una bilateral con el Fiscal General de Estados Unidos —Eric Holder— cuando me dieron las primeras informaciones por sms, que le trasladé a mi interlocutor", ha asegurado.

Por lo tanto, los diputados han conocido que tan alta autoridad de los Estados Unidos conoció de primera mano los pormenores de tragedia cuando ambos mandatarios estaban reunidos "precisamente para hablar de los problemas de la inmigración". O sea, ha venido a decir, que la tragedia sirvió para concienciar a sus homólogos. Pero no ha relatado cual fue la reacción suscitada ni si se arbitraron fondos para la cooperación internacional para evitar que la tragedia se repita.

Junto a este relato de su experiencia en tierras lejanas ha dicho que, según el informe que le ha preparado la Guardia Civil a petición suya, las pelotas de goma fueron tierra-mar, y que los únicos cartuchos disparados fueron "de percusión", es decir de fogueo que hacen ruido para impresionar "pero en el agua no funcionan"(sic). Todo ello, ha insistido, "ejecutado por agentes al mando de oficiales experimentados" y siempre siguiendo "criterios de proporcionalidad e idoneidad".

Como colofón para defender la correcta actuación del dispositivo de la Guardia Civil ha explicado que "los marroquíes aceptaron la devolución de los inmigrantes porque reconocieron que todo respondía a una unidad de acto" y, además, "ninguno de ellos, ya digo 23 y no 11 como salen en un video, estaba herido". Así es que la actuación fue impecable.

"¿Dimitirá si salen datos nuevos?", le preguntó el diputado de Amaiur Jon Iñarritu. "¿Vendrá a dar más explicaciones?", le espetó la portavoz de UPyD, Rosa Díez. No fueron los únicos que le pusieron en un brete sobre las explicaciones ofrecidas, que siempre justificó en la credibilidad que merece la Guardia Civil. La propia Díez le conminó a no "esconderse tras el instituto armado", mientras que el portavoz socialista, Antonio Trevín, recriminó la actitud del director general, Arsenio Fernández-Mesa, por gestionar unos sucesos "de forma incompetente y con falta de gallardía, que es lo peor para un director general de ese cuerpo".

"Si hay hechos nuevos serán sobrevenidos", aseguró el ministro; entre ellos no descartó que apareciesen más cuerpos de personas ahogadas como la de los dos inmigrantes encontrados en aguas españolas ya que "se siguen labores de rastreo". Así es que para el ministro todo fue correcto, según el informe de la Guardia Civil, insistió una y otra vez. Los agentes y quienes les mandaban cumplieron su obligación de proteger la frontera española. Y los muertos lo fueron en aguas territoriales de Marruecos. En consecuencia, lo único que hay que hacer es aprender para que no vuelva a ocurrir. Pero no explicó de qué manera o cómo hay que hacerlo.

Frente a él Trevín sostuvo que "no hay un protocolo de actuación de las fuerzas policiales que protegen esa parte de la frontera, incluido el espigón". Y Rosa Díez, en un momento del debate, le reprochó al ministro —que sostiene profundas convicciones de la doctrina católica—, que no muestra el mismo interés por las personas de piel diferente como lo hace con el "nasciturus", en referencia a su defensa a ultranza de la reforma de la legislación actual sobre el aborto puesta en marcha por su colega Gallardón.

Al final, como corolario a su intervención, se volcó en hacer un canto hacia la oposición sobre la necesidad de configurar una política de Estado en torno al problema de la inmigración. Tanta pasión puso que casi parecía que suplicaba a sus señorías, las de la oposición, claro, que suscribiesen su ofrecimiento. Porque en su bancada, el portavoz Conrado Escobar, tan solo se limitó a mostrar una fotografías de agentes de la Guardia Civil ayudando a inmigrantes llegados a Ceuta y Melilla como prueba de su "benemérita" actuación.

También sostuvo que "España es un país doliente con los inmigrantes, pero también es un país responsable". Y se quedó tan pancho. A la salida, una diputada socialista recordaba que el PP no tuvo una actitud de Estado cuando aprovechó la inmigración como arma política con la cantinela del "efecto llamada" que un día si y otro también sufrió el Gobierno de Zapatero en su primera legislatura.