Publicado: 21.05.2014 07:00 |Actualizado: 21.05.2014 07:00

Hervé Falciani, que estás en los cielos

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Pozo del Tío Raimundo, donde el atentado del 11-M. En una sala del centro cultural de este barrio obrero de Madrid, ubicado en el distrito de Puente de Vallecas, se han reunido varias personas sentadas en círculo, como si se tratase de una terapia de grupo. Un señor con gafas comienza a hablar en plural mayestático: "Hagamos algo dinámico, entretenido y participativo para dar respuesta a las expectativas que traemos".

Media hora antes, un anciano con borsalino achicaba los ojos para escudriñar la letra pequeña de un cartel pegado a la puerta que anuncia el encuentro. "¿Ha nacido un partido nuevo o qué?", pregunta. Tal vez resulte demasiado complicado sacar a colación a Hervé Falciani, el ingeniero informático italo-francés convertido en paladín de la lucha contra la evasión fiscal después de filtrar la inflamable lista que lleva su nombre: 130.000 clientes del HSBC con su dinero a buen recaudo en Suiza, lejos de las garras de las agencias tributarias.

"Os pido a todos que digáis vuestro nombre y expliquéis para qué habéis venido", retoma la palabra el señor con gafas. "Empiezo yo mismo: me llamo Jesús y estoy aquí para... no sabría decir... Paso la vez y me lo voy pensando".

- Soy Antonio y estoy aquí porque el Partido X cumple con mis expectativas.

- Me llamo Cristina y vengo a escuchar.

- Mi nombre es Alejo y vengo a compartir mis inquietudes y certezas.

- Me llamo Pilar. Estoy aquí por inquieta y porque es una propuesta diferente, con gente preparada.

- Soy Ramón y acompaño a Pilar. Ya he decidido mi voto.

- Me llamo Susana y me duelen los brazos de repartir flyers. Estoy aquí porque no somos un partido al uso.

- Me llamo Julián y vengo a despejar la incógnita.

Así, hasta diecisiete. Ni rastro del anciano.

"El 80% de las decisiones que nos afectan se toman en Europa", se arranca Pepe, combativo con la abstención activa porque "procede de personas que votarían a partidos de izquierda y pequeños" y con el voto en blanco porque en estas elecciones "no cuenta para nada". Tercia Jesús: "Si no votas, estás haciéndole el juego al PPSOEIUpyD". Susana insiste: "Ellos llevan veinte años intentando que seamos ajenos a la política y el sistema está preparado para que no participemos". Queda claro que este domingo procede dejarse caer por las urnas, pero falta argumentar por qué la papeleta debe corresponder al Partido X.

"Somos un grupo de ciudadanos que venimos de la tecnopolítica", matiza Susana. También del big bang electoral desencadenado tras el 15-M, origen de varias formaciones de inspiración más o menos quincemayista, entre las que se cuentan Recortes Cero o Democracia Participativa, que concurre a las elecciones empotrada en la coalición Primavera Europea. Pilar, por ejemplo, es una destacada activista de los yay@flautas madrileños.

Casi todos los presentes están involucrados en el proyecto, excepto un puñado de curiosos. No hay corbatas, trajes chaqueta ni nada que remita al vídeo de factura futurista que anunció, en enero de 2013, la irrupción de aquel partido concebido para "resetear el espacio electoral" y llevar a cabo "una operación de desalojo del edificio". Gente normal, eslabones de una cadena popular embarcada en la "vigilancia, control y denuncia de la corrupción política". Impulsores de "un mecanismo que garantice que la última palabra la tiene el pueblo": si un parlamentario se pasa de la raya, a la calle, porque no hemos votado a esa persona sino al programa que representa, ejemplifica Carrillo. "Es probable que, aunque llegásemos limpios, a los seis meses nos compre algún lobby", añade con escepticismo Susana.

Lo expuesto viene recogido en su programa, titulado Democracia y Punto. En concreto, cuatro: referéndum obligatorio y vinculante, derecho a voto real y permanente, wikigobierno y wikilegislaciones, y transparencia en la gestión pública. Una señora pregunta por los privilegios de la Iglesia católica, pero no es el momento. "Puede ser un problema social, no para nuestro partido", responde Pepe. "El objetivo es salir de la crisis".

Julián, que quizás no haya despejado todavía la equis, se apunta al eslogan de uno de los carteles electorales. "La revolución es hacer saltar la banca, aunque vamos a tener una resistencia feroz", conjetura. "Creo además que los políticos deberían tener fecha de caducidad, pese a que eso suponga una lucha titánica contra un ejército de Goliats".

Al fin, llegada la prórroga del encuentro, salta la mención del galáctico a la palestra. "Falciani ha sacrificado su vida por tratar de ayudarnos a nosotros", irrumpe mesiánica Susana. "Se llevó la lista, entró en la cárcel y ahora está en riesgo". Por un momento, parece que va a decir "y ahora está sentado a la derecha de Dios Padre", pero no. El ingeniero informático, que cifra en un billón de euros el dinero defraudado cada año en la Unión Europea, es el cabeza de lista de la Red Ciudadana Partido X, si bien ha tardado una hora y media en salir del bombo. Ramón extrae la bola definitiva: "¿Por qué ese recelo a declararse de izquierdas? ¿Dónde se sentará Falciani?".

- En el medio —responde Susana.

- Yo diría que no es neoliberal —aclara Pepe.

- El esquema izquierda-derecha está viejo —considera Jesús.

- Lo importante es llevar a todos a la cárcel y que lo veamos —reitera Susana.

El oráculo del programa electoral tiene la última palabra: "Nuestra ideología es la lógica".